
| 01. | El derecho de volver Entrevista a Eliseo Alberto Diego por Reinaldo Escobar |
| 02. | La izquierda electa Fausto Soler |
| 03. | Lenguaje y sociedad: ¿habla culta y habla
popular? Vítor Manuel Domínguez |
| 04. | La jugada imperfecta Leonardo Calvo Cárdenas |
| 05. | Postcastrismo, ¿otra utopía sin salida? Manuel Cuesta Morúa |
| 06. | Lucy in the sky Cecil Canetti |
| 07. | Imagen de Lee Ying Thomas Merton traducido al español por Rogelio Fabio Hurtado |
| 08. | Nación y género en la obra de la feminista
cubana
Ofelia Rodríguez Acosta
Paula Coral |
| 09. | Anuncio no pagado en la revista consenso Manuel Cuesta Morúa |
| 10. | Llamamiento “La virtud del diálogo” |
| 11. | Convocatoria a la Jornada de Reflexión:
Diálogo entre cubanos: el futuro de la nación |
| 12. | Comité ciudadano contra la violencia
|
| 13. | Nota al cierre
Cambios en el Consejo de Redacción |
Cubanas y cubanos,
Compatriotas que viven dentro o fuera de nuestro archipiélago, se inicia el 2006, y con él, un nuevo año para todos: también para Consenso. Bienestar, democracia, paz y amor fraternal tan necesarios a este planeta, son nuestro deseo y voluntad más profundos. Intentaremos proyectar desde este espacio una chispa de luz a ese empeño.
Nacida para el acuerdo, el entendimiento y la colaboración desde lo diverso, Consenso continúa su propósito de plaza cívica abierta al diálogo, al discernimiento y la comunicación –pero también a la disensión y al contraste– desde el respeto a la diferencia y diversidad que somos. Incluso podremos llegar a no ponernos de acuerdo sobre cuestiones esenciales: sólo deberá bastar un principio universal: amor al prójimo y al mundo que hemos heredado y que tenemos el deber de mejorar para nuestros hijos.
Hemos culminado un año difícil, testigo de actos cada vez más generalizados de violencia e intimidación incorporados a tal punto al lenguaje y la cotidianeidad de nuestras vidas –y reforzado a través los medios de difusión, sistema educacional o centros de trabajo y organizaciones de masas–, al extremo de parecer parte consustancial de nuestra calidad de ser en el mundo, y por tanto, apenas visible a nuestras conciencias.
No pretendemos siquiera esbozar aquí el corolario de los problemas sociales acumulados ni las respuestas regresivas por parte de las autoridades, muchos de los cuales han sido y continuarán siendo tratados por nuestros colaboradores en busca de respuestas. Ello, sin embargo, nos lleva a una deducción simple: la concreción del futuro que pretendamos para Cuba no podrá depender ni partir del otro, sino de lo más profundo que cada cual pueda y sea capaz de ofrecer desde sí mismo, como personas, ciudadanos y ciudadanas de este país. De la integración de nuestros esfuerzos individuales resultará la Cuba que queremos: mañana recogeremos lo que sembremos hoy, como estamos recogiendo ahora lo sembrado ayer. Examinemos nuestra historia, estudiemos la historia de otros pueblos e intentemos hallar las señales que el pasado y el presente nos dan. Integremos lo positivo y evitemos repetir errores. El futuro de los pueblos no lo deciden sus gobiernos, cuyo deber primordial es servir, sino los propios pueblos, que no son una masa homogénea, sino una integración multiforme, plural y dialéctica de los individuos que los hacen.
Cumplamos con nuestros deberes y exijamos nuestros derechos. Dejemos atrás los desatinos de la adolescencia para entrar, como nación, a la etapa madura de la adultez. Mirémonos por dentro y descubramos por nosotros mismos lo que realmente queremos ser. La libertad es una condición inherente a la naturaleza humana. Nada ni nadie nos la quita a menos que lo consintamos. Pero también entraña riesgos y responsabilidades. Asumamos de una vez el riesgo y la responsabilidad de ser individuos libres. Empecemos por descubrir nuestra voz interior, y desde ahí, entreguemos nuestro don al mundo. Estamos urgidos de despertar la alegría de nuestras riquísimas y múltiples posibilidades de expresión y acción creativas, con la continuidad necesaria para articular un propio perfil de civilidad que ya se va haciendo ineludible.
Dentro de lo que parece haberse constituido como una tradición de silencio de la voz profunda, auténtica y diversa de Cuba, retomemos esa otra tradición de la que somos herederos y mostremos con eficacia nuestra complejidad y variedad tonal, con una resonancia que despierte de su letargo a los adormecidos.
La tarea es enorme, pero alentadora, y no estamos solos. Se van sumando los pueblos del mundo que se levantan para dejar escuchar su propio clamor. Observamos con optimismo los cambios en Latinoamérica y la concurrencia de gobiernos volcados al servicio de sus ciudadanos. Sería muy saludable para los pueblos dirigidos por líderes carismáticos, un equilibrio donde la voz de estos nunca enmudezca la de los pueblos a los cuales se deben.
Consenso da la bienvenida a sus lectores-colaboradores, con la certeza de una renovación posible, y constante, desde el día a día. Ustedes tienen la palabra.
Consejo de Redacción