
| 01. | Yo soy el cubano que quiero ser Entrevista con Pedro Luis Ferrer |
| 02. | Notas para Utopía Rogelio Fabio Hurtado |
| 03. | ¿Maestros emergentes: verdadero magisterio? Juan Lázaro Besada Toledo |
| 04. | Tipo de cambio José Pérez León |
| 05. | Páginas del movimiento sindical cubano Roberto Simeón |
| 06. | 100 mil viviendas: ahora tampoco Dimas Castellanos |
| 07. | Sobre crítica M. Musa |
| 08. | Sartre centenario Antonio José Ponte |
| 09. | En el dédalo de las Utopías T. Avellaneda |
| 10. | Un hombre contra un pueblo Emilio Roig de Leuchsnring |
| 11. | La censura Pedro Luis Ferrer |
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En la segunda mitad del siglo XIX se iniciaron las primeras actividades de organización sindical. Muy pronto comenzó la inquietud por crear la Central Obrera Nacional. A ningún activista se le ocurrió la idea de que hubiera más de una central sindical, ni de que en la misma no estuvieran presentes todas las corrientes de pensamiento.
En Cuba, el período que nos interesa enfocar del movimiento sindical moderno lo enmarcaremos entre 1902, fecha de la huelga portuaria, y 1973, fecha del XIII Congreso de la CTC. En la huelga portuaria de 1902, quizás la más larga y sangrienta en nuestra historia, fue tan golpeado el sindicalismo que no pudo reponerse hasta 1908, cuando los trabajadores portuarios, los tabacaleros y los albañiles hicieron un paro solidario. Años después, en 1973, después del XIII Congreso de la CTC, el actual gobierno produjo su parálisis. Socialistas no marxistas y anarcosindicalistas se disputaron el liderazgo obrero durante las tres primeras décadas de la república. A pesar de las rivalidades entre ambos, se alcanzaron logros trascendentes como la limitación de la jornada de trabajo en las tiendas, la jornada de 8 horas para los trabajadores del gobierno y la prohibición del trabajo de los menores de 14 años. Todo esto en 1910.
En 1916, se aprobaron, primeramente, la ley que después se llamara Ley Arteaga, que precisó más aún la proscripción del trabajo de los menores, y la primera Ley de Accidentes del Trabajo. En 1924 se creó la Comisión de Inteligencia del Puerto mediante la ley luego conocida como Ley de Benito Lagueruela. Durante las cuatro primeras décadas del siglo XX los acontecimientos internacionales fueron determinantes para definir las corrientes del pensamiento político y sindical latinoamericano. En Cuba, muy especialmente, se formularon tajantes definiciones y se dieron pasos determinantes. Así se diferenciaron unas de otras por la posición que cada una asumió en situaciones específicas.
En 1924, con la fundación del APRA en México, tomó cuerpo lo que pudiéramos llamar un “nacionalismo social-revolucionario latino-americano”, que ejerció singular influencia en Cuba. La represión a los sindicalistas se incrementó en 1923 durante el gobierno de Alfredo Zayas. Éste resultó muy agresivo contra los anarco-sindicalistas; tanto que inició una política de deportación masiva de españoles que profesaban esas ideas, o a quienes se les imputaba una militancia ácrata, fuera cierta o no.
En 1925 comenzaron a formarse dos vertientes sindicalistas. Por una parte, estaba la Federación Obrera de La Habana, de clara orientación anarcosindicalista, a la que se sumaron algunos activistas de otras corrientes de pensamiento. Por la otra, la Federación Cubana del Trabajo, integrada por socialdemócratas e independientes. Desde la primera guerra mundial hasta la fecha de la constitución de ambas federaciones, la organización que aparece como líder, por su estructuración e influencia, era la Hermandad Ferroviaria, preponderantemente social-demócrata. Ésta comenzó a perder su liderazgo ante el crecimiento en número, combatividad y organización de la de los tabacaleros. El Sindicato de Torcedores, la más antigua de las organizaciones sindicales de Cuba, fue el bastión del movimiento anarco-sindicalista.
En 1925 la Federación Obrera de La Habana convocó a un congreso nacional en Camaguey. Allí se fundó la Confederación Nacional Obrera, con el firme propósito de constituir una central única de trabajadores. Anarcosindicalistas, predominantemente, y socialistas -marxistas o no- integraron la misma. Muy pronto se produjo un fuerte antagonismo entre dicha Confederación Nacional Obrera y la Federación del Trabajo. Esta última no había participado en el congreso. Estaba dirigida por Juan Arévalo. Como no se oponía al gobierno del General Gerardo Machado, recientemente inaugurado, gozaba de cierta tolerancia. Logró la creación de la Dirección del Trabajo, institución en aquel entonces de gran importancia para el desarrollo del movimiento obrero porque establecía el principio de la intervención del gobierno como mediador en los conflictos obrero-patronales.
En Junio de 1929 se reunió en Buenos Aires la primera Conferencia Comunista Latinoamericana, presidida por un búlgaro de apellido Stepanov, quien se hacía llamar “Luis” y fungía como Secretario de la Sección Latinoamericana de la Internacional Comunista. Junto a él estaba Codovila, quien de hecho actuaba como el principal funcionario del Partido para asuntos sindicales en América Latina. Por Cuba, en representación de la Federación Obrera de La Habana, participó en la Conferencia el líder panadero Sandalio Junco, quien asumió esa representación porque la Federación Obrera de La Habana tenía el mayor prestigio sindical en el movimiento obrero internacional. Por esa fecha el Partido Comunista de Cuba contaba con menos de 300 miembros, entre afiliados y militantes. Se había fundado el 16 de agosto de 1925, en los salones del Lyceum Lawn Tennis Club, aristocrática sociedad femenina de la Habana. Su núcleo central estuvo formado por elementos representativos de pequeños grupos compuestos por artesanos y profesionales de clase media formados en las últimas décadas, con poca coherencia ideológica, al calor del entusiasmo despertado por la revolución rusa. Este partido no fue reconocido por la Internacional Comunista hasta 1929, cuando comenzaban a imponerse la disciplina y la “teología” soviéticas.
En la Conferencia de Buenos Aires se reclamó la capacitación política y sindical para los cuadros del partido en la América Latina. La URSS ofreció un plan de becas, doce en la Universidad Lenin y veinticinco en la Universidad de Oriente. Sandalio Junco, quien se había destacado brillantemente en la Conferencia, fue enviado a la URSS. Allí, a la vez que se esmeraba en sus estudios, comenzó activamente a participar en la creación de la Federación Sindical Mundial. Este hecho, aparentemente anecdótico, iba a tener especial repercusión en el movimiento sindical cubano durante las décadas siguientes.
La Confederación Sindical Latino Americana (CESLA), regida por el Profiterm, agencia estatal soviética para la política sindical, durante este período, tratará prioritariamente de lograr una relación comercial de carácter preferencial entre la URSS y los Estados Unidos. Por ello, en su propaganda, los pronunciamientos “anti-imperialistas” referentes a los Estados Unidos eran débiles. Sin embargo, frente al imperialismo francés e inglés fue intensa, y esto resultaba desproporcionado en la realidad latinoamericana.>>