
| 01. | Desde la Catedral de las yaguas Entrevista con Dagoberto Valdés por Yoani Sánchez |
| 02. | Religión y Revolución Rogelio Fabio Hurtado |
| 03. | Trabajadores sociales ¿el nuevo ungüento de la Magdalena? T. Avellaneda |
| 04. | Beneficios colaterales Reinaldo Escobar Casas |
| 05. | Las dos izquierdas Teodoro Petkoff |
| 06. | No fueron díaS hermosos Micael Ávalos |
| 07. | Lennon y Castro se encuentran en La Habana Leonardo Calvo |
| 08. | Graham Greene regañado Antonio José Ponte |
| 09. | Individuo y Sociedad José R. López |
| 10. | El carácter de los cubanos José Manuel Cortina |
La noticia de que las Damas de Blanco habían recibido el premio Andrei Sajarov compartido con Reporteros sin fronteras y la prestigiosa luchadora nigeriana por los derechos civiles Hauwa Ibrahim, llenó de regocijo a todos los que apoyan la liberación de los 75 prisioneros de la primavera de 2003.
Ya desde tiempo atrás el Comité de Madres Leonor Pérez, que agrupa a familiares de presos políticos cubanos, había empezado a frecuentar la iglesia de Santa Rita en la 5ta avenida del reparto Miramar en La Habana. Una a una se fueron sumando cada domingo las esposas, madres, hijas o hermanas del grupo de los 75, a la visita a este templo consagrado a quien se le conoce como “la abogada de las causas imposibles”. Un día decidieron acudir a la cita vestidas de blanco y hacer una corta y silenciosa caminata a la salida de la iglesia. La elección del color quiso destacar la inocencia de los presos y la pureza de la causa que promueve su liberación.
Las Damas de Blanco no constituyen un partido político, no son una organización, ni un proyecto insertado en el programa de alguna otra entidad. Son simplemente eso: las Damas de Blanco unidas por el común interés de que sus familiares abandonen la prisión, que al menos estén cerca de ellas en la misma provincia, que reciban atención médica adecuada cuando la necesiten, que no se les trate con crueldad. Siguiendo obstinadamente ese propósito han escrito cartas a todos los que por su jerarquía tienen que ver con el tema y a quienes pueden con su prestigio mover a la opinión pública. El carácter ecuménico de las Damas de Blanco se evidencia en que entre ellas hay católicas, adventistas, santeras, no creyentes y Testigos de Jehová, y además porque sus esposos, hijos o padres militan en diversas organizaciones opositoras o son periodistas o bibliotecarios independientes sin filiación política.
Todos los meses, los días 18, rememorando la fecha en que fueron detenidos sus familiares, hacen un ayuno en el que leen las cartas que ellos les envían desde la cárcel. Vienen de todas las provincias sorteando no solo las dificultades que cualquier cubano debe enfrentar para transportarse, sino los escollos adicionales impuestos por las autoridades a algunas de ellas, a quienes se les ha impedido subir al ómnibus a pesar de tener todos sus documentos en regla y de haber adquirido el boleto de forma legal. En algunos días señalados, como el día de los padres o el día de las madres extienden su silenciosa marcha por la senda central de la quinta avenida más allá de las 3 cuadras que tradicionalmente recorren. De vez en cuando algún que otro automovilista que las identifica suena el claxon y las saluda, otros las insultan como ocurrió en la pasada semana santa cuando cientos de mujeres organizadas por el gobierno les salieron al paso para disolver la marcha pacífica.
La prensa oficial cubana ha desconocido, o mejor, hace lo posible porque nadie conozca la asignación de este premio que entrega cada año la Unión Europea. Lo mismo ocurrió en el año 2002 cuando el cubano Osvaldo Payá, animador del Proyecto Varela, recibió igual distinción. Quizás les parezca insignificante este "grupito" de mujeres, muchas de ellas amas de casa sin formación profesional. Tal vez estos colegas están padeciendo una limitación que les impide redactar un titular triunfalista porque ellas no intentan realizar una hazaña, ni imponer un récord, ni ser lo más cualquier cosa del mundo, del país, ni siquiera de su barrio y que en definitiva si luchan para liberar a sus familiares no es para que ellos continúen la lucha que cada uno eligió a favor del destino de Cuba, sino solo para tenerlos en casa a la hora de la cena y poder abrazarlos y enseñarle lo crecido que están los hijos o los nietos. Ese es, sin dudas, el gran premio con que todas sueñan.