Consenso
Número 4 de 2006 Número 6 de 2006
ESPACIO DE REFLEXIÓN Y DEBATE DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA CUBANO
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01. Las espinas del dinero
Reinaldo Escobar
02. Cosme de la Torriente: la oportunidad de una fecha
Dimas Castellanos
03. Constitución: apuntes para su historia
Wilfredo Vallín
04. Revolución, llena eres de gracia
Leonardo Calvo Cárdenas
05. ¿Hacia dónde va la ética en la sociedad cubana actual?
Juan Lázaro Besada
06. Socialismo real: síntesis dialéctica de lo trágico-social y lo socio-cómico
Andrés Barrios
07. Martí, el fin de un mito
Jorge Camacho
08. Acerca del José Martí de hoy
Rogelio Fabio Hurtado
09. Sacerdotisas y Brujas
Maybell Padilla Pérez
10. "Soy" y "Plegaria a la Virgen de la Caridad" (poemas)
Tomás Burgos
11. Nota al cierre
Fallecimiento del Dr. Rafael Cepeda Clemente
   
Socialismo real: síntesis dialéctica de lo trágico-social y lo socio-cómico (2)

Andrés Barrios


Vale destacar, según lo expuesto en el párrafo anterior, que en la sociedad socialista este aparente viraje de las determinaciones entre el ser y el pensar no viola el postulado fundamental del marxismo, a saber, que el ser determina la conciencia. Lo que aquí observamos es el resultado del conocimiento alcanzado por la dirigencia del estado socialista acerca de las fuerzas represivas que obstruyen las leyes que rigen la dinámica histórica, según derivasen, por ejemplo, del propio materialismo histórico. La realidad trágico-social se refleja objetivamente en la conciencia represiva altamente desarrollada de la dirigencia que encarna el estado socialista, a partir del cual, el proceso social se convierte en una suerte de proyecto de ingeniería socio-política, donde la evolución histórica se frena de forma planificada (a veces racional; casi siempre disparatado, donde lo dialéctico deviene en síntesis absurda de lo trágico en lo ridículo quasi-cómico), la cual se reduce en extirpar el componente emancipador del progreso social a fin de garantizar la perpetuidad del estado socialista.

Las contradicciones entre el sujeto y el ser social en el sistema socialista se manifiestan concretamente en la moral dual del primero. Como observamos anteriormente, el ser humano se niega a sí mismo como individuo a fin de participar en los procesos de producción y distribución de los bienes de vidas, al mismo tiempo que irónicamente reproduce las condiciones económicas, sociales y políticas que determinan la enajenación de su existencia individual. La doble moral constituye la síntesis de numerosas determinaciones históricas a través de la cual la el existencialismo enajenado del sujeto socialista coexiste con la retórica y la apariencia revolucionaria. De esta manera se entiende como el sujeto socialista (el hombre nuevo, como lo concibiera el Che Guevara) se manifiesta con un carácter marcadamente antiimperialista, en resonancia con el Estado que le oprime, pero la existencia de tal Estado, por su parte, avala la petición de asilo político de este sujeto en la metrópolis imperialista. A fin de contrarrestar estas contradicciones, el estado socialista precisa de elementos de enajenación psicológica a fin de contrarrestar el pensamiento crítico del individuo. El VIH socialista se manifiesta aquí como la meningitis del nuevo hombre, pues parafraseando a Bertol Bretch, “el (nuevo) hombre es útil: puede volar, puede matar… pero tiene un defecto, puede pensar”. El adoctrinamiento y la propaganda constante, por consiguiente, resultan instrumentos vitales para el estado socialista.

Las contradicciones sociales del socialismo tienden a agudizarse en la medida en que la ineficiencia escala en proporción al nivel de integración económica (Economies of Scale) y a la politización del proceso productivo. Diferentes modelos económicos se han practicado en la comunidad socialista a fin de promover eficiencia en la esfera económica. El modelo de “cálculo económico”, por ejemplo, se implantó en Cuba, el cual permitía cierta autogestión micro-económica (o a nivel de empresas). Sin embrago, el socialismo no es susceptible de modelos que limiten el control político sobre los procesos socio-económicos. Por otro lado, el “calculo económico” conlleva inevitablemente a la re-proletarización del ser social. Huelga decir que la re-proletarización del ser social constituye un retroceso histórico para el sistema socialista. Tales tendencias requieren de medidas sociales y políticas como las implantadas al principio, bajo la dictadura del proletariado. A su vez dichas medidas tienden a obstaculizar el proceso de desarrollo socio-económico de la sociedad, lo cual enfrenta cada vez más al estado socialista (encarnado en la capa dirigente o aristocracia socialista) y el pueblo en general. De esta manera, el estado socialista se convierte así en un freno al progreso social, político y económico de la sociedad. Una vez que el socialismo alcanza el estado de anacronismo histórico, el VIH socialista pasa vertiginosamente de su fase de incubación (en la cual aparece como una simple inflamación ideológica de la conciencia del ser social) a la fase epidémica donde el sistema se descompone orgánicamente y de manera acelerada (el cual definimos al principio como SIDA socialista).

Sin embargo, en este momento, el socialismo ha engendrado un nuevo ser social que emerge como una fuerza política desconocida hasta entonces. Una vez desaparecido el estado socialista, encarnado en la capa dirigente del partido comunista, desaparece el último vestigio de las diferencias sociales en cuanto a clases o capas. Ante la decadencia del sistema socialista, el “pueblo” surge por primera vez en la historia como una fuerza social propiamente dicha, indivisible por concepto de clase social, e históricamente responsable por la humanización de la sociedad mediante la democratización de los procesos políticos y económicos. Lo que resulta para el estado socialista el germen de su destrucción, constituye para el naciente ser social mutaciones históricamente necesarias que conllevan a la emancipación final del pueblo en general. La agudización de las contradicciones entre el estado socialista que se opone de manera reaccionaria a las reivindicaciones democráticas y la liberación social, política y económica del pueblo conllevan inexorablemente a la desaparición histórica del primero.

Si admitimos que las leyes de la historia tienen un carácter determinista, entonces tendríamos que basarnos en los hechos ocurridos en la antigua comunidad socialista de la Europa oriental, y admitir, con los socialistas arrepentidos, que el nuevo curso de la historia conlleva a la sociedad liberal constituida sobre la base de la economía de mercado y la democracia representativa. No obstante, al margen del determinismo histórico y unidimensional del marxismo, postulamos que existe probabilidades concretas para que en el momento en que el Estado socialista desaparezca, las instituciones políticas, económicas y sociales pasaran bajo el control y la dirección popular; lo cual determinará la aparición de un Estado democrático de nuevo tipo, el cual habrá de fundamentarse sobre las formas históricamente resultantes de apropiación corporativa sobre los medios de producción, las cuales habrán de coexistir y competir con otras formas (por ejemplo, las neoliberales) según estas ultimas vayan reapareciendo en el ámbito económico, político y social, y, tanto en cuanto las primeras no desaparezcan a consecuencia de fuerzas o acciones política reaccionarias siniestras o diestras. La aparición de esta nueva fuerza social conllevará a la formación de un sistema socio-económico de amplia base democrática, la cual trasciende la forma representativa conocida, y donde el hombre aparece como sujeto social, como un sujeto histórico concreto, cuya participación política, económica y social no estará mediada por el Estado opresor ni por el interés particular de una clase social dada, sino que de manera directa permita la realización de su existencia democráticamente determinada. >>

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