| 01. | Qué es la Comisión Progreso Global Felipe González |
| 02. | Veinte de mayo. Por una nación de todos, con todos y para todos Dimas Castellanos |
| 03. | Dejando atrás la razón cínica Manuel Cuesta Morúa |
| 04. | Para un diálogo entre cubanos: el país de los difuntos T. Avellaneda |
| 05. | Después de Castro ¿qué? Luis Yáñez-Barnuevo |
| 06. | El soldado, el monje, el ciudadano Reinaldo Escobar |
| 07. | ¿Acaso no somos responsables? Luxas Canovas |
| 08. | Un mundo dividido: la enajenación en la obra de Cristina García Paula Coral |
| 09. | Releyendo a Mañach Rogelio Fabio Hurtado |
| 10. | Evocación de un antepasado Rafael Artime Medina |
| 11. | Confesiones desde el umbral de los cincuenta Juan Lázaro Besada |
Si en 1955, al revisar para la reedición su canónica Indagación del choteo, Mañach afirmaba que hasta cierto punto “habíamos rebasado el choteo como hábito o actitud generalizada”, cuarenta y cinco años después este sigue presente. “Dar chucho” es hoy la frase que encubre esta destructiva agresividad. Mucho antes, en las décadas anteriores a 1959, también se le llamó “bonche”, y ascendió incluso a la colina universitaria.
“El choteo – nos decía el brillante maestro- es no tomar nada en serio, tirarlo todo a relajo”. Sin embargo, no establece la conexión entre esta visión del mundo y las condiciones de vida del hombre sujeto a esclavitud. El choteo es la psicología natural del esclavo. Es lógico que experimente “repugnancia a toda autoridad”, pues esta le ha sido impuesta por la fuerza. ¿Puede el esclavo experimentar orgánicamente sentido de responsabilidad por lo que no es suyo?
Establecida la presencia de la mentalidad del esclavo, es fácil conjeturar la vigencia de la psicología del amo, o si se prefiere del señor, quien es dueño y asume las responsabilidades y las ventajas de esta condición. Es serio, es previsor, conoce y ordena con el pleno ejercicio de sus capacidades. Colabora y compite en buena lid con sus iguales. Conoce y defiende todos sus derechos. Es celoso guardián de su honra y su libre albedrío.
En la Cuba de hoy es más fácil encontrar ejemplos de la mentalidad del esclavo. A este le interesa muchísimo su propio cuerpo, única pertenencia que le es propia, al menos durante las horas no ocupadas por el trabajo y la obediencia. No por gusto el vocablo preferido por los cubanos para aludir al coito procede de la experiencia vital de los esclavos. Tampoco el hecho de que nuestras mujeres jóvenes se consagren a embellecerse para resaltar sus atractivos eróticos: su cuerpo es su valor.
Cuando Mañach afirma que nuestra mentalidad media carece del sentido de la tercera dimensión, la dimensión de la profundidad [“Vemos las cosas en contornos más que en relieves... No es interesado el cubano, porque carece del hábito o de la óptica mental para proyectar las cosas sobre el futuro”], tiene toda la razón, pero no precisa la raíz de esas carencias. El cubano, negro o blanco, era un ser económicamente desposeído, insustancial, al entrar Cuba con el siglo XX en la condición de república. Los cubanos capaces de empuñar el machete al frente de sus irredentas dotaciones para conseguir la independencia de España perdieron sus bienes en las contiendas. Es imposible que después supiesen defender unos intereses que no eran realmente suyos.
En una nota al pie, ya en la página 13, alude Mañach al vínculo entre la esclavitud y el choteo, pero esquiva sospechosamente el término esclavo y opta, con el velado racismo que también nos caracteriza, por presentar indebidamente tal conexión como una insuficiencia étnica: “En parte por desidia, en parte por pusilanimidad, esa influencia [de la psicología africana] aún no ha sido estudiada entre nosotros con el detenimiento y el rigor que un día habrá que poner en ello, si queremos tomar conciencia de nuestro complejo nacional”. Y prosigue: “Así y todo, no me parece improbable que el hombre de color, por su inestrenada vitalidad, por su índole impresionable y sensual y por su carencia de aquel pesimismo que dan los trabajos seculares de la civilización, haya acentuado ciertos rasgos criollos que en el hombre blanco resultan propicios al choteo, al aliarse con otros factores psíquicos”. Nótese que cuidadosamente está evitada la referencia a la esclavitud, cuya vigencia en nuestras realidades está lejos de desaparecer. ¿Por qué ha prevalecido entre nosotros la mentalidad del esclavo en detrimento de la del señor? Es una pregunta cuya respuesta le debemos al imprescindible maestro que es Jorge Mañach.