
| 01. | Desde la Catedral de las yaguas Entrevista con Dagoberto Valdés por Yoani Sánchez |
| 02. | Religión y Revolución Rogelio Fabio Hurtado |
| 03. | Trabajadores sociales ¿el nuevo ungüento de la Magdalena? T. Avellaneda |
| 04. | Beneficios colaterales Reinaldo Escobar Casas |
| 05. | Las dos izquierdas Teodoro Petkoff |
| 06. | No fueron días hermosos Micael Ávalos |
| 07. | Lennon y Castro se encuentran en La Habana Leonardo Calvo |
| 08. | Graham Greene regañado Antonio José Ponte |
| 09. | Individuo y Sociedad José R. López |
| 10. | El carácter de los cubanos José Manuel Cortina |
Algunos meses atrás fui invitado a participar en un panel dedicado a analizar el impacto cultural y social del éxodo del Mariel. Un querido amigo que me invito a ofrecer mi opinión, el poeta Reinaldo García Ramos, creyó que seria oportuno que alguien que estaba en Cuba cuando estos hechos tomaron lugar hablase sobre los mismos. Debo decir que cuando supe lo que se me pedía sentí algo de desasosiego por lo limitado de mi experiencia personal al respecto. Afortunadamente en esos días me encontraba leyendo un bello ensayo de Eric Hobsbawm en el cual señala el carácter paradójico de las experiencias personales que se asumen como parte de una experiencia colectiva.

Y paradójica aun mas en mi caso cuando de este hecho tan traumático para la Cuba de entonces y que tanto repercutió en el destino de muchos de sus participantes a mí solo me queda la memoria de mi primera maestra de inglés quien, a riesgo de persecución estatal, se dedicaba a enseñarnos los rudimentos del idioma de Shakespeare. Un sábado de aquel verano de 1980 me encontré frente a la puerta de su casa, donde funcionarios de Reforma Urbana habían dejado un enorme sello que notificaba la clausura del inmueble, y poco después escuche con sorpresa la noticia, transmitida en voz baja por uno de sus vecinos, de que mi maestra se había marchado por el Mariel. Desalentado volví a mis novelas de Verne y Salgari, pero sin mayor trauma. Solo después, mucho después, adquirí la certeza de la importancia de hechos que para mí en aquel momento eran absolutamente indescifrables.
Y es que el Mariel relevó como poco otros acontecimientos han podido hacerlo aspectos del carácter de la sociedad cubana hasta ese momento desconocidos. Aunque no era nueva la huida en botes de grandes números de personas (recordemos el caso de Vietnam del Sur al fin de la guerra) el caso de un gobierno planificando una invasión de refugiados políticos contra un país vecinso si constituía algo inédito. Si hasta ese momento se podía alegar que los que se marchaban eran los enemigos de la revolución (Camarioca, Vuelos de la Libertad, etc.) esta afirmación era imposible de sostener frente al numero de jóvenes y profesionales que, formados por la revolución, preferían la incertidumbre del exilio antes que la certeza del fracaso económico y político que ya era el proyecto revolucionario.
Es aquí en la huida de una buena parte de la elite intelectual y artística de un pueblo donde radica una de los mas indelebles legados del Mariel. La partida de esta elite dejó un sensible vacío que tardó en llenarse. Ahora los nombres se han hecho famosos con la ayuda de Schnabel y Hollywood, pero no solo un Reinaldo Arenas formó parte del Mariel. Nombres como los de Rene Ariza y Roberto Valero, ambos fallecidos en 1994, Juan Abreu, Andrés Reinaldo, Esteban Luis Cárdenas, Carlos Alfonzo, Ernesto Briel, Rene Cifuentes, Leandro Eduardo Campa, Reinaldo García Ramos, Carlos Victoria, Orlando Alomá y otros que olvido mencionar, nos brindan la certeza de la calidad intelectual entre aquellos que se marcharon. Su impacto cultural, fue espaciado y lento, en parte por la incapacidad provinciana del Miami de aquel entonces de aprovechar este filón literario y artístico, se hizo patente en años posteriores. Esfuerzos como la revista Mariel, echada a andar con grandes apretujones económicos por parte de sus redactores y colaboradores se convirtió en el ejercicio preferido de muchos de estos escritores que, apegados a su oficio, continuaban laborando en casi completa oscuridad literaria en pos de ejercer la libertad creativa y artística que se les prohibía en su país natal.
Sin embargo, el Mariel por todo lo que nos podamos alegrar que nos dejó en el terreno cultural y literario, constituyó en el terreno político una oportunidad perdida, como ya asentara el poeta Néstor Díaz de Villegas reflexionando al respecto. Al abrirse esta válvula de escape se fueron también los lideres potenciales de un movimiento político que ya se estaba gestando desde los mediados de los 70 con la formación de grupos abogando por el respeto a los derechos humanos y que portaban un nuevo lenguaje político desmarcado de la violencia heredada de los anos 60. Este fermento de ideas encontradas con el discurso oficial pudo haber ganado en coherencia y fuerza, ya sea en franca oposición al gobierno o en disidencia tangencial. Y esto, en la coyuntura de los 80 hubiera sido extremadamente significativo. ¿Podemos especular que se hubiese producido en Cuba un movimiento similar al de Solidaridad en Polonia? Probablemente no, sin embargo es acertado pensar que muchos de los que se marcharon hubieran formado parte de un liderazgo político que habría redundado en mayor presión sobre el gobierno cubano.
Quizá las circunstancias históricas en las que se producen los acontecimientos del Mariel no eran propicias para la formación de ninguna opinión optimista alrededor de la idea de un enfrentamiento con el Gobierno cubano. Con tropas desplegadas en Etiopía y Angola, y la llegada al poder de los sandinistas en Nicaragua y del Movimiento New Jewel en Granada, así como el liderazgo de los Países no Alineados, cuya Sexta Cumbre había tenido lugar recientemente en la Habana, el gobierno pasaba por una fiebre triunfalista que puede explicar, en parte, la audacia y la postura provocadora frente a la Administración Carter. Asimismo una serie de dificultades económicas por las que atravesaba EE.UU. y la invasión de Afganistán por tropas soviéticas en diciembre de 1979 parecían confabularse para demostrar que como decía un slogan de mal gusto de la época, el futuro pertenecía por entero al socialismo.
El Mariel es entonces un duro golpe mediático, un encontronazo de símbolos visuales que socavaron la imagen de invulnerabilidad que el gobierno cubano se empeñaba en proyectar. Para el proyecto machista leninista cubano era imposible contemplar el abandono de miles de sus mejores hijos. De ahí quizás la necesidad de descalificarlos y catalogarlos como una especie sub-humana y la virulencia demostrada en los actos de repudio de aquel entonces. Una lección pasajera que se había ensayado en el 65 en Camarioca se convirtió ahora en recurso obligado, una especie de extinguidor de fuego político: en caso de descontento social, abrir una puerta al mar y permitir que los descontentos se marchen a los EE.UU. Este fenómeno se reprodujo en el 94, con menores proporciones, es cierto, pero es de presumir que se repita en un futuro no muy lejano, dado lo calamitoso de la situación social en la Cuba de hoy. >>