| 01. | Las espinas del dinero Reinaldo Escobar |
| 02. | Cosme de la Torriente: la oportunidad de una fecha Dimas Castellanos |
| 03. | Constitución: apuntes para su historia Wilfredo Vallín |
| 04. | Revolución, llena eres de gracia
Leonardo Calvo Cárdenas |
| 05. | ¿Hacia dónde va la ética en la sociedad cubana actual?
Juan Lázaro Besada |
| 06. | Socialismo real: síntesis dialéctica de lo trágico-social y lo socio-cómico Andrés Barrios |
| 07. | Martí, el fin de un mito
Jorge Camacho |
| 08. | Acerca del José Martí de hoy
Rogelio Fabio Hurtado |
| 09. | Sacerdotisas y Brujas Maybell Padilla Pérez |
| 10. | "Soy" y "Plegaria a la Virgen de la Caridad" (poemas) Tomás Burgos |
| 11. | Nota al cierre
Fallecimiento del Dr. Rafael Cepeda Clemente |
Una sociedad, cualquiera que esta sea, requiere de un basamento ético para enrumbar sus pasos hacia el progreso. Cuando no lo posee, se encuentra en camino de colapsar, devorada por sus propias incongruencias y por la carencia de unos valores en los cuales sustentarse de caras al porvenir.
Cuba se encuentra en una crisis ética, quiérase aceptarlo o no y esta amenaza con devorar hasta los mismos cimientos de nuestra nacionalidad. No hay una eticidad que marque las relaciones sociales de los cubanos, ni siquiera una preocupación honda y sincera acerca del porvenir de nuestra patria, pues el lenguaje que se escucha está elaborado a base de consignas repetidas hasta el agotamiento, pero sin que las mismas hayan calado en el ser y el sentir del cubano. Y muchas veces, estas consignas están divorciadas de la realidad.
Unos cuantos ejemplos resultarían suficientes para probar cuanto hemos dicho: en las bodegas, en los agromercados, incluso en las tiendas llamadas de recaudación de divisas se alteran los precios, los pesajes y la calidad de los productos. En las escuelas apreciamos a maestros que venden las notas y aprueban a alumnos, aún sabiendo que estos no poseen el mínimo de conocimientos requeridos, en las farmacias faltan los medicamentos más elementales, que sin embargo son vendidos por particulares inescrupulosos a pocos metros de las mismas y con precios exorbitantes.
Esta doble moral, la que repite hasta el cansancio un discurso y luego se burla del mismo, obrando en total disonancia con cuanto se ha estado repitiendo en voz alta mina a la sociedad cubana desde sus mismos cimientos. Y conste que otros males peores, como el jineterismo, la proliferación de las drogas y los asaltos a turistas en nuestras calles son hechos cotidianos.
Frente a estos hechos, que únicamente un ciego o un fanático podría negar, cabe preguntarse: ¿hasta cuándo la doble moral, o lo que es mucho peor, la amoralidad, se va a enseñorear de nuestra sociedad? ¿Hasta cuándo los ciudadanos deberemos vivir atormentados por esta corriente que amenaza con devorarlo todo, convirtiéndonos en la sombra de la sociedad por la que tantos sacrificios se han hecho?
Pero aún más, hay un vínculo indisoluble –para mí raigal- entre la ética y la libertad. Para poseer una ética centrada en el mejoramiento de la persona humana, es necesario conocer y practicar adecuadamente el concepto de libertad. Libre no es quien hace lo que quiere en cada momento, sino quien ejercita su libertad de manera responsable. Quien no es capaz de conjugar su ética individual y su ejercicio de la libertad como si fueran una sola, bien poco podrá hacer por contribuir al mejoramiento del entramado social.
No soy un especialista en ética, ni creo poseer las soluciones definitivas. Simplemente observo cuanto ocurre a mí alrededor y trato de alertar acerca de los males que están corroyendo a la sociedad cubana, de la cual soy miembro y con la cual, como cubano, me siento comprometido.
Es menester que abramos un debate plural, serio, responsable acerca de estos males. Es urgente aceptar y comprender que la moral en Cuba se resquebraja a cada instante y si no hacemos nada por encauzar la misma, podríamos correr el riesgo de ver comprometida la existencia de nuestra nación.
Luchemos por rescatar la moral. Es tarea impostergable de cada ciudadano, de cada cubano que ame a su tierra y sienta como un deber ineludible, trabajar incesantemente, ofreciendo lo mejor de sí, por el futuro de la patria.
El lenguaje de la simulación, de la doble moral, de la mentira reiterada que persigue el logro de una mejor posición económica o social, a espaldas de la realidad es simplemente una manera burda de contribuir al paulatino, pero incesante deterioro del país. No es posible vivir encerrado en una concha de cristal ante los males que nos rodean, pretendiendo pasarla lo mejor posible pero sin comprometerse a fondo con la búsqueda de soluciones para esos problemas.
Cuba necesita del empeño de cada uno de sus hijos, fundamentalmente de quienes vivimos aquí. En innumerables ocasiones escucho descalificar a alguien por su manera de pensar. Mi respuesta ante esta actitud es: ¿has dialogado con esa persona? ¿Has tratado de comprender sus argumentos o de hacerla comprender los tuyos? ¿Has buscado una forma correcta de hacer que puedan encontrar un punto en común desde el cual avanzar hacia un acuerdo respetuoso y fructífero para ambas? Quien no respeta la alteridad, tampoco se respeta a sí mismo, pues la persona humana se realiza en el encuentro con sus semejantes. Sin alteridad no hay persona humana que pueda realizarse.
Busquemos el diálogo sensato, respetuoso, coherente. A partir de este podremos contribuir al establecimiento de una ética que ayude a preservar los valores éticos subyacentes en los cimientos mismos de nuestra nacionalidad y podremos, de conjunto y sin menosprecio a cada persona, llevar por la vía más expedita la necesaria eticidad que reclama Cuba en los tiempos actuales, para coadyuvar a los acuciantes problemas que golpean a la sociedad.