| 01. | Conversación con Diego
Vicente Tejera Gerardo Martí |
| 02. | Los márgenes del silencio Amir Valle |
| 03. | Querella innecesaria entre Letras del Añ
o Víctor Betancourt |
| 04. | Una familia cubana concluye el año 2006 Reinaldo Escobar |
| 05. | Reflexiones sobre el subdesarrollo Bruno Sovilla |
| 06. | Cuba, realidades y perspectivas Oscar Espinosa Chepe |
| 07. | Triunfa Venezuela Yndamiro Restano |
| 08. | Venezuela ¿Triunfo o reto? Dimas Castellanos |
| 09. | Los muchos costos del voluntarismo
paternalista Leonardo Calvo |
| 10. | Baladas y Herejías Josevelio Rodríguez |
| 11. | La maldita economía Osvaldo Rodríguez |
| 12. | AL CIERRE Consenso en la polémica intelectual Consejo de Redacción |
| 13. | Humor Carlitos |
Este renglón añadió 1407 pesos. Sumando todo lo que gastaron en los diferentes mercados en que pudieron pagar en Moneda Nacional la cifra final del 2006 fue de 13, 696 pesos con 50 centavos (ver tabla IX).
Pero además de todo esto la familia debe adquirir productos básicos en el mercado en Moneda Convertible (CUC) (ver Tabla VII), donde compran los jabones que necesitan para bañarse y adquieren el champú que no se vende en el mercado racionado o el desodorante y el detergente. Entre los alimentos que compran en “la shoping” como se le dice popularmente al mercado en CUC, el aceite para cocinar completa el déficit de ese producto en el mercado racionado; se incluye además puré de tomate, salchichas, pollo, pastas alimenticias y, de vez en cuando, alguna botella de refresco, todo en cantidades que pueden parecer ridículas, pero que visto en el contexto del nivel de consumo promedio en la Cuba de 2006, resultan significativas. En todo eso la familia invirtió 101. 85 CUC.

No podemos olvidar que hay que salir vestido y calzado a la calle y que la ropa interior, la ropa de vestir y los zapatos, prácticamente sólo se encuentran en el mercado CUC. Además, en la casa hay dos niños y la tía que mandó dinero desde Italia dejó aclarado por escrito que en su envío de 100 euros incluía los regalos de los Reyes Magos, por lo que hubo que comprar algunos juguetes. En ese sector que hemos denominado otros gastos adicionales en Moneda Convertible, (ver Tabla VIII) llegaron a 187 CUC.
Sumando todo lo que gastaron en los diferentes mercados en que tuvieron que pagar en Moneda Convertible, se obtiene un resultado de 288,85 CUC. (Ver tabla IX). Si la suma de egresos en ambas monedas la expresáramos en Moneda Nacional, la cifra de lo que hubieran gastado en el año habría sido 20 917 pesos con 75 centavos, pero si convirtiéramos todo este dinero gastado en CUC (a un cambio de 1 X 25), podríamos afirmar que en el año 2006 la familia egresó un total de 836.71 pesos convertibles (ver Tabla IX). Al comenzar el 2007, la familia García-Martínez conservaba 22 pesos y 25 centavos en Moneda Nacional o tal vez 89 centavos de CUC.
¿Qué observaciones podemos hacer de este balance?
Lo primero que se nos ocurre pensar es que si ellos no se hubieran beneficiado de las remesas del exterior (unos 300 CUC en el año), no habrían podido gastar los 288,85 que emplearon en los mercados de Moneda Convertible. Sin embargo esa sería una conclusión errónea, porque de todas formas, como ellos mismos me insistieron, habrían comprado ropa interior, ropa y zapatos, para lo cual hubieran tenido que cambiar 3975 pesos nacionales en CUC. Esto hubiera podido significar, por ejemplo, tener que renunciar a más de la mitad de lo que gastaron en el mercado agropecuario a lo largo del 2006. Este razonamiento nos llevó a una especie de juego (la botella de ron sobre la mesa ya estaba por la mitad) para determinar qué sería más “lujoso” si un par de zapatos o doce libras de carne de cerdo; si un pantalón o todo el arroz que compraron fuera del racionamiento; si la ropa interior de la familia completa, o casi todo lo comprado en febrero, junio y agosto en el mercado agropecuario. Muerta de risa Olivia hizo esta pregunta: “¿renunciar a las salchichas y al puré de tomate, o no condimentar la comida en todo el año?”
Reímos y lloramos en ese juego. Pero no hay que dramatizar; la familia recibió su remesa. Claro que eso no les resolvió todos los problemas. Hay que notar que ningún miembro de la familia se enfermó, por eso no compraron medicamentos. Los dos que trabajan no faltaron ni un día a su puesto y en consecuencia no tuvieron descuentos. Las vacaciones se las pasaron mirándose las caras unos a otros disfrutando la programación televisiva del verano. Hay que notar que ninguno tiene cuenta de ahorro y que en la casa no compraron ningún efecto electrónico ni tampoco toallas, sábanas, cosméticos, adornos ni flores; que no fueron al cine, a un estadio de béisbol, ni al teatro, mucho menos a una discoteca; que no pagaron un curso de idioma, de computación o de yoga; que nadie asistió a un gimnasio ni se dedicó a la filatelia. La casa no se pintó (¡falta que le hacía!) y los muebles son los mismos de cuando el viejo Adalberto se casó, lleno de ilusiones con el futuro y vestido de miliciano, en abril de 1961. El televisor ya lo habían comprado en el 2004 y el refrigerador ruso lo adquirió Abel en el año 1985, en la época que esos equipos todavía se vendían por méritos laborales; esperan cambiarlo el próximo año en virtud del programa estatal de la “revolución energética”. En la casa no se fundió ni una lámpara, tampoco hubo que mandar a hacer copia a ninguna llave, ni tuvieron que pagar ningún trámite burocrático. ¡ni siquiera se sacaron una foto en los días de cumpleaños!
Al llegar a ese punto fue cuando les dije a mis amigos que el resultado de las cuentas me decía que algo no encajaba. Me parecía inverosímil que en todo el año no hubieran gastado ni un centavo en llamar desde un teléfono público, que Olivia no se pintara las uñas y que los tres varones de la casa dejaran de ir al barbero. ¿Acaso es posible que en 12 meses nunca acudieran al zapatero, al mecánico de televisión, al relojero o al que repara los ponches de la bicicleta. “¿Me van a hacer creer –les pregunté, casi molesto- que ustedes no tienen una mascota que alimentar, que no han enviado cartas ni telegramas, que no le hicieron un regalo a los maestros de sus hijos en el día del educador? ¿Pero que clase de familia son ustedes que no inventan nada “por la izquierda” para resolver sus problemas?”
Fue el viejo Adalberto quien me aclaró el enigma: Abel, que para algo es ingeniero de sonido, hace impresiones piratas de toda la música que pasa por sus manos en la estación de radio donde trabaja, y Olivia tiene un próspero trapicheo de muebles sanitarios en una empresa de la construcción que ella atiende como técnica de protección e higiene.>>