
| 01. | Yo soy el cubano que quiero ser Entrevista con Pedro Luis Ferrer |
| 02. | Notas para Utopía Rogelio Fabio Hurtado |
| 03. | ¿Maestros emergentes: verdadero magisterio? Juan Lázaro Besada Toledo |
| 04. | Tipo de cambio José Pérez León |
| 05. | Páginas del movimiento sindical cubano Roberto Simeón |
| 06. | 100 mil viviendas: ahora tampoco Dimas Castellanos |
| 07. | Sobre crítica M. Musa |
| 08. | Sartre centenario Antonio José Ponte |
| 09. | En el dédalo de las Utopías T. Avellaneda |
| 10. | Un hombre contra un pueblo Emilio Roig de Leuchsnring |
| 11. | La censura Pedro Luis Ferrer |
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M. Musas
Es curioso que en la salida del complejo cultural colonial podamos registrar el trazo de los intentos de autoafirmación de las mismas tres voces que aquí identificamos (identidad genérica, racial, sexual), pues se trataría de parábolas que cubren una dimensión temporal de casi 100 años. El hecho de que, con la diferencia de varias décadas, hablemos, nuevamente, de intentos de autoafirmación sin dudas indica la historia sepultada de una dominación; a saber, los procesos que impidieron o desviaron la autoidentificación de los individuos con sus identidades, que propiciaron la disociación o atenuación de sus agrupamientos, o que sepultaron sus demandas. En términos temporales hablamos de una historia compartida entre los períodos republicano y revolucionario. Para mayor complejidad, el período revolucionario es el mismo que vivimos hoy y al que quizás corresponda hacer una pregunta todavía más aguda: ¿Cómo fue posible que la pregunta (implícita en el texto o su crítica) no pudiese ser planteada sino hasta fechas más bien recientes? Es decir, cuáles han sido, y son, nuestras condiciones de pensamiento.
Si razonamos la idea de un lugar y sus habitantes que -durante más de 100 años- han conservado una identidad cultural frente a tres dominaciones poderosas (Colonialismo español, República penetrada por los Estados Unidos y hegemonía soviética), estaremos de acuerdo en que la propia idea de ese nacionalismo, sus líneas de continuidad y estrategias de reafirmación, constituyen un desafío para el análisis crítico. Sin apenas mediaciones esto equivale a la reactualización de los estudios acerca del tema de “lo cubano” o, para presentarlo de modo menos agresivo, de la cultura nacional y sus relaciones con el mundo. Es básico tratarlo, en primer lugar, porque muchos maniqueísmos serían desterrados de nuestra historia cultural si enfocamos el pasado con tal prisma, cosa que nos enriquecerá y dignificará; pero también, y ahora en sincronía con los tiempos, porque vivimos la época de inmensas diasporizaciones culturales de las cuales Cuba, atendiendo a su historia migratoria, en modo alguno es ajena.
Y, lo que es todavía más difícil, nos resta tratar de entender lo que todavía hoy no alcanzamos a pensar. Se me ocurre explicarlo con par de frases de Wittgenstein. La primera: “si una pregunta puede ser hecha, entonces puede ser contestada.”; y la segunda: “no somos capaces de imaginar un mundo alógico.” Para la hechura de la pregunta precisamos colocarnos dentro de un horizonte (acumulación de procesos y sucesos) tal que la lógica de la situación enseñe un vacío que sólo puede ser evacuado mediante la interrogación; para lo segundo, y en vista de que hablamos de una interpretación prospectiva, corresponde imaginar aquello todavía no-sucedido y verosímil, para desde allí imaginar las lógicas de semejante nuevo mundo. Creo encontrar, para la literatura cubana, una apertura semejante en lo que sucederá el día que se produzca el reencuentro con las variantes de ella que se han producido gracias a los desgajamientos migratorios vividos en las últimas cuatro décadas; máxime si aceptamos que la única impedimenta es un ordenamiento ideológico-político susceptible de variar, incluso destinado a ello por imperativos económicos y de inserción del país en el mundo. ¿Cuál relación han sostenido Cuba y sus fragmentos? ¿En qué modos será fecundante el libre contacto entre los bloques? ¿Qué reconstrucciones del canon de lo nacional se imponen y qué dominantes es posible adelantar? Todavía más allá de esto se encuentra lo que ni siquiera atisbamos, pero nos llama a ser averiguado. ¿Qué es lo que existe a nuestro lado y que no somos capaces de ver? ¿Qué nos limita y hace felices, cosa que descubriremos dentro de 10, 20 años, dentro de la costumbre? Terminaré con una cita de Jacques Derrida:
No existe acontecimiento sin un golpe. Un acontecimiento es algo que debe sorprender e interrumpir. Si no hay un corte, no hay decisión, y a partir de ese momento lo que aparece es el despliegue de un programa. Para que exista un acontecimiento es preciso que sea como un golpe, una interrupción, y que venga alguien a inscribirse y a marcar ese corte.
Creo que de eso trata, al menos en sus mejores casos, el trabajo del pensamiento sobre la literatura en nuestro presente: de abrirse a la futuridad.