
| 01. | Yo soy el cubano que quiero ser Entrevista con Pedro Luis Ferrer |
| 02. | Notas para Utopía Rogelio Fabio Hurtado |
| 03. | ¿Maestros emergentes: verdadero magisterio? Juan Lázaro Besada Toledo |
| 04. | Tipo de cambio José Pérez León |
| 05. | Páginas del movimiento sindical cubano Roberto Simeón |
| 06. | 100 mil viviendas: ahora tampoco Dimas Castellanos |
| 07. | Sobre crítica M. Musa |
| 08. | Sartre centenario Antonio José Ponte |
| 09. | En el dédalo de las Utopías T. Avellaneda |
| 10. | Un hombre contra un pueblo Emilio Roig de Leuchsnring |
| 11. | La censura Pedro Luis Ferrer |
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Roberto Simeón
El reto al gobierno era preocupante, pero sobre todo, era inadmisible para la Unión Revolucionaria Comunista. En consecuencia, Joaquín Ordoqui estructuró un operativo, primero de intimidación, a fin de que la tribuna no se levantara. Propagó rumores de violencia en toda la sociedad e hizo circular volantes donde declaraban que: “...los renegados Sandalio Junco y Charles Simeón no podrán hablar en Sancti Spiritus”. Otros calificativos se propalaron en manifiestos y corrillos, alegando además la URC que el acto era “divisionista” en ese momento y que se requería una firme unidad nacional junto a Batista, y apoyando su esfuerzo en la II Guerra Mundial. El objeto de la campaña era sentar la convicción de que si se conmemoraba el aniversario de la muerte de Guiteras era inevitable la violencia.
El alcalde de la ciudad, Sr. Escribano, cedió los salones del ayuntamiento para el acto y pidió protección a la policía nacional. Esta, a su vez, se comprometió a impedir que personas armadas penetraran en el salón municipal. Se destacaron allí varios números al objeto de mostrar que estaban dispuestos a cumplir la promesa. El acto se inició a salón lleno el 8 de mayo de 1941. El pueblo estaba movido a escuchar el mensaje social-revolucionario, y a rendir tributo a quien consideraba la representación genuina de la Revolución Cubana. El alcalde de la ciudad y Sandalio Junco ocupaban la posición central del estrado presidencial y Charles Simeón la tribuna. Desde ella comenzó a proyectar la razón del acto y la inquietud de la juventud cubana que ya se articulaba para una nueva jornada revolucionaria, ahora dentro de un marco institucional. En el público, situado en posiciones estratégicas se encontraban, entre otros, los militantes estalinistas Armando Acosta, Catalino Monteagudo, Delfín Capote, Zenón Rodríguez, Neftalí Pernas, Isidro Pérez y Chacón, el boxeador. Comenzaron los gritos. Se ordenó tocar el himno nacional para silenciar a los provocadores. Pero, como respondiendo al llamado a la cordura, comenzaron los disparos. Una bala mortal, dirigida a Charles Simeón, fue desviada por el micrófono. Fracasaba así Neftalí Pernas en su misión. José Maria Martín, combatiente agrarista, se abalanzó entonces sobre la tribuna y lanzó al orador al suelo, recibiendo varias heridas mortales de bala. Como justificando su conducta, balbuceó: “Más vale que caiga un pino viejo que un pino nuevo”. Chacón, armado de un puñal, se acercó a la escena aparentemente con la intención de rematar a Charles Simeón. Un violento silletazo lo derriba mortalmente herido. La pelea se generalizó. Allí, de bruces sobre la mesa presidencial, Sandalio Junco, muerto de un certero balazo en el pecho. Isidro Pérez había tenido éxito en su misión.
Los politiqueros de todos los partidos trataron de minimizar los hechos. Una grave preocupación había desaparecido. El gobierno tergiversó lo ocurrido para amparar a los ejecutores y no poner en peligro la coalición de gobierno. La Unión Revolucionaria Comunista (estalinista) consideraba que había dado un golpe mortal a sus contradictores en las clases populares y el proletariado.