Consenso
Numero 1 de 2006 Numero 3 de 2006
ESPACIO DE REFLEXIÓN Y DEBATE DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA CUBANO
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indice

01. Entrevista a María Cristina Herrera
Por Rogelio Fabio Hurtado
02. Cristóbal Colón y San Cristóbal: Visión de un encuentro
Rafael Artime Medera
03. Representación y construcción de la Nación en la obra de la escritora cubana Hilda Perera
Paula Coral
04. El póquer colorado
José Prats Sariol
05. Introspección de la maldad pública
Manuel Cuesta Morúa
06. Una opinión acerca del lenguaje
Juan Lázaro Besada
07. José Martí: el agotamiento del programa de su desmitificación
Emilio Ichikawa
08. Paisajes de dolor
Mara Michelle
09. La Constitución del 40: Mitos y realidades de un símbolo nacional
Raúl A. Capote
10. Cualquier amanecer es un deleite
Ariadna Morales
11. Mirando y oyendo el Clásico Mundial de Béisbol
Rogelio Fabio Hurtado
12. Por el derecho a la vida y sobre la pena de muerte
Leonardo Calvo Cárdenas
13. Un fantasma recorre Cuba. Breves notas sobre la Feria del Libro
Mikhail Pablovich y Alejandro Marrero
14. El poder de los sin poder
Miguel Urrutia
15. Convocatoria


L

os medios informativos nacionales han sido pródigos en divulgaciones en torno a los aniversarios tercero de la invasión de Estados Unidos y sus aliados a Irak y trigésimo del golpe de Estado que impuso varios años de dictadura militar en Argentina. No obstante, y como era de esperar, no dedicaron ni una sola palabra acerca de que el 18 de marzo de 2003, hace exactamente tres años, tuvo lugar la mayor oleada represiva que recuerda nuestro país contra la oposición pacifista al gobierno cubano. Consenso hace énfasis particular en este aniversario y considera insoslayable su recuerdo.

En la que ha dado en llamarse Primavera Negra del 2003 –que provocó una gran repulsa internacional de la que participaron, por primera vez, muchos que hasta ese momento habían sido aliados, compañeros de viaje o admiradores de eso que algunos prefieren seguir llamando revolución cubana–, en pocos días fueron detenidos y condenados a largas penas de prisión 75 líderes políticos, activistas de derechos humanos y periodistas independientes, ejecutados tres jóvenes que intentaron secuestrar una embarcación para huir a los Estados Unidos, liquidada la inestable pero real tolerancia de que gozaban algunos movimientos políticos alternativos y sepultadas las esperanzas de aquellos que en todo el mundo todavía confiaban en la posibilidad de algún tipo de apertura por parte del alto liderazgo de la Isla.

Estos 75 cubanos se unieron a los cientos de prisioneros políticos y de conciencia que, con mucho menos reconocimiento y propaganda, han estado sufriendo el rigor del presidio político en nuestro país. El proceso sirvió además para exhibir a varios de los “niños mimados” de la Oficina de Intereses de los Estados Unidos y del exilio radical asentado en Miami, como agentes infiltrados por la policía política cubana en varias organizaciones opositoras. La maniobra completa –los procesos sumarios, las largas condenas, los agentes profesionales y los que pudieron haber sido presionados a última hora– buscaba dar un golpe demoledor a los movimientos contestatarios, que estaban ganando mayor reconocimiento internacional y alguna visibilidad al interior del país; a la vez que aumentaba la desconfianza y el miedo tan extendidos en la sociedad cubana.

A partir de ese momento quedaron institucionalizados los recurrentes atentados contra las libertades económicas y de movimiento de los cubanos, la intolerancia sin matices y la reactivación de los repugnantes actos de repudio contra los opositores, práctica de la que fuimos víctimas incluso algunos de los animadores de esta publicación. La reactivación de la “violencia revolucionaria”, con su saga de crueldad y desprecio por la dignidad humana, está claramente destinada a sembrar el terror en la ciudadanía y evitar que el descontento y la desesperanza crecientes se transformen en oposición manifiesta desde las bases de la sociedad. Después de los desencuentros suscitados a tenor del amplio rechazo internacional a la escalada represiva que recién cumplió tres años, la Unión Europea ha tratado infructuosamente de tender puentes de comunicación política con el gobierno cubano, a la vez que profundiza sus contactos con la oposición interna y da señales inequívocas de su compromiso para con el respeto a los derechos humanos, de lo que es muestra significativa el otorgamiento del premio Andrej Sajarov a la libertad de conciencia, por parte del Parlamento Europeo, a las Damas de Blanco, esposas y familiares de los setenta y cinco, constituidas en un grupo de manifestación cívica a favor de la libertad de sus seres queridos. Sobre la represión oficial pesa la vergüenza adicional de impedir que estas valientes cubanas asistieran a la ceremonia en la cual debían recibir el prestigioso galardón.

Este nuevo aniversario de la Primavera Negra coincide con el arribo al poder en América Latina, por las vías electorales, de varios gobiernos de tendencias progresistas que se alejan de los diseños y derroteros políticos que ha seguido Cuba, y con el establecimiento del nuevo Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en sustitución de la Comisión de Derechos Humanos que por varias décadas sesionó en la ciudad de Ginebra. La comunidad internacional abriga la esperanza de que el recién creado órgano otorgue una nueva y mejor dimensión al esfuerzo global por garantizar a cada individuo una vida con decoro y dignidad plenos. El fortalecimiento de los ambientes de estabilidad democrática en nuestro continente y los nuevos esfuerzos por dotar a la humanidad de mecanismos eficaces de promoción y vigilancia del respeto a los derechos humanos, constituyen una luz de esperanza en el camino de la lucha por abrir en Cuba los espacios de respeto a todos esos derechos, que nos darán la posibilidad de recordar cada año la primavera negra del 2003 como un episodio triste de un pasado irrepetible.

Consejo de Redacción

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