Consenso
Número 3 de la revista Número 5 de la revista
ESPACIO DE REFLEXIÓN Y DEBATE DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA CUBANO
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01. Yo soy el cubano que
quiero ser

Entrevista con Pedro Luis Ferrer
02. Notas para Utopía
Rogelio Fabio Hurtado
03. ¿Maestros emergentes: verdadero magisterio?
Juan Lázaro Besada Toledo
04. Tipo de cambio
José Pérez León
05. Páginas del movimiento sindical cubano
Roberto Simeón
06. 100 mil viviendas: ahora tampoco
Dimas Castellanos
07. Sobre crítica
M. Musa
08. Sartre centenario
Antonio José Ponte
09. En el dédalo de las Utopías
T. Avellaneda
10. Un hombre contra un pueblo
Emilio Roig de Leuchsnring
11. La censura
Pedro Luis Ferrer
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>Yo soy el cubano que quiero ser (4)
Entrevista a Pedro Luis Ferrer por Reinaldo Escobar


Aquí funciona una manera de comunicarse con la gente a través de ese lenguaje rimado donde puede haber poesía o no, pues no es lo mismo poesía que rima. Recuerdo que una vez que le mostré a mi tío Raúl Ferrer unas décimas que había trabajado mucho para que reconociere finalmente que yo sabía hacerlas -pues él era muy exigente- me dijo: “Ya sabes hacer décimas, ahora tienes que aprender a hacer poesía con ellas”

¿Ha incursionado en otros géneros?

Si, un poco. He escrito algunos cuentos y hasta una novela, pero me falta el tiempo. Yo vivo de la música y eso me absorbe mucho tiempo. Para la literatura hay que sentarse a escribir todos los días. Me pasa una cosa muy curiosa, cuando le dedico tiempo a la narrativa no quiero saber nada de la poesía. A veces tengo muchos deseos de llevar a término un proyecto literario pero me doy cuenta que es como un abismo y tengo que mirar a otro lado. La narrativa es un instrumento muy tentador y lamentablemente no puedo dedicarme a ella pues perdería la fuente de sustento que tengo que es la música. Tengo que componer ensayar y grabar, y no hay tiempo para otra cosa. Quizás algún día encuentre sosiego para eso.

Hábleme un poco de su formación como artista.

Yo nací en Yaguajay en el año 1952. La primera décima que me aprendí fue una que le hizo mi padre a mi madre. Mi tío, el poeta Raúl Ferrer era un espíritu permanente en mi niñez, aunque el vivía en La Habana, allá en mi pueblo todos nos sabíamos sus poemas y los recitábamos en cualquier ocasión. También estaba mi tío Rafael que era compositor, y muy bueno por cierto, con él aprendí las primeras anotaciones musicales y con la orquesta municipal donde hice un curso de solfeo rezado, luego a los 11 años, ya en La Habana, me reuní con tocadores de tango y gente que sabía tocar la guitarra, pero empecé muy tarde mi formación artística.

Pero en las evaluaciones artísticas que hacen las instituciones oficiales se exigen ciertos documentos, certificados con muchos cuños y firmas.

Debo ser un milagro de la naturaleza pues el único certificado académico que he logrado en mi vida fue el de sexto grado de la primaria. Nunca terminé la secundaria básica por eso me hice autodidacta. Debo mencionar a quien entonces era mi suegro a principios de los años 70 que me trajo del extranjero, donde trabajaba, valiosos materiales para aprender composición, orquestación, armonía. Lo demás lo he ido aprendiendo llenando mis lagunas. Cada vez que he querido hacer algo que no sabía hacer aprendí lo que me correspondía de forma que casi se puede decir que cada canción mía es el ensayo de algo que estaba aprendiendo.

Así aprendí la guitarra y también el piano, que lo uso fundamentalmente para componer. En las evaluaciones me he limitado a tocar bien la guitarra y a cantar bien mis canciones.

Si en alguna circunstancia determinada usted tuviera que cantar una canción para demostrarle a una persona que usted es Pedro Luís Ferrer ¿cual canción elegiría?

La vaquita Pijirigua o tal vez El romance de la niña mala.

De alguna forma el reconocimiento que el público hace de su obra y de su persona está muy vinculado a todo eso que usted explicaba acerca del ejercicio de la crítica. ¿Ha pensado si esa relación podría cambiar el día que no padezcamos los mecanismos restrictivos que imperan hoy?

Yo pienso que en todos los instantes de la historia los pueblos van a necesitar reflexionar. Los tiempos que vienen no serán tiempos fáciles aunque haya más libertad. Podrá decirse que en el sentido espiritual será mejor, pero es sabido que la libertad entraña riesgos, porque no toda la sociedad está capacitada para transitar por un proceso de diálogo y de respeto a la otredad. Así que en ese terreno siempre habrá mucho que hacer. Hemos crecido durante todos estos años sin comprender que el otro es diferente, que el otro tiene su verdad y yo creo que eso va a traer grandes conflictos, incluso me preocupa seriamente que en un proceso de cambio con un propósito democrático, de apertura, haya gente con capacidad para hacerlo fracasar. Porque en nuestra sociedad hay un lastre muy difícil. Ha habido políticas populistas, de paternalismo, las cosas no podrán seguir costando lo que cuestan. Se avizoran momentos de un realismo económico muy crudo; hay una economía complicadísima que yo la percibo como una economía en crisis, una enorme deuda externa, una geografía urbana destruida por la desatención durante años, porque les quitamos las casas a los propietarios pensando que lo único que ellos hacían era cobrarle el alquiler a los inquilinos, sin tener que invertir en reparar las viviendas y mantenerlas.

Es decir, que hemos vivido tantos años apartados de la realidad que quienes pretendan llevar a la sociedad a un nuevo rumbo van a enfrentar muchos problemas además del probable sabotaje de quienes no se van a resignar a no tener poder.

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