Consenso
Número 4 de 2006 Número 6 de 2006
ESPACIO DE REFLEXIÓN Y DEBATE DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA CUBANO
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indice

01. Las espinas del dinero
Reinaldo Escobar
02. Cosme de la Torriente: la oportunidad de una fecha
Dimas Castellanos
03. Constitución: apuntes para su historia
Wilfredo Vallín
04. Revolución, llena eres de gracia
Leonardo Calvo Cárdenas
05. ¿Hacia dónde va la ética en la sociedad cubana actual?
Juan Lázaro Besada
06. Socialismo real: síntesis dialéctica de lo trágico-social y lo socio-cómico
Andrés Barrios
07. Martí, el fin de un mito
Jorge Camacho
08. Acerca del José Martí de hoy
Rogelio Fabio Hurtado
09. Sacerdotisas y Brujas
Maybell Padilla Pérez
10. "Soy" y "Plegaria a la Virgen de la Caridad" (poemas)
Tomás Burgos
11. Nota al cierre
Fallecimiento del Dr. Rafael Cepeda Clemente
   
Cosme de la Torriente: la oportunidad de una fecha (2)

Dimas Castellanos (Mención del Concurso de periodismo Palabra Nueva 2006)

4. Fue el primer congresista que propuso se concediera el voto a las mujeres en condiciones de igualdad con el hombre, y finalmente en los años cincuenta, encabezó el Diálogo Cívico, defendiendo la democracia y la institucionalización contra la disyuntiva entre dictadura y violencia revolucionaria, con la consigna “Elecciones generales con garantía”.

5. En una oportunidad expresó: “Siempre he sido contrario a los alzamientos armados como solución política; y también fui y soy contrario declarado de las violencias personales, que son el origen fundamental de nuestras perturbaciones”.
Su predilección por los métodos no violentos, precisamente en Cuba, donde esa tendencia constituye uno de nuestros males raigales, lo llevó a declarar en una oportunidad: “He sido y seguiré siendo firme y decidido enemigo de todo derramamiento de sangre, tanto legal como arbitrario: en nuestra tierra la sangre derramada injustamente es la semilla que más germina y más poderosos frutos produce. Quizás sea este modo de pensar mío un sentimiento ancestral, algo que me viene de muy lejos; pero en la paz y en la guerra, en todas mis edades, siempre he sentido una viva aversión contra los que no dan importancia a la vida de sus semejantes”.

Como abogado de profesión siempre creyó en la fuerza de la ley y no en la ley de la fuerza. Como político actuó desde la moderación en un medio caracterizado por la intransigencia y la ruptura. Convencido profundamente de lo infructuoso de la violencia cuando de fundar pueblos y conformar naciones se trata, encaminó sus pasos hacia la conciliación, la gradualidad y el diálogo como cimientos ético-culturales de la acción política. Una obra que Brown Scott sintetizó así: “Feliz el hombre que liberó a su patria con las armas en la mano y que definió luego sus fronteras y derechos en la paz”.

Sus palabras, que evocan el amor al prójimo –ese mensaje universal de dignidad, amor y humanismo contenido en el evangelio cristiano– deben erigirse como fundamento de las relaciones interpersonales entre cubanos y como pilar de la nación que estamos convocados a completar, al margen de cualquier diferencia natural, política, social, cultural, religiosa o económica, desde el diálogo y la reconciliación.

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