| 01. | La libertad es el más sagrado
de los derechos Entrevista a Amir Valle por Ariadna Morales |
| 02. | Caballero de la memoria T. Avellaneda |
| 03. | Reconciliación, verdad, justicia y
magnanimidad Dagoberto valdés |
| 04. | Alternativas políticas, espacios y poder
Leonardo Calvo |
| 05. | ¿Siervos?, ¿señores?, ¡no, prójimos!
Juan Lázaro Besada |
| 06. | Mujeres latinoamericanas Paula Coral |
| 07. | La hora ¿provisional? de Raúl Castro
Reinaldo Escobar |
| 08. | Fundamentos de un gobierno del pueblo
Gerardo Martínez Solanas |
| 09. | Una noche como otra cualquiera Osvaldo Antonio Ramírez |
| 10. | Esclavitud y evangelio Dimas Castellanos |
| 11. | George Harrison in memoriam Rafael Artime Medina |
| 12. | Lezama treinta años después M. Musa |
“Amnistía sin amnesia”
Adam Michnik
Ser protagonistas y soberanos de nuestro tiempo y de nuestra vida pudiera comenzar por formularse cómo dar los pasos necesarios para llegar a ese horizonte de plenitud de libertad y desarrollo humano integral que es la reconciliación, con uno mismo, con los demás conciudadanos, con la naturaleza y, para los que creemos, con Dios.
Pasos cortos y mirada larga.

Esta, quizá, siga siendo la combinación más realizable y medible para alcanzar esa tan alta aspiración que es reconstruir el alma deshilachada de una nación.
La historia vivida desde hace medio siglo por nuestro pueblo, tiene la marca visible y lamentable del daño antropológico que ha lesionado profundamente el alma, el ethos, del pueblo cubano, de un lado y del otro, los que hemos permanecido aquí y los que se han desperdigado en la diáspora. Pero no debemos olvidar tampoco la herencia cultural y espiritual de Varela y Martí, herencia de virtud, verdad y perdón. Heredad de transparencia sin ensañamientos y de rosa blanca para quien arranca el corazón con crueldad. En una frase: la herencia vareliana y martiana de verdad con amor y de justicia con magnanimidad. Desde esta mística cubanísima, deseamos reflexionar sobre estos tres pasos hacia el horizonte altísimo de la libertad personal y el protagonismo nacional: Verdad, Justicia y Reconciliación. Son pasos, no metas en sí mismas. Son para llegar a un horizonte que se volverá a alejar. Pero cada paso trae el otro y uno detrás de otro pueden crear un itinerario de desarrollo personal y social que vaya haciendo ciudadanos libres y naciones responsables. Ni súbditos irresponsables, ni naciones parias. Un paso sólo no hace el camino. Ni el de mañana puede darse antes que el de hoy. Pero podemos adelantar el ritmo y alargar el paso.
La reconciliación no es un decreto ni un reflejo incondicionado: hay que parirla.
Se habla mucho de reconciliación en pueblos que han sufrido divisiones, desarraigos, exilios, dispersión, violencia de cualquier tipo y muerte de la única que hay, sea del cuerpo o del alma. Pero la reconciliación no es ni un decreto ni un reflejo incondicionado. Creemos que la reconciliación es un proceso, un itinerario, consciente y ordenado, que necesita de ciertas condiciones sin las cuales la reconciliación es mueca sonriente y pantomima transitoria.
No hay reconciliación sin justicia. No hay justicia sin verdad. No hay verdad auténtica sin magnanimidad. Y no hay nada de esto sin amor: “Es el amor quien ve”-dijo José Martí. Claro que todos sabemos que aquí no se trata de un amor idílico, ni platónico, sino del amor que abre bien los ojos para ver, que abre bien los oídos para escuchar la voz del que sufre y que abre la mano para tenderla al que la necesite, así de práctico y de tremendamente difícil, pero en fin, amor hecho actitud constructiva.
Levantándonos de la postración del inmovilismo y del desánimo de la queja infértil, recorramos conscientemente estos tres pasos del camino hacia la reconciliación: Verdad, Justicia y Magnanimidad.
Verdad.
No pueden cerrarse las heridas sin saber cuáles han sido las causas y las consecuencias del daño. Primero reconocer la verdad, la parte de verdad que cada cual tiene, que cada parte debe reconocer, que objetivamente ha sucedido. Las Comisiones de la Verdad en aquellos países que han vivido un proceso de transición han desempeñado un sereno y pacificador servicio de esclarecimiento y transparencia que ha ahorrado años de sufrimientos en aquellos países, familias y relaciones interpersonales que se han “cerrado en falso”. Es decir, cuando se ha intentado reconciliar sin reconocer los errores de todos los lados y sin investigar las verdaderas huellas del tiempo pasado. Verdad para que sirva de experiencia. Verdad no para restregar en la cara de todos los tiempos sino para evitar que se caiga en los mismos errores del pasado. Verdad sin ensañamiento. Verdad como fundamento de la paz. No hay paz en la mentira. No hay reconciliación en el disimulo o el ocultamiento culpable de los errores. El diálogo no es complacencia, es búsqueda de la verdad entre todos.
Justicia.
La justicia es el segundo paso del camino de la reconciliación y la paz. “La paz es obra de la justicia” “La justicia y la paz se besan”-dice la Biblia. Los errores deben ser rectificados y purgados. La justicia es la satisfacción de la deuda que adquiere con la sociedad quien la daña de cualquier forma y desde cualquier bando. Un poder judicial independiente y como garantía del debido proceso es la estructura que puede ayudar a dar este segundo paso hacia la reconciliación nacional. Pero no es tampoco verdadera la justicia implacable. La historia nos ofrece demasiadas muestras de “justicias implacables” de guillotina, paredón y venganzas. La justicia no es ajuste de cuentas entre grupos, ni revanchas de las víctimas contra sus victimarios pues esto no es más que invertir los papeles y poner un eslabón más a la cadena de la violencia. La pena de muerte debe ser abolida en todos los países del mundo porque ninguna justicia humana puede disponer de la vida de ninguna persona, por mucho mal que haya hecho. Justicia despiadada es violencia institucionalizada.>>