| 01. | Conversación con Diego
Vicente Tejera Gerardo Martí |
| 02. | Los márgenes del silencio Amir Valle |
| 03. | Querella innecesaria entre Letras del Añ
o Víctor Betancourt |
| 04. | Una familia cubana concluye el año 2006 Reinaldo Escobar |
| 05. | Reflexiones sobre el subdesarrollo Bruno Sovilla |
| 06. | Cuba, realidades y perspectivas Oscar Espinosa Chepe |
| 07. | Triunfa Venezuela Yndamiro Restano |
| 08. | Venezuela ¿Triunfo o reto? Dimas Castellanos |
| 09. | Los muchos costos del voluntarismo
paternalista Leonardo Calvo |
| 10. | Baladas y Herejías Josevelio Rodríguez |
| 11. | La maldita economía Osvaldo Rodríguez |
| 12. | AL CIERRE Consenso en la polémica intelectual Consejo de Redacción |
| 13. | Humor Carlitos |
“...puedo aseguraros, por lo mucho que he visto, por lo mucho que he meditado en mi azarosa vida, que el odio es absolutamente estéril; que nada, en cambio, es más fecundo que el amor”. Diego Vicente Tejera
Introducción
Fue precisamente en un día de enero, 15 años atrás, cuando se fundó en La Habana la Corriente Socialista Democrática Cubana. Las ideas genéricas de ese proyecto tienen sus antecedentes en Diego Vicente Tejera (1848-1903), el fundador del socialismo democrático en Cuba. Teniendo en cuenta que muchos lectores de la Revista Consenso, como la mayoría de los cubanos, desconocen la vida y obra de esta destacada figura, el Consejo de Redacción me solicitó investigara acerca de las ideas y las acciones de quien, siendo un importante patriota e intelectual cubano, ha quedado relegado en el discurso de la historia oficial; a fin de rescatar una modesta parte de su legado a través de estas páginas. Después de consultar la bibliografía correspondiente decidí, para ser lo más fiel posible a sus ideas, que fuera el propio Diego Vicente quien respondiera un grupo de preguntas generales que pueden resultar de interés para todos. Como resultado de esa encomienda pongo hoy en manos de los lectores de Consenso, de manera poco convencional, esta conversación, real por su contenido e imaginaria por su forma.

Presentación
Diego Vicente Tejera y Calzado es un patriota cubano, poeta, periodista, ensayista, crítico literario y político. Nació en Santiago de Cuba el 20 de noviembre de 1848. Hijo de los santiagueros Diego Vicente Tejera y Piloña y Ascensión Calzado y Portuondo. Recibió sus primeras enseñanzas en el Seminario San Basilio, donde -aunque no se inclinó hacia la vida eclesiástica- sí desarrolló una gran sensibilidad por los asuntos sociales y una alta vocación de sacrificio. Diego Vicente recorrió diversos países de Europa y América y participó en innumerables acontecimientos históricos. En 1883 contrajo matrimonio en La Habana con María Teresa, una bella y virtuosa joven. Fundó el primer partido socialista democrático en Cuba. Tuvo tres hijos: Diego Luis, Ascensión y Paul Louis y dejó una valiosa obra, muchos de cuyos presupuestos conservan su vigencia. El 6 de noviembre de 1903, a los cincuenta y cinco años de edad, una incurable enfermedad le arrebató la vida.
1- ¿Podría decirnos brevemente de dónde procede su inclinación por la política?
Desde niño me sensibilicé con los sufrimientos; sin embargo, creo que todo resultado tiene múltiples causas. El rechazo al régimen disciplinario que viví en el Seminario San Basilio; una cierta rebeldía innata; las historias que escuchaba en el hogar sobre las causas de la Revolución de Haití, pues mis antepasados proceden de La Española, como se llamaba esa isla; las luchas sociales que tuvieron lugar en mi época de adolescente,… esas y otras muchas están entre las causas de mi inclinación por la justicia social y por la política. No me lo propuse, fue más bien un resultado de múltiples factores.
2- Usted participó en varios acontecimientos insurreccionales, ¿podría hablarnos de esas experiencias de su vida?
La sensibilidad es una de las primeras condiciones para la conformación de la conducta, lo demás lo pone el azar. Lo cierto es que me enrolé en varios acontecimientos socio-políticos en diferentes lugares del mundo. Siendo estudiante de la Segunda Enseñanza, aún adolescente, decidí junto a otros amigos participar en la rebelión que comenzó en 1861 en Santo Domingo, cuando Pedro Santana ofreció el país a la metrópoli española y culminó con la instauración de la Segunda República en 1865. Con ese fin un grupo de amigos nos alistamos como soldados al servicio de España para, una vez allí, saltar al campo insurrecto; ese intento fracasó. Seguidamente, junto a un amigo, inundamos los hogares santiagueros de proclamas portadoras de un mensaje acusatorio contra la Metrópoli. Como consecuencia tuve que abandonar los estudios que realizaba, lo que ocasionó una gran preocupación en mi padre, que en ese entonces ejercía como fiscal en Ponce, Puerto Rico, a donde me hizo viajar en 1865 para alejarme de los preparativos insurreccionales que se estaban produciendo en Cuba. En 1868, cuando el general Juan Prim, uno de los protagonistas del derrocamiento de Isabel II en España, asumió la defensa de una monarquía democrática, me enrolé en una expedición a la península, la cual fue dispersada apenas pisamos tierra. En septiembre de 1868 participé en el Grito de Lares, en Puerto Rico, aquel movimiento que proclamó la independencia y estableció un gobierno republicano. Fuimos sofocados en pocos días por las tropas españolas. Escapé de allí rumbo a Saint Thomas y me puse a las órdenes del doctor Betances, junto al cual me trasladé a Venezuela. En abril de 1870, encontrándome en Caracas, donde había reiniciado mis estudios de medicina, se produjo el intento de Golpe de Estado encabezado por Antonio Guzmán Blanco contra el presidente José Ruperto Monagas. Tomé partido al lado del presidente y participé en varios combates, incluyendo la sangrienta batalla a las puertas de Caracas. Fui uno de los 17 sobrevivientes que se negaron a rendirse, resulté herido y me fugué de la enfermería en la que estaba recluido. Después de eso mi padre, preocupado por mi presencia en hechos insurreccionales, hizo que me trasladara a Barcelona, donde reinicié los estudios de medicina alternados con los de derecho. Sin embargo, las relaciones con los cubanos que habían huido hacia Cataluña determinaron que yo abandonara una vez más los estudios y me trasladara a New York, donde me puse a las órdenes de Miguel Aldama, quien me encomendó la fundación y tirada del periódico “La Verdad”, órgano oficial del presidente de la República de Cuba en armas.>>