
| 01. | Yo soy el cubano que quiero ser Entrevista con Pedro Luis Ferrer |
| 02. | Notas para Utopía Rogelio Fabio Hurtado |
| 03. | ¿Maestros emergentes: verdadero magisterio? Juan Lázaro Besada Toledo |
| 04. | Tipo de cambio José Pérez León |
| 05. | Páginas del movimiento sindical cubano Roberto Simeón |
| 06. | 100 mil viviendas: ahora tampoco Dimas Castellanos |
| 07. | Sobre crítica M. Musa |
| 08. | Sartre centenario Antonio José Ponte |
| 09. | En el dédalo de las Utopías T. Avellaneda |
| 10. | Un hombre contra un pueblo Emilio Roig de Leuchsnring |
| 11. | La censura Pedro Luis Ferrer |
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Roberto Simeón
Consideremos la posición que en defensa de la independencia nacional estaba asumiendo el gobierno revolucionario presidido por el Dr. Ramón Grau San Martín, a la vez que estaba dictando las medidas que transformarían definitivamente la estructura social del país:
Elementos del empresariado de esta industria -la fundamental en el país- comenzaron a inquietarse por la situación. La CNOC decidió disponer, pues, de mayores recursos económicos, y se esforzó por ampliar su militancia. Su oposición al gobierno de Ramón Grau San Martín y Antonio Guiteras y a Joven Cuba, la organización revolucionaria que éste último dirigía, se hizo total.
Los sindicalistas estalinistas, que controlaban la CNOC, ahora en disposición de mayores recursos, dedicaron toda su energía a combatir el gobierno revolucionario, muy especialmente a la persona de Antonio Guiteras, y a la Federación Obrera de la Habana, organización nacional de sindicalistas dirigida por trotskistas, apristas, anarquistas y sindicalistas de diversas formaciones políticas. Así hacían evidente su alianza tácita con los empresarios azucareros y con los demás elementos vinculados por sus intereses comerciales a esta industria -entiéndase: los viejos caciques políticos y los nuevos fascistas tropicales-. Pero, sobre todo, prestaban su apoyo a la política injerencista estadounidense.
Esta conducta de los estalinistas y el pacto realizado con el gobierno del Gral. Gerardo Machado, a contrapelo de las ansias populares y del más elemental pragmatismo político, no podían justificarse por la aspiración de apoderarse del poder, pues para ello no tenían posibilidad alguna. Esta política sólo puede explicarse si atendemos a la subordinación del Partido Comunista Cubano al Buró del Caribe de la III Internacional, el cual, en primer término, no comprendía la dinámica de los acontecimientos y, en segundo, estaba en colaboración con la política del gobierno de los Estados Unidos a fin de obtener de éstos, en primer lugar, el reconocimiento del gobierno de la Unión Soviética y , en segundo, la asistencia económica al mismo. El enfrentamiento a todo lo largo y ancho del territorio nacional con los elementos de más definida posición revolucionaria es ampliamente conocida por el relato de los que participaron en aquellos acontecimientos, y puede ser textualmente comprobada por los documentos firmados por la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC) y por el Partido Comunista de Cuba, los días 25 de octubre, 8 de diciembre, 21 de diciembre del año de 1933 y 25 de enero de 1934. Sin necesidad de analizar estos documentos en particular, porque en gran parte son repetitivos, hacemos referencias al conjunto de los mismos. En ellos se percibe claramente el trabajo del Partido y de su aparato sindical dirigido a impedir que se consolidara el gobierno revolucionario.
En los documentos emitidos se hacía referencia al “terror sanguinario” del gobierno presidido por el Dr. Ramón Grau San Martín. A las organizaciones que se enfrentaban a la injerencia extrajera se las denominaba “porras del Ejercito del Caribe y de Pro-Ley y Justicia”. A la posición política del gobierno, “...la patriotería de la propaganda del gobierno...”, y a las denuncias de los sindicalistas revolucionarios, “las calumnias de los líderes traidores de la Federación Obrera de La Habana”. Además, al proyectar su plan de acción, definían como “las tareas más importantes de la CNOC y de sus sindicatos el insistir en la agitación contra todas las medidas patronales, y ligarla estrechamente con los paros obreros existentes a fin de ampliar el movimiento huelguístico y derivarlo hacia la huelga política de masas...”
El Partido Comunista estimulaba la mayor perturbación social posible entre los trabajadores y marginados sociales; el ABC, partido de inspiración fascista, ampliaba su acción terrorista, y el binomio de Wells-Caffery (embajadores de los Estados Unidos) concertaba a los sectores de los partidos tradicionales y a los representantes de los intereses empresariales azucareros para derrocar al gobierno. Así se constituía, mediante la acción múltiple, una poderosa entente contrarrevolucionaria.
Los ataques contra la Federación Obrera de La Habana se acrecentaban en relación directa a que ésta se acercaba a Antonio Guiteras. Los comunistas decían, en el mismo momento en que dividían a las organizaciones sindicales en la zona de La Habana, estar “forjando la unidad revolucionaria de los obreros de la Región y barriendo con los líderes reformistas, anarco-reformistas y junquistas que se han posesionado de la Mesa Ejecutiva de la Federación Obrera de la Habana”.
El Partido calificaba la legislación que institucionalizaba la protección del trabajador cubano como
“la política anti-obrera del actual gobierno, que pretende, por las medidas de su legislación fascista del trabajo, de sus decretos de sindicalización gubernamental y arbitraje obligatorio, la exclusión de los jóvenes extranjeros de la dirección de los sindicatos y de los obreros agrícolas de la jornada de ocho horas, y el ochenta por ciento (de aumento de salario a los trabajadores), que no resuelven ningún problema real.” >>