Consenso
Número 3 de la revista Número 5 de la revista
ESPACIO DE REFLEXIÓN Y DEBATE DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA CUBANO
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01. Yo soy el cubano que
quiero ser

Entrevista con Pedro Luis Ferrer
02. Notas para Utopía
Rogelio Fabio Hurtado
03. ¿Maestros emergentes: verdadero magisterio?
Juan Lázaro Besada Toledo
04. Tipo de cambio
José Pérez León
05. Páginas del movimiento sindical cubano
Roberto Simeón
06. 100 mil viviendas: ahora tampoco
Dimas Castellanos
07. Sobre crítica
M. Musa
08. Sartre centenario
Antonio José Ponte
09. En el dédalo de las Utopías
T. Avellaneda
10. Un hombre contra un pueblo
Emilio Roig de Leuchsnring
11. La censura
Pedro Luis Ferrer
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En el dédalo de las Utopías

T. Avellaneda



En el mes de mayo, la Embajada de España en Cuba y la Agencia Española de Cooperación Internacional, a través de su Oficina Cultural, convocaron a su Concurso de ensayos Una mirada cubana hacia el futuro. El certamen se propuso el objetivo de promover la reflexión sobre el porvenir de la Isla, sin límites espaciales ni temporales y con la libre participación de todas las personas de nacionalidad cubana, residentes en Cuba. A este evento se presentaron 15 trabajos, entre los cuales el titulado Cuba: los futuros de la Isla, de Manuel Cuesta Morúa, resultaría destacado con un accésit, toda vez que el jurado, sorprendentemente, decidió “por unanimidad” declarar desierto el primer premio.

Digo “sorprendentemente” por dos razones: primero, porque el propio jurado considera que este ensayo fue “escrito con madurez y dominio del tema” (así hace constar en el dictamen emitido) y segundo, porque tuve la oportunidad de leer este trabajo y no albergo dudas sobre la objetividad y sentido crítico de la historia y porvenir de Cuba, con que el autor desarrolla su ensayo. Es evidente que Cuesta mostró en su texto la valentía y honestidad que suele faltar en la toma de decisiones, incluyendo las de aquellos que llevan sobre sí la poco envidiable responsabilidad de “premiar”, con perdón.

De cualquier manera, y pese a que el jurado del concurso consideró que el trabajo de Cuesta mostraba “una polémica versión personal, requerida de un tratamiento más argumentado”, resultaba, empero, inevitable destacar este ensayo, donde se utiliza un tipo de mensaje limpio y sin tapujos, no comprometido con el desgastado discurso oficial ni destinado a congraciarse con los círculos intelectuales satélites del poder.

Resulta comprensible, no obstante, el compromiso de los miembros del jurado por la parte cubana, quienes no podían en modo alguno conceder un premio a un ensayo que se cuestiona seriamente y con sólidos argumentos el pasado y el presente, además de incurrir en el imperdonable pecado de proponer futuros para Cuba. Sin embargo, si en algo puedo coincidir con el tribunal, es en el criterio de que el ensayo Cuba: los futuros de la Isla es un trabajo que “logra articularse con coherencia”; y como del ensayo en sí se trata esta reseña, tiempo es de olvidar al jurado con sus desvelos de justicia intelectual que, acertada o no, ya está dicha, y adentrarnos en el comentario -también acertado o no- de este controvertido trabajo.

Ya desde la introducción del ensayo, se nos presenta el núcleo del problema que se plantea el autor:

“Cuba es un territorio de muchos extrañamientos, nutrido de muchas confluencias y bajo el impulso conquistador de Occidente. Nace por una equivocación en la ruta de las especies; se funda en la búsqueda del oro; se estructura para el comercio; es constantemente visitada por hombres y mujeres ansiosos de entrar en contacto con las novedades; se le barre, al menos en la superficie, su pasado; es repoblada para producir de acuerdo a la nueva racionalidad económica de la época y se constituye como territorio de la Utopía. El pasado de Cuba es el futuro. Cuba surge por futuridad. Y ese será su telos, su imaginación y su principal tensión de cara a su proyecto cultural, político y económico”

Hay que convenir en que el tema de Cuba y su futuro no es exactamente novedoso, como no lo es el hecho de que los cubanos de la Isla vivimos en un futuro que siempre se torna inalcanzable, de tal suerte que, justamente en la persecución de un futuro imaginario y venturoso, carecemos por completo de presente. Lo realmente novedoso en las propuestas del ensayo de Cuesta estriba en la definición de las Utopías que han definido la historia de Cuba, que –como él mismo formula- ha sido más bien la historia de las mentalidades, de ahí que considere nuestra historia como la “narración hechológica del propósito de Cuba”. Porque eso ha sido y es Cuba: un propósito nunca alcanzado por más que los historiadores oficiales y los poderes (¡siempre los poderes!) se empeñan en ofrecerlo como realizado.

A partir de este punto, tres Utopías serán los paradigmas de la cultura cubana a través de los cuales Cuesta conduce el análisis histórico de la realidad nacional: la Utopía emancipatoria, hija del pensamiento independentista de Félix Varela; la Utopía cívica, que nace del pensamiento de José de la Luz y Caballero y, por último, la Utopía económica, surgida del pensamiento pragmático de José Antonio Saco y que tiene que ver con el proyecto económico que pretendía la inserción de Cuba entre las naciones más desarrolladas del mundo.

Cada una de estas Utopías proyecta para la modernidad de Cuba un modelo propio, con características particulares. El modelo de la Utopía emancipatoria es radical, propugna la ruptura con la metrópoli secular “sin importar consecuencias, intereses, tiempo y contexto”. El modelo cívico es moderado, proyecta sus efectos a largo plazo como resultado de una sostenida y permanente acción pedagógica: la creación del hombre cívico moralmente apto para asumir con responsabilidad sus deberes y derechos, pero resulta pasivo desde el punto de vista político y establece desde su surgimiento un hálito aristocrático que implanta exclusiones en el acceso a la enseñanza, al conocimiento y a la moral. Por su parte, el modelo que se proyecta desde la utopía económica es más flexible, comparte los mismos referentes de los modelos emancipatorio y cívico, aunque “mantiene con ellos una relación puramente instrumental”; las visiones del futuro de Cuba son, para este modelo, las de un futuro más inmediato y tangible, más lucrativo y práctico.

De esta manera, el proyecto de nación que debió emerger de las relaciones entre las tres Utopías, fracasa por la ausencia del diálogo necesario. Sin comprender las premisas básicas de compartir un mismo territorio físico, político y cultural, las tensiones entre los tres modelos habrían de mantenerse a todo lo largo de nuestra historia, excluyéndose entre sí y compitiendo para imponerse uno sobre otro y -en consecuencia- sobre los sujetos nacionales. Tales exclusiones determinan, en todo caso, que los tres modelos resulten incompletos en sí mismos. Porque no es posible pensar en desarrollar la economía si no se es independiente (función de la Utopía emancipatoria) y si no contamos con los sujetos nacionales que la asuman (función de la Utopía cívica). >>

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