Consenso
Numero 1 de la revista
ESPACIO DE REFLEXIÓN Y DEBATE DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA CUBANO
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01. Desde la Catedral
de las yaguas

Entrevista con Dagoberto Valdés
por Yoani Sánchez
02. Religión y Revolución
Rogelio Fabio Hurtado
03. Trabajadores sociales
¿el nuevo ungüento de la Magdalena?

T. Avellaneda
04. Beneficios colaterales
Reinaldo Escobar Casas
05. Las dos izquierdas
Teodoro Petkoff
06. No fueron días hermosos
Micael Ávalos
07. Lennon y Castro se encuentran en La Habana
Leonardo Calvo
08. Graham Greene regañado
Antonio José Ponte
09. Individuo y Sociedad
José R. López
10. El carácter de los cubanos
José Manuel Cortina
Desde la Catedral de las Yaguas
Entrevista a Dagoberto Valdés
por Yoani Sánchez


Usted ha mantenido a lo largo de su vida un compromiso con su país y con su Iglesia, ha dirigido por más de una década el Centro Cívico de la Diócesis de Pinar del Río y la revista Vitral, también ha participado en un sinnúmero de iniciativas civiles y religiosas. Cuéntennos cuál fue el detonante de esta vida al servicio de una comunidad y de una fe.

Creo que un pequeño milagro de Dios, ya que pertenecí siempre a una familia religiosa, pero por parte de mi mamá, mis primos eran metodista, mientras mi padre y mi abuela eran católicos. Cuando tenía diez años se formó una especie de litigio en mi familia, pues yo vivía más cerca de la iglesia metodista, pero mi abuela paterna, que era mi madrina, empezó a presionar para que yo tomara la primera comunión, pues me habían bautizado por la iglesia católica. Recuerdo que un día de diciembre, llegué a mi casa de regreso de un ensayo de una obra de Navidad y mi padre me dijo que esa noche yo iba a decidir qué iba a hacer y cuál camino seguir.

Le agradezco mucho a mi padre, que me haya llevado hasta ese punto, de enseñarme a decidir por mí mismo y con responsabilidad, pues todas las otras opciones que he tomado en mi vida, han tenido como base aquella decisión que tomé frente a mi padre, sentado en este mismo sofá. Aunque toda la parte sentimental y los lazos humanos estaban con los metoditas, yo no sé por qué desde mi interior me surgió el ser católico, quizás porque yo quería también mucho a mi abuela y admiraba mucho a mi padre y a mi madre. Al año de esa conversación el 20 de junio, Día de los padres, tomé mi primera comunión y el 15 de diciembre moría mi padre, lo que marcó mi vida desde los diez años.

¿Cuánto determinó en su juventud el hecho de ser un católico en la Cuba de los años 70?

Mi historia ha sido la de muchos jóvenes de mi generación. Fui fundador de los PRE en el campo, en el curso 1973- 1974. Recuerdo que los seis católicos que estábamos allí decidimos aceptar el proceso de crecimiento para la Unión de Jóvenes Comunistas, pero sin negar nuestra fe ni la concepción del hombre, de la persona humana y del mundo que teníamos. Efectivamente fue un gran reto que nos llevó incluso hasta la Asamblea Conjunta, que era la última que se hacía, donde estaban todos los aspirantes y todos los militantes, y que parecía más una inquisición que cualquier otra cosa. Habían traído gente del partido provincial y del municipio, para enfrentar aquel reto de seis católicos que no habían dicho que no al proceso de crecimiento, pero a los que había que decirles que “no”. Ese fue otro momento muy fuerte en mi juventud, de convicciones, de tener que decidir y transgredir fronteras.

Después cuando quise matricular Sociología en la Universidad, no me dejaron. Yo tenía tres especialidades que me gustaban: Sociología, Derecho y Psicología. No fue posible ninguna de las tres, porque a los católicos no se nos permitía estudiar Humanidades.

En esa época existía un formulario que se debía llenar para optar por una especialidad o por un nuevo trabajo. En él preguntaban la confesión. ¿Recuerda haberlo llenado alguna vez?

Creo haberlo llenado decenas de veces, desde la primaria, pasando por la secundaria y llegando al PRE. Incluso recuerdo que junto a la pregunta de “¿Tiene usted creencias religiosas?” venían inmediatamente las otras: “¿Las practica?” ¿Desde cuándo? ¿En qué denominación religiosa? Yo, particularmente, desde muy pequeño fui ayudante de la misa, lo que antes se decía monaguillo, pero que ahora se llama acólito. Me levantaba a las siete de la mañana para participar en la misa, los días entre semana en la Catedral, y de ahí me iba para mi secundaria básica.

¿Qué hizo cuándo le negaron la posibilidad de estudiar una carrera de humanidades?

Como no me aceptaron en Sociología, pedí Bioquímica. No fue sólo mi caso, pues todos los católicos de mi generación, ciertamente comprometidos, estudiaron especialidades técnicas, pero no humanidades. Entonces comencé a estudiar Bioquímica pero no me gustó. En aquel entonces se estudiaba Agronomía aquí mismo en Pinar del Río. Mi madre estaba sola y como yo soy de una provincia muy guajira, decidí que la Agronomía era una buena razón para no perder los estudios y una posibilidad de mantener a mi madre y formar una familia.

Cuando terminé la Universidad en 1980, estaba entre los cinco alumnos que por sus notas podían quedarse dando clases, pero en ese momento los católicos tampoco podíamos trabajar en la docencia, ni siquiera docencia técnica de Biología, Fisiología vegetal, etcétera.

¿Se argumentaba que para dar clases le faltaba una “cosmovisión científica del mundo”?

No es que me faltara, es que tenía otra cosmovisión, como me gusta decir a mí. Así que me mandaron a un pueblo cautivo nombrado Briones Montoto, que era prácticamente otro castigo, pues quedaba muy lejos. El pueblo estaba muy controlado por la policía, como todos los pueblos desterrados. Allí estuve trabajando 10 años como especialista agrícola e hice mucho amigos, incluso tengo ahijados, niños que bauticé. Encontré personas muy humanas que me acogieron como a un hermano, pues ellos sabían por qué yo estaba allí. Después de 10 años unificaron mi Empresa con otra y llegué a ser Presidente del Consejo Técnico Asesor de todos los ingenieros y técnicos. Así vine para la sede en la capital provincial de Pinar del Río, muy cerca de mi casa y esa ha sido la única vez en estos 25 años que he trabajado en la ciudad. >>

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