
| 01. | No sé vivir en otra parte Entrevista con Leonardo Padura |
| 02. | Cuba, la reconciliación nacional Orlando Freire Santana |
| 03. | La unión europea, Cuba y la democratización Dimas Castellanos |
| 04. | Con la hoz y el martillo Oscar Espinosa Chepe |
| 05. | ¿Es la ética un eslabón perdido de la civilización postmoderna? Juan Lázaro Besada Toledo |
| 06. | Habana caliente Fernando Alba |
| 07. | Aquellos días en que fuimos libres: Evocación del mensajero Leonardo Calvo Cárdenas |
| 08. | El país que queremos María Cristina Herrera |
| 09. | Kabul Wilmer G. |
| 10. | Discurso patriótico Julio San Francisco |
| 11. | ¿Por qué consenso? Nota de la redacción |
El nombre de nuestra publicación ha motivado algunas interrogantes, unas etimológicas, otras políticas y hasta burocráticas.
Es correcta la afirmación que la palabra consenso proviene del latín consensus que significa asenso, consentimiento. Asenso es la acción y efecto de asentir y esta última palabra quiere decir “convenir en el juicio con otro”. En tanto que consentimiento es “un acto de voluntad que implica la determinación, con eficacia jurídica, de una persona con respecto a un fin”. Es por eso que muchos diccionarios explican consenso como “consentimiento y más particularmente el de todas las personas que componen una corporación”.
Como que el idóneo contrario de consenso sería disenso o disensión, algunas personas nos preguntan si nosotros pretendemos identificarnos como algo contrario a disidente. Lo que ocurre es que disidente es el que diside, y disidir significa “separarse de la común doctrina, creencia o conducta” en tanto que disensión es el acto de disentir y eso quiere decir “opinar de modo distinto”. Pedimos disculpas por estas excesivas precisiones lingüísticas que no tienen una pretensión de exhibir sabiduría -pues nos hemos limitado a consultar diccionarios1-, sino que nos parecen imprescindibles para aclarar algunas confusiones, al menos las etimológicas.
En los últimos años, sobre todo en eventos internacionales, escuchamos que determinada cuestión fue “aprobada por consenso”. Eso significa que, para aprobar lo que alguna de las partes expuso o propuso, no se necesita una votación formal, sino sólo que no se haya producido explícitamente algún desacuerdo. Cuando el colectivo que impulsó la iniciativa de hacer esta revista eligió el nombre de Consenso fue con el propósito de ofrecer un espacio donde hacer público ese invisible consenso relacionado con el presente y el futuro del país. Repitiendo una vez más una frase del Editorial del número cero, nacimos “para ponernos de acuerdo, desde la diferencia, respecto a las cuestiones principales”.
Está claro que no tenemos el monopolio de ese concepto. Muchas otras entidades en Cuba y fuera de ella incluyen la palabra consenso en su nombre. Aunque en algunos casos nos honraría el vínculo con alguna de estas instituciones homónimas, debemos aclarar que institucionalmente somos independientes, lo que no excluye que podamos tener contacto y hasta trabajar conjuntamente con otros “tocayos”.
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