| 01. | Las espinas del dinero Reinaldo Escobar |
| 02. | Cosme de la Torriente: la oportunidad de una fecha Dimas Castellanos |
| 03. | Constitución: apuntes para su historia Wilfredo Vallín |
| 04. | Revolución, llena eres de gracia
Leonardo Calvo Cárdenas |
| 05. | ¿Hacia dónde va la ética en la sociedad cubana actual?
Juan Lázaro Besada |
| 06. | Socialismo real: síntesis dialéctica de lo trágico-social y lo socio-cómico Andrés Barrios |
| 07. | Martí, el fin de un mito
Jorge Camacho |
| 08. | Acerca del José Martí de hoy
Rogelio Fabio Hurtado |
| 09. | Sacerdotisas y Brujas Maybell Padilla Pérez |
| 10. | "Soy" y "Plegaria a la Virgen de la Caridad" (poemas) Tomás Burgos |
| 11. | Nota al cierre
Fallecimiento del Dr. Rafael Cepeda Clemente |
Casi resulta superfluo explicar que cualquier actividad política genera gastos, desde la imprescindible existencia de cuadros profesionales que se dediquen a tiempo completo al trabajo partidista, hasta la elaboración y difusión de documentos, pasando por la realización de viajes, que implican transportación, alimentación y hospedaje fuera de las ciudades donde se reside; la organización de un seminario, un congreso o una conferencia de prensa, o simplemente conectarse a Internet ¿Puede pensarse en que es posible hacer política sin realizar estas cosas?
No existe la más mínima posibilidad de que una entidad en la incipiente sociedad civil cubana pueda fundar algo parecido a una empresa lucrativa, que tenga como propósito sufragar los gastos del trabajo político. No hay una paladar, ni una casa particular que alquile habitaciones, ni un taller de reparaciones de bicicletas, ni un payaso animador de cumpleaños que se atreva ni que pueda enfrentar esos gastos.
Ni uno sólo de los dirigentes de la oposición interna posee un caudal de dinero propio, fruto del patrimonio familiar de antes de la revolución, ni tiene joyas que vender o herencia que disfrutar, la mayoría de ellos ni siquiera recibe un salario, pues son desempleados. Sin embargo se dedican a la política de forma profesional, se transportan, se hospedan, hacen congresos, imprimen documentos, reciben y envían correos electrónicos. ¿De dónde sale el dinero?
La respuesta que da el gobierno cubano a esta pregunta es que el dinero viene de los Estados Unidos, bien de los exiliados de la Florida, de fundaciones independientes o del propio gobierno norteamericano, quien, por si quedaban dudas, acaba de aprobar un presupuesto de 80 millones de dólares para esos efectos. Se sabe que algunos países de la Unión Europea o de América Latina también hacen aportes, pero está claro que, según la interpretación oficial de los hechos, este último dinero también viene, a la larga, de los Estados Unidos, a través de un extenso e intrincado camino.
Quizás la pregunta más interesante no sea de dónde viene el dinero, sino bajo cuáles condiciones se recibe.
José Martí recolectó la financiación para la revolución independentista entre los abnegados tabaqueros de Tampa, pero también de acaudalados filántropos norteamericanos, mexicanos y cubanos. Había una foto en el Museo de la Revolución, hace tiempo ya retirada de las vitrinas, donde se observaba a Fidel Castro sentado a una mesa delante de una montaña (una montañita) de dólares. La foto fue tomada en New York, mientras se recaudaban fondos para comprar el yate Granma más las armas de los 82 expedicionarios. ¿Había algún tipo de condicionamiento en esas donaciones? ¡Claro que sí! Ese dinero se daba en el primer caso, para terminar con la humillante colonia española y en el segundo, bajo la condición de derrocar la tiranía de Batista. No hay evidencias, ni siquiera chismes de pasillo, que den a entender que el dinero se usara para beneficio personal del apóstol, quien andaba siempre con el mismo raído traje negro, ni para lujos del máximo líder que, se dice, no cruzaba las piernas en público para que nadie viera los huecos en la suela de sus zapatos.
Mucha, muchísima fue la ayuda que recibió después la triunfante revolución cubana desde la Unión Soviética y del resto de los países socialistas, y no hablo solamente de lo que eufemísticamente se denomina un “justo intercambio comercial entre países pobres y países desarrollados”. Hablo de barcos llenos de armas y otros pertrechos de guerra, hablo de becas universitarias, transferencia de tecnología, colaboración de inteligencia policial, hasta viajes al cosmos, que nunca habrían tenido lugar si Cuba no hubiera cumplido con la condición de convertirse en el primer país socialista del hemisferio occidental. Es un hecho histórico que cuando Che Guevara viajó a la República Popular China, al final de la visita se redactó, como es costumbre, un “comunicado conjunto” en el que la parte china, en un alarde de sinceridad, objetó la calificación de “desinteresada” hecha por la parte cubana a la ayuda que el gigante asiático daba a la pequeña isla.
En esos primeros años, paralelamente a la subvención de la revolución, comenzó el financiamiento de la contrarrevolución. Está perfectamente documentado que al menos entre 1959 y 1965 casi la totalidad de las actividades opositoras estuvieron directamente financiadas por la CIA, el Pentágono y el Departamento de Estado de los Estados Unidos. Los propios protagonistas lo han contado y todos ellos justificaban esta financiación, muy evidentemente condicionada, con el hecho de que el gobierno de Fidel Castro estaba apoyado por las potencias comunistas.
En la actualidad, los opositores cubanos van a la cárcel cuando se demuestra, o cuando existe la convicción, de que han recibido dinero de los Estados Unidos. Esa fue en cada caso, la acusación de más peso para las desproporcionadas condenas a que fueron sometidos los 75 condenados de la primavera negra del 2003. Se llegó a incluir en el mismo saco a periodistas que recibían el pago en divisas por sus artículos en periódicos extranjeros. Esto trajo, entre otras consecuencias, nuevas divisiones entre la oposición interna: los que no reciben dinero y los que lo reciben a través de la Oficina de Intereses norteamericana, y los que no lo reciben de los Estados Unidos, sino de instituciones independientes de Europa o de América Latina.
Lo que casi nadie se pregunta es de dónde sale hoy el dinero para publicar todos esos incosteables periódicos nacionales y provinciales que son órganos del Partido Comunista, de la Unión de Jóvenes Comunistas o de la Central de Trabajadores de Cuba. Cómo se han financiado durante años las tribunas abiertas, las marchas del pueblo combatiente, toda la base material de “la batalla de ideas”, las campañas por el rescate de los cinco combatientes del Ministerio del Interior presos en los Estados Unidos, los viajes al exterior, los extranjeros invitados a eventos políticos, las vallas en las carreteras, los pulóveres con lemas y consignas, las banderitas. >>