Consenso
Número 4 de 2006 Número 6 de 2006
ESPACIO DE REFLEXIÓN Y DEBATE DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA CUBANO
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indice

01. Las espinas del dinero
Reinaldo Escobar
02. Cosme de la Torriente: la oportunidad de una fecha
Dimas Castellanos
03. Constitución: apuntes para su historia
Wilfredo Vallín
04. Revolución, llena eres de gracia
Leonardo Calvo Cárdenas
05. ¿Hacia dónde va la ética en la sociedad cubana actual?
Juan Lázaro Besada
06. Socialismo real: síntesis dialéctica de lo trágico-social y lo socio-cómico
Andrés Barrios
07. Martí, el fin de un mito
Jorge Camacho
08. Acerca del José Martí de hoy
Rogelio Fabio Hurtado
09. Sacerdotisas y Brujas
Maybell Padilla Pérez
10. "Soy" y "Plegaria a la Virgen de la Caridad" (poemas)
Tomás Burgos
11. Nota al cierre
Fallecimiento del Dr. Rafael Cepeda Clemente
   
Cosme de la Torriente: la oportunidad de una fecha

Dimas Castellanos (Mención del Concurso de periodismo Palabra Nueva 2006)


En La Isabel, un ingenio matancero propiedad de su padre, nació el 27 de junio de 1872 Cosme de la Torriente Peraza, una de esas personas que nacen para la historia. Con 22 años de edad, siendo miembro de las logias masónicas, licenciado en Filosofía y Letras y estudiante de Derecho en la Universidad de La Habana, fue tocado por la sugestiva prédica del apóstol.

Incorporado a la Guerra de Independencia emigró a los Estados Unidos y regresó como expedicionario junto al General Calixto García. Por sus méritos militares alcanzó los grados de Coronel, integró varios estados mayores y fue elegido delegado a la Asamblea Constituyente de la Yaya, donde defendió la separación de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial.

En la República ocupó múltiples responsabilidades. Secretario de Gobierno; Magistrado; Senador; Secretario de Estado; Encargado de Negocios y Embajador de Cuba, primero en Madrid y después en Washington; representante en la Liga de las Naciones y Presidente de su Cuarta Asamblea; Delegado de las Naciones Unidas para América Latina; y Fundador y Presidente de la Sociedad de Amigos de la República.

De la Torriente fue una de las pocas figuras nacionales que entendió la política como servicio. Su actuación cívica, digna y ética le permitió transitar desde la violencia hasta el diálogo: una rara síntesis de virtudes entregada al mejoramiento de la cultura política cubana. Ello nos obliga, al arribar al 134 aniversario de su nacimiento, no sólo a recordar y reconocer, sino también a rescatar todo lo valioso de su copiosa obra. Una necesidad de los pueblos si no quieren desaprovechar ese tesoro que denominamos memoria histórica, tan necesaria para reflexionar, utilizar y esquivar errores.

La política –a la que dedicó 60 de los 84 años que vivió sin reposo– es el arte de convertir lo necesario en posible y lo posible en real sin el empleo de otra fuerza que no sea la de los argumentos. Un axioma utilizado por aquel General prusiano, Carl von Klausewitz, que combatió contra Napoleón en Waterloo y devino destacado teórico militar con su obra “De la guerra”, en la que afirmó: la guerra, no es otra cosa que la continuación de la política por otros medios. A lo que un siglo más tarde, Lenin, el líder bolchevique ruso, añadió: “precisamente por los medios violentos”.

La superioridad del diálogo sobre la violencia lo demuestra el hecho universal de que los conflictos, después de acarrear ríos de sangre, generalmente concluyen en la mesa de negociaciones con un apretón de manos y un brindis entre vencedores y vencidos. Esa experiencia milenaria sugiere sentarse a la mesa de negociaciones antes que la política se transmute en guerra.

Nuestra cultura de violencia cuenta con un abultado expediente: conquista, colonización, piratería, ocupaciones, esclavitud, cimarronería, conspiraciones, guerras, guerritas, masacres, dictaduras, revoluciones, contrarrevoluciones, exportación de revoluciones y envío de fuerzas regulares a otras regiones; sin mencionar los efectos negativos del nutrido arsenal de discriminaciones, vituperios, groserías, descalificaciones y ofensas verbales que tenemos siempre a disposición. Ante el reconocimiento de esa fatal herencia negativa se imponen cambios en nuestra forma de pensar, hablar y actuar, para desandar caminos, humanizar las relaciones y regresar al diálogo y a la diplomacia.

En ese propósito, el rescate de figuras como la de Cosme de la Torriente se justifica con sólo enumerar algunos ejemplos de su pensar y accionar.

  1. Siendo Encargado de Negocios en España se celebró una reunión del Cuerpo Diplomático en Madrid para felicitar al Rey Alfonso XIII, quien había salido ileso de un atentado. En dicha reunión la Reina humilló a Cuba al negarle el saludo a su representante, quien, con altura, pero con energía, elevó una protesta y recomendó al gobierno cubano retirar la Legación de Madrid si la Reina no cambiaba de actitud. En respuesta, La Habana elevó su nivel y presentó sus credenciales como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario, ante lo cual la Reina recibió a Cosme y le dispensó las mayores amabilidades.

  2. Al producirse en Cuba la segunda intervención norteamericana en 1906, Cosme renunció a su cargo diplomático en España y escribió a Charles Magoon: “...no se olvide que yo, el único de los Ministros Plenipotenciarios de la República de Cuba que tomó parte en la Guerra de Independencia contra España con las armas en la mano, por entender que mi pueblo era capaz de regir sus propios destinos, no puedo estar en ninguna nación, y menos en la que fue nuestra dominadora, representando lo que es la negación de las ideas que defendí...”.

  3. Siendo embajador de Cuba en Washington en 1925 logró que los senadores de aquel país aprobaran, después de más de 20 años de espera, el Tratado Hay-Quesada que devolvió la soberanía de Cuba sobre la Isla de Pinos y en 1934 redactó el Proyecto inicial del Tratado de Relaciones de Cuba y Estados Unidos que habría de abrogar la Enmienda Platt y tuvo el privilegio de dirigir desde La Habana las negociaciones, del embajador Manuel Márquez Sterling que culminaron con la abrogación, el 29 de mayo de 1934, del histórico Tratado mediante el cual se había impuesto dicha Enmienda. >>

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