| 01. | Entrevista al Gran Maestro de
la Gran Logia de Cuba de Antiguos Libres y Aceptados Masones Eugenio Leal |
| 02. | Empezar por la ética: una necesidad
insoslayable Dimas Castellanos |
| 03. | Crisis demográfica Oscar Espinosa Chepe |
| 04. | La vida no es un derecho Reinaldo Escobar Casas |
| 05. | Acerca de una inexplicable ausencia
Miriam Celaya |
| 06. | La perentoriedad de las dos tareas Orlando Freire Santana |
| 07. | Textos imborrables: Cartas a Eloísa José Lezama Lima |
| 08. | Premios del Concurso de Poesía del
ISEBIT Beatriz Casal Armando Longueira Loyola Jesús Radillo Olivia Ávila Milián |
| 09. | Poesía Juan Lázaro Besada |
| 10. | Humor Carlitos |
| 11. | Nota al cierre Consejo de Redacci ón |
La oposición interna cubana ha mantenido un absoluto silencio en torno a la polémica intelectual que desde el pasado mes de enero y hasta ahora ha despertado el interés de no pocos profesionales del pensamiento de dentro y de fuera de Cuba. Ciertamente, el centro de los debates ha sido ocupado por aquellos temas relacionados más directamente con la cultura artística y literaria y con las desastrosas consecuencias del llamado “pavonato”; sin embargo, a mi modo de ver los opositores –y me estoy refiriendo a los representantes de las corrientes de oposición más conocidas por los medios de prensa extranjeros- están dejando pasar una oportunidad dorada para sumarse al debate, toda vez que la política es una forma particular de la cultura, y ellos podrían exponer en ese espacio sus puntos de vista en relación con los métodos de parametración y censura, que en nuestro país rebasan el marco de lo artístico y alcanzan, desde muchas aristas, la vida entera de la nación.

Digo así, porque si bien el fenómeno del “pavonato” no es del conocimiento general de los cubanos, dicha polémica ha traído como corolario que –aun en las condiciones limitadas que nos impone la dificultad de acceder a Internet- muchos hemos alcanzado a descubrir hechos, circunstancias y consecuencias que de otra manera no hubiesen superado la categoría de anécdotas de pasillo, susurradas a media voz por sus protagonistas u otros enterados. También las opiniones de intelectuales de diversas generaciones y tendencias resultan un sugestivo estímulo al ejercicio del debate y de la defensa de ideas, tan necesario en las lides políticas y que algunos grupos opositores dicen (al menos de jure) propugnar.
Es sabido que en Cuba, dadas las condiciones impuestas por la represión y por el control del Estado sobre los medios de difusión, los opositores y sus figuras más conspicuas, así como sus propuestas, son más conocidos fuera del país que al interior del mismo. Esto ha creado una percepción contradictoria que tiende a adoptar, en muchos casos, posiciones extremas: muchos extranjeros y cubanos en el exterior tienen una visión sobredimensionada de las agrupaciones disidentes internas y de su significación en la realidad cubana, a partir de las referencias de los medios de prensa foráneos; en tanto una gran parte de la población al interior de la Isla tiene una idea demonizada de estas organizaciones debido a la constante descalificación que sufren desde la prensa y la TV oficiales y del desconocimiento casi absoluto de los programas y propuestas de los opositores. Es así que la polémica intelectual pudiera convertirse en el marco de referencia adecuado, si no para desplegar programas y discursos puramente políticos, al menos para dar a conocer principios e ideas que constituyen pilares básicos tan importantes en sociedades verdaderamente democráticas como son civismo, opinión alternativa, cultura de derechos, ética.
Teniendo en cuenta el hecho de que las autoridades no tienen la capacidad de controlar en términos absolutos la divulgación de las ideas, como ha quedado demostrado por estos días, no ha dejado de llamar la atención esta significativa ausencia de los representantes de la oposición que, sin embargo, suelen presentarse con regularidad ante la prensa extranjera, habida cuenta de que tantos y tan conocidos intelectuales –de los disidentes y de los otros- se han incorporado al debate y constituyen un caldo de cultivo idóneo para el desarrollo de espacios de opinión. La ocasión ha estado más propicia que nunca antes, por cuanto las intervenciones de los representantes de instituciones oficiales y sus acólitos se han caracterizado por ser las más grises e inconsistentes a lo largo de todo el debate.
Lamentablemente, quizás la sostenida competencia entre partidos de oposición, buscando obtener mayor visibilidad y ventaja ante la opinión internacional, les ha hecho omitir estos espacios que tanto pueden aportar a la legitimidad de sus propuestas. No se trata de dar la espalda a la prensa extranjera, que ha sido el único canal hasta ahora, pero, ¿acaso no es una oportunidad propicia para llegar a los potenciales destinatarios de sus respectivas propuestas políticas? ¿Es que los medios no convencionales, como son en este caso los intercambios a nivel de e-mails, no están a la altura de sus expectativas?
Esta especie de miopía que llevó a los opositores pensadores a “pasarse con ficha” y mantenerse discretamente aparte del debate, sugiere una dicotomía entre lo que se predica y lo que se practica. Creo que no es recomendable hurtar el cuerpo cuando se presenta un foro como este –acontecimiento que no ocurría en Cuba desde los primeros años de la revolución- donde lo que se impone es someter al juicio público de tantos especialistas del pensamiento y otros observadores, al menos los principios que sustentan el derecho a ejercer la opinión política diferente. Realmente, la polémica no constituye un escenario grandioso, pero quizás haya más trascendencia en su aparentemente modesto porte que en los cócteles y salones de las embajadas. No necesariamente (y no siempre) las posibles oportunidades o cambios que puede suponer el liderazgo demócrata en el Congreso de Estados Unidos en su política hacia la Isla, el apoyo financiero a la disidencia interna, o la opinión que se tenga de ésta en Europa deben ser las prioridades.
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