
| 01. | Yo soy el cubano que quiero ser Entrevista con Pedro Luis Ferrer |
| 02. | Notas para Utopía Rogelio Fabio Hurtado |
| 03. | ¿Maestros emergentes: verdadero magisterio? Juan Lázaro Besada Toledo |
| 04. | Tipo de cambio José Pérez León |
| 05. | Páginas del movimiento sindical cubano Roberto Simeón |
| 06. | 100 mil viviendas: ahora tampoco Dimas Castellanos |
| 07. | Sobre crítica M. Musa |
| 08. | Sartre centenario Antonio José Ponte |
| 09. | En el dédalo de las Utopías T. Avellaneda |
| 10. | Un hombre contra un pueblo Emilio Roig de Leuchsnring |
| 11. | La censura Pedro Luis Ferrer |
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Roberto Simeón
En diciembre anunciaban los llamados comunistas la convocatoria de un IV Congreso de Unidad Sindical, donde excluían a una larga lista de dirigentes sindicales a nivel nacional y sectorial -“los Junco, Villareal, Varela, Llano, los Pedro Peña, Sanfiel, etc...”-. La lista se extendía con los nombres de los activistas más consistentes de los distintos sectores laborales. Provocaban demandas y reclamaciones e instigaban a huelgas políticas para que se incrementara la inestabilidad gubernamental y la colisión social; pero ni una manifestación de apoyo al gobierno que se enfrentaba a la confabulación –que era de publico conocimiento- del ABC -organismo con manifiesta connotación fascista-, los viejos políticos, los intereses azucareros y el embajador norteamericano. Es curioso que el Partido hiciera resaltar el liderazgo de Batista en el ejército cuando el Coronel estaba todavía muy lejos de lograrlo.
El documento del 27 de diciembre de 1933, firmado por el Partido Comunista de Cuba (estalinista) , refiriéndose a las tareas organizativas y objetivos del IV Congreso, expresa claramente que: “En la celebración de este Congreso está empeñado el prestigio y la autoridad del Partido, así como la posibilidad de movilizar a los sectores proletarios decisivos para las próximas grandes luchas”. Aunque no se expresaba en este documento, sí estaba implícita, en toda la extensión del mismo, su coincidencia con el injerencismo norteamericano en cuanto al primer objetivo de éste, que era lograr el rápido derrocamiento del gobierno revolucionario. En el mencionado documento se proporcionaba a los sectores injerencistas motivos sobre los cuales apoyarse, como proclamar “la creación de milicias armadas obreras y campesinas”, e incrementar el socavamiento divisionista del movimiento obrero organizando sindicatos paralelos a los orientados por la Federación Obrera de La Habana.
Es necesario tener en cuenta que el Partido Comunista -estalinista- que estaba poniendo en práctica toda una estrategia a fin de derribar al gobierno revolucionario, era una organización que no contaba con mucho más de doscientos militantes. No podía engañarse en cuanto a que su acción divisionista de la clase obrera y su desviada agitación política no podían tener otro consecuencia que la restauración o instauración de un gobierno, éste sí ciertamente contrarrevolucionario.
Esta intención divisionista se hace manifiesta en el capítulo B de las conclusiones del IV Congreso de la CNOC. Se usan expresiones como: ... “frente a las tentativas de los renegados que dirigen la Federación Obrera de La Habana de convertir a ésta en una organización nacional, y frente al peligro de la creación de una central sindical (cubana) chauvinista”...; y se reitera entonces la consigna central de la siguiente manera: ...“en los actuales momentos, mas que nunca,”... “intensificando los esfuerzos por liquidar la influencia de los sindicatos junquistas y anarquistas...” Sus acuerdos, claramente divisionistas de la clase obrera, definen que “el papel de las organizaciones sindicales revolucionarias en la lucha por el frente único es muy importante para la liquidación de la influencia que aún tienen en algunos sectores los renegados de la Federación Obrera de la Habana y los líderes junquistas, anarco-sindicalistas” y “...Esta táctica de crear federaciones regionales o sindicatos en medios donde ya existían sindicatos dirigidos por reformistas, junquistas o anarquistas, no debía aplicarse en general, sino sobre la base de cada situación concreta”.
En la Sección H de las conclusiones del IV Congreso se proclama la lealtad a la Unión Soviética y a su gobierno estalinista, y se acuerda que la prioridad de toda acción obrera ha de ser la defensa de la Unión Soviética. Esta cuestión se planteaba sobre el plano de la acción diaria del movimiento sindical...”, “... no de una campaña para otra, sino de un trabajo sistemático diario, realizado día a día, hora por hora”.
Extendernos en los comentarios del documento mencionado en los párrafos anteriores -que fuera publicado en el periódico Bandera Roja , de La Habana, el 20 de enero de 1934- cuando ya se había establecido el gobierno contrarrevolucionario de Mendieta, sería monótono y agotador. Sólo es válido afirmar que no aparecía en el mismo un solo comentario en relación de la posición de Grau y Guiteras en defensa de la soberanía nacional, las realizaciones de clara orientación social revolucionaria y su frontal lucha frente al injerencismo extranjero. Se mostraba en forma evidente la alianza táctica de comunistas, injerencistas, norteamericanos, el “manenguismo” (oficio ramplón de políticos corruptos) y la “sacarocracia” (poder de los grandes intereses de la industria azucarera). Posiblemente fue éste un caso único en la historia de conjunción política subversiva de estas características frente a gobierno alguno en América.
Es probable que tanto la conducta del Partido Comunista de no enfrentarse con los Estados Unidos como la del silencio cómplice de la Unión Soviética, tuvieran que ver con el propósito de lograr el reconocimiento del gobierno de esta última por parte de los EUA, pues esta acción era coetánea con los sucesos en nuestra patria. Cuando se produjo la crisis del gobierno revolucionario, alentada por el injerencismo norteamericano y por la entente contrarrevolucionaria (fascistoides, representantes de interés económicos vinculados a los EUA, políticos “plattistas” tradicionales y el Partido Comunista -estalinista-, los campos quedaron delimitados: por una parte, la entente contrarrevolucionaria, y por otra, Antonio Guiteras y los sindicatos no manipulados por los estalinistas.
Guiteras de inmediato se dispuso a organizar una huelga general contra la injerencia norteamericana y los intereses domésticos vinculados a ella. El Partido Comunista, utilizando su órgano sindical la CNOC y su aparato de propaganda, ya subvencionado por intereses anti-obreros, y contando con el aparato represivo de Batista y Mariné, se dispuso a impedir que la huelga tuviera éxito. >>