| 01. | Las espinas del dinero Reinaldo Escobar |
| 02. | Cosme de la Torriente: la oportunidad de una fecha Dimas Castellanos |
| 03. | Constitución: apuntes para su historia Wilfredo Vallín |
| 04. | Revolución, llena eres de gracia
Leonardo Calvo Cárdenas |
| 05. | ¿Hacia dónde va la ética en la sociedad cubana actual?
Juan Lázaro Besada |
| 06. | Socialismo real: síntesis dialéctica de lo trágico-social y lo socio-cómico Andrés Barrios |
| 07. | Martí, el fin de un mito
Jorge Camacho |
| 08. | Acerca del José Martí de hoy
Rogelio Fabio Hurtado |
| 09. | Sacerdotisas y Brujas Maybell Padilla Pérez |
| 10. | "Soy" y "Plegaria a la Virgen de la Caridad" (poemas) Tomás Burgos |
| 11. | Nota al cierre
Fallecimiento del Dr. Rafael Cepeda Clemente |
El materialismo histórico plantea que todo sistema socio-económico “engendra el germen de su propia destrucción”. El socialismo, que otrora surgiera como esperanza del progreso y la liberación de los humildes y oprimidos, hoy en día se nos revela con una marcada deficiencia inmunológica. A partir de mediados de los años de 1980s, el Socialismo Real se manifiesta ya como un sistema agotado históricamente e incapaz de contribuir al progreso social de la humanidad. En este sentido, el “germen” de la destrucción del sistema socialista constituye su viraje a la inconsistencia histórica (o VIH). El VIH socialista es sumamente contagioso y se propago en la antigua comunidad socialista con una celeridad anteriormente desconocida a las ciencias políticas y biológicas. Hoy en día apenas un reducido número de países (entre ellos China, Cuba y Corea del Norte) han podido retardar el advenimiento de la fase superior y última del “desarrollo” de la sociedad socialista, la cual se caracteriza por la senilidad irreversible y la descomposición acelerada (o SIDA) de dirigentes y régimen respectivamente. En este artículo estudiaremos el origen de tal germen social; intentamos demostrar que el VIH socialista no lo engendra la penetración de objetos ideológicos foráneos por el traspatio de la dirigencia socialista, sino que el mismo constituye un organismo que surge a partir de la descomposición general del sistema.
En la sociedad socialista el VIH no aparece encarnado en una clase social propiamente dicha, la cual asumiera la responsabilidad histórica del progreso y la justicia social. El proletariado, como fuerza social históricamente definida, presupone la existencia de la burguesía, y la materialización de sus reivindicaciones sociales y económicas requieren del ejercicio del derecho en el marco de las libertades que típicamente se garantizan en la sociedad capitalista o burguesa moderna. El socialismo tiene como objetivo fundamental extinguir la burguesía y la propiedad privada, lo cual resulta en la función principal de la llamada “dictadura del proletariado”, y la cual se impone precisamente mediante la abolición de las libertades y los derechos naturales del hombre proclamada por los racionalistas del siglo XVIII. En este periodo, el proletariado históricamente definido deviene en una especie social en peligro de extinción, el cual finalmente desaparece como clase, junto a la burguesía y la propiedad privada, al final del periodo de la dictadura del proletariado. Según la praxis revolucionaria, por consiguiente, al paraíso de los trabajadores se llega después de la desaparición física e histórica de la burguesía y el movimiento obrero libre (o proletariado liberal).
Una vez concluida la gestión de la dictadura del proletariado, surge la sociedad socialista (antesala del comunismo, o del “verdadero” paraíso de los trabajadores;). El socialismo no solo requiere de la abolición de la propiedad privada, sino que tiene como premisa la aparición de un nuevo ser social (definido por el Che Guevara, e.g., como el hombre nuevo) que reemplace al proletariado liberal. Este nuevo ser social surge en la historia aún despojado de todo medio de vida, y necesariamente carente de soberanía (según la definiera Locke) y de los derechos más elementales que históricamente haya alcanzado el “hombre” (Rousseau, et. al.). De aquí se desprende como la emancipación del proletariado conduce inevitablemente a la esclavización general del ser social en la sociedad socialista (¿acaso no resulta esto un simple proceso dialéctico a tono con el materialismo histórico?).
Como sistema socio-económico, el socialismo necesita proveer los medios de vidas necesarios para la subsistencia del ser social y al mismo tiempo reproducir las condiciones que determinan el control centralizado del estado socialista y el sometimiento general del pueblo que aparece como un todo social carente de distinciones clasistas. Según diría el marxismo, en el capitalismo el individuo necesita despojarse de su individualidad a fin de obtener, como obrero asalariado, los medios que le permitan su realización como un individuo “históricamente determinado”. En este sentido marxista, la existencia del individuo independiente (o sea, el sujeto con los medios que le permiten satisfacer sus necesidades particulares según mejor le convenga) tiene como premisa al obrero explotado; así se complementan la libertad y la explotación en el capitalismo y el modo en que este sistema se reproduce continuamente. En el socialismo, los medios de producción están en manos de la propiedad estatal; los poderes políticos y económicos se unifican bajo el control centralizado del estado. El ser social socialista no depende únicamente de su fuerza de trabajo abstracta, mas o menos calificada, mas o menos profesional, sino en la medida en que esta fuerza se integre política, económica y socialmente al proceso de reproducción del sistema socialista en general.
Vemos así, que la realización del individuo en el socialismo tiene como premisa la afinidad política en consonancia con el proceso de reproducción del sistema. O sea, la participación del individuo en los procesos de producción y distribución de los medios de vida se establece con arreglo a su militancia política. En el socialismo (y quizás por primera vez en la historia humana) la existencia social concreta queda así políticamente determinada de manera coercitiva y desfachatada. Para ello, el estado socialista necesita descomponer al sujeto en sus elementos o dimensiones existenciales más fundamentales (lo político, lo económico, lo cultural, etc.), para después reintegrarlo en una forma socialmente útil. Nótese aquí el carácter científico, según sus propias fanfarrias, de la praxis socialista: el estado socialista revienta al ser humano en la misma medida que la física de alta energía descompone átomos en las partículas elementales mediante colisiones violentas; sin embargo, el estado se adelanta a la física al ser capaz de moldear los elementos dispersos del sujeto en sí en un objeto para sí con una expectativa de vida de mas de medio siglo. De esto se desprende que en la sociedad socialista el concepto abstracto de individuo como ente particular e independiente carece de objetividad, pues este representa un punto imaginario (matemáticamente hablando) en el espacio de la sociedad socialista cuyo proceso de reproducción requiere un sujeto social despojado de su independencia o individualidad. El sujeto socialista, por tanto, carece de individualidad o particularidad propia, y en este sentido se entiende como, en su lucha por erradicar la explotación del hombre por el hombre, el individuo se convierte dialécticamente en esbirro de su propia individualidad existencial.>>