Consenso
Número 3 de la revista Número 5 de la revista
ESPACIO DE REFLEXIÓN Y DEBATE DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA CUBANO
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01. Yo soy el cubano que
quiero ser

Entrevista con Pedro Luis Ferrer
02. Notas para Utopía
Rogelio Fabio Hurtado
03. ¿Maestros emergentes: verdadero magisterio?
Juan Lázaro Besada Toledo
04. Tipo de cambio
José Pérez León
05. Páginas del movimiento sindical cubano
Roberto Simeón
06. 100 mil viviendas: ahora tampoco
Dimas Castellanos
07. Sobre crítica
M. Musa
08. Sartre centenario
Antonio José Ponte
09. En el dédalo de las Utopías
T. Avellaneda
10. Un hombre contra un pueblo
Emilio Roig de Leuchsnring
11. La censura
Pedro Luis Ferrer
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>Páginas del movimiento sindical ...(2)

Roberto Simeón



El APRA, liderada por Víctor Raúl Haya de la Torre, del Perú, en cambio, sí concentró su acción frente al imperialismo norteamericano. La CSLA lo acusó de ser “agente del imperialismo inglés”. Esta política era, a todas luces, en el mejor de los casos, una falta de ubicación en la realidad, pues enfrentaba a los seguidores del CESLA con los sectores nacionales no comprometidos con intereses extranjeros.

En lo nacional propiamente dicho, se presentaba como un factor más de clara implicación partidista. Su trabajo facilitaba la división del movimiento sindical a favor del engrosamiento de su facción. Poco después, cuando se fundó el Ala Izquierda Estudiantil, comenzaron a perfilarse dos tendencias entre los proclamados marxistas. Una estaba liderada por Ladislao González Carvajal; la otra, por Marcos García Villareal. Ambos fueron enviados a presidio por su oposición al gobierno. Allí se incrementó la divergencia. Se produjo entones una amnistía política dictada por el Presidente Machado, gracias a la cual regresaron al país Sandalio Junco, quién ya había denunciado que “el gobierno de Stalin no era la dictadura `del’ proletariado, sino la dictadura `sobre’ el proletariado”, y Juan Breá, poeta, escritor y pensador marxista, reconocido en Europa por su enfrentamiento al régimen de la Unión Soviética. Salidos los presos políticos de las cárceles, muy pronto se conformó lo que se llamó la Oposición Comunista, que luego tomó el nombre de Partido Bolchevique Leninista. Fueron la Universidad y la Confederación Obrera de Cuba las áreas de confrontación de las dos corrientes marxistas. Por una parte, se daba esta confrontación; por otra, el acercamiento táctico y estratégico del ya reconocido Partido Comunista de Cuba con la Confederación Obrera de Cuba. Muy pronto las consignas que denunciaban a Arévalo y Fabregat, dirigentes de la Federación del Trabajo, de “agentes patronales”, fue sustituida por la de: “Villarreal y Junco: renegados”.

En 1932 el dictador Machado convocó a unas elecciones. Los sectores democráticos rechazaron la convocatoria. No existían las mínimas condiciones necesarias para un verdadero proceso electoral. No obstante, los comunistas continuaron su línea de acercamiento al gobierno. En consecuencia, acordaron participar en el mismo. El proceso electoral no llegó a realizarse. Los comunistas aumentaron entonces sus ataques contra los que tildaban de “anarcosindicalistas” o “trotskistas” y los demás grupos de orientación social-revolucionaria.

A la sazón, los comunistas controlaban la Confederación Obrera Nacional (CON). Los anarquistas, los trotskistas y los demás que se les aliaban se concentraban en la Federación Obrera de La Habana, contra la cual el gobierno intensificó la represión. En aquel tiempo, la CON tenía su mayor influencia en el sector del transporte. En el de los ferroviarios, la compartía con la Federación Cubana del Trabajo (FCT). También la tenía entre los azucareros, especialmente en las provincias orientales. Los trotskistas, en cambio, tenían a Juan Medina, un líder muy respetado de la Federación Obrera de La Habana. Las bases más sólidas de ésta estaban, pues, en los sectores del comercio, los tabacaleros, los gastronómicos y, por supuesto, también en el sector azucarero. Para la FCT, el punto de apoyo era el sector marítimo. Pero tenía notable influencia entre los ferroviarios y los del comercio.

A principios de agosto se inició la huelga general revolucionaria contra el gobierno de Machado. Todos los sectores, salvo la FCT, apoyaron la huelga. Pero todos, inclusive los que apoyaban al gobierno, confundieron la verdadera naturaleza de la misma. Creían que se limitaría a una demanda de reivindicaciones socioeconómicas. No podían prever que derivaría en la exigencia política de que se fuera el gobierno. La FCT había mantenido la táctica de no confrontación con aquél. Pensaba de esta manera aliviar un poco la represión, conseguir algunas ventajas laborales y alcanzar ciertos logros institucionales. Se había ganado una imagen de “machadista” que la invalidaba en el conflicto real que se estaba planteando.

En el Palacio Presidencial, el propio 8 de agosto de 1933, veinticuatro horas después de la masacre cometida por la policía en la Habana contra los grupos de ciudadanos que celebraban la falsa noticia de la caída del gobierno, se reconciliaron la FCT y la CNOC. Juan Arévalo representaba a la primera. En representación de la segunda y del Partido Comunista se encontraban Rubén Martínez Villena -ya enfermo de muerte-, José Vivó y Joaquín Ordoqui. Firmaron todos con Machado un pacto mediante el cual se acordaba el cese de la huelga general. A cambio de lo cual, el gobierno aceptaba el reconocimiento de las organizaciones obreras, la jornada diaria de ocho horas de trabajo, la libertad de los presos políticos y la posible legalización del Partido Comunista.

La huelga siguió por propio impulso, la orden de regresar al trabajo no fue acatada ni siquiera por los sectores controlados por la FCT y la CNOC. En los casos donde se presentaron algunos obreros al trabajo, los choques con los miembros del Directorio Estudiantil y la Federación Obrera de La Habana fueron de intensa violencia. El cambio de postura del Partido Comunista y de sus cuadros sindicales en relación con el gobierno de Machado, y la caída de éste, hicieron que las diferencias entre los sindicalistas se tornaran más profundas. El intento de mediación de los EUA provocó que estas discrepancias se incrementaran. Se entró en franca e irreversible crisis cuando tomó el poder el gobierno revolucionario de Grau-Guiteras. Unos decidieron apoyarlo y otros, específicamente el Partido Comunista y los factores cercanos a los EUA, optaron por rechazarlo y combatirlo.

Era inconcebible para muchos que se consideraban marxistas no dar su apoyo a un gobierno revolucionario que había derogado la Enmienda Platt, en el mismo momento en que el gobierno estadounidense amenazaba con la invasión militar del país. Con ese propósito, en Virginia, EUA, se habían concentrado los cuerpos de marines, y frente a las costas cubanas se hacían presentes amenazadoramente el acorazado Mississipi, los cruceros Richmond y Wyoming y los destructores 237 y 246 de la flota de estadounidense. El 7 de septiembre se sumó el acorazado Indianápolis, a bordo del cual se hallaban el Secretario de Marina, Mr. Swanson, y el Almirante Freeman. >>

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