Consenso
Numero 2 de la revista Numero 4 de la revista
ESPACIO DE REFLEXIÓN Y DEBATE DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA CUBANO
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01. No sé vivir en otra parte
Entrevista con Leonardo Padura
02. Cuba, la reconciliación nacional
Orlando Freire Santana
03. La unión europea, Cuba y la democratización
Dimas Castellanos
04. Con la hoz y el martillo
Oscar Espinosa Chepe
05. ¿Es la ética un eslabón perdido de la civilización postmoderna?
Juan Lázaro Besada Toledo
06. Habana caliente
Fernando Alba
07. Aquellos días en que fuimos libres: Evocación del mensajero
Leonardo Calvo Cárdenas
08. El país que queremos
María Cristina Herrera
09. Kabul
Wilmer G.
10. Discurso patriótico
Julio San Francisco
11. ¿Por qué consenso?
Nota de la redacción
   
   
   
Kabul (2)
Wilmer G.


Le voy a llevar otro libro para poder regresar a su casa, pero ahora será uno de poesía, alguien que la impresione mucho, a lo mejor hasta le enseño uno mío, para que sepa que yo también escribo, por supuesto, nunca como Wichy, ése sí sabía de poesía... pero él es para más adelante, para dar el último golpe, creo que con Alcides está bien por ahora, pero... ¿cual de sus libros? Ya sé: Agradecido como un perro, nunca me ha fallado y espero que en estos momentos no me defraude, ¡agradecido le estoy yo, y no como un perro, sino como dos! Es que con ese libro, he conocido a las mujeres más encantadoras de La Habana y hasta a una de Camagüey. Bueno, hasta dentro de un rato, voy a ver qué sorpresa me depara la noche.

Se habrán cansado de esperarme, créanme no fue a propósito, “el tiempo se fue volando”, cuando fui a darme cuenta eran pasadas las 4 de la mañana y ella tenía que dormir un par de horas para luego irse a trabajar. ¡Si ustedes vieran cómo me recibió en la puerta de su casa! Recién acabada de bañar, con el pelo mojado y con ese olor que solo encuentras en las mujeres, aunque el de Ana María es único, (creo que no conocían su nombre). Como les decía, ella huele a jazmín con azahar, creo que esperaba mi visita, pues no se sorprendió. Cuando llegué se me quedó mirando ¡ay Dios mío! y me dijo, casi en un susurro y disculpándose, que iba a cambiarse. Yo traté de decirle que no, que así estaba bien, que no se preocupara... me quedé como un idiota parado en la puerta viéndola alejarse, cuando logré traspasar el umbral de la puerta, ya regresaba. Su mirada, es tan penetrante, cuando te enfrentas a esos ojos es como si el mundo dejara de existir a tu alrededor.

Se entusiasmó con el libro de Rafael Alcides, lo estuvo hojeando, se sonreía a ratos, tenía la boca entreabierta y por momentos parecía que iba a hacer un comentario pero siempre me equivocaba, incluso cuando le hablaba, me miraba atentamente como sólo ella sabe hacerlo... y yo con esa falta de aire que me entra cuando me mira así, era como si acabara de correr una carrera de maratón, (sí, de 42 kilómetros y 195 metros). Si al menos me diera una excusa para venir todos los días a verla... Creo que le voy a pedir ese favor, espero que no se moleste, en cualquier momento le voy a decir lo mucho que la ...

Como si todo fuera tan fácil cuando más decidido estoy menos me salen las palabras, hoy creo que se propuso torturarme, cuando regresó de cambiarse venía con un vestidito cortito de color blanco, se sentó y sus muslos quedaron a mi disposición, la diversión preferida de esta noche fue cruzarlos y descruzarlos infinidad de veces, como para que yo desviara mi atención de sus cándidos e inocentes ojos, para que tengan una idea de lo que les hablo, Ana María es sencillamente radiante, en ella hay una extraordinaria armonía entre una cara hermosa y un cuerpo perfecto, mis ojos viajaban de sus labios a los ojos y de ahí a los muslos. Si su intención era torturarme para divertirse, lo consiguió.

¿Ya están en condiciones de saber cómo la conocí?

Después de mucho tiempo me sigue causando la misma impresión del primer día, recién me había mudado para este lugar, cuando apareció en el elevador, pelo negro, ojos pardos penetrantes, esbelta, 1.67 metros aproximadamente, labios gruesos y sensuales. Levantó la vista por un instante y se sonrió... en ese momento entendí que estaba perdido. No sé cómo tuve valor, pero la invité a mi casa pues iba a hacerme una fiesta de bienvenida a mi nuevo lugar y aceptó, preguntándome si podía invitar algunas amigas y convenimos vernos al otro día por la noche, entonces me di a la tarea de llamar a mis amigos, para que me ayudaran con la fiesta (y con las participantes).

Cuando llegaron nuestras invitadas convocamos un consejo de guerra. Cada una recibió el nombre de una ciudad según sus encantos y nos decidimos a tomar las ciudades, ¿a que ustedes no adivinan quien era la principal ciudad?

Pues ni más, ni menos que mi Ana María, fotógrafa de profesión, con un cuerpo y unos ojos dignos de una diosa, rodeada por un áurea encantadora: ella era Kabul. Como segunda ciudad a tomar (la llamamos Kandahar), teníamos a Oxanna, una arquitecta, pelo rizado y rojizo, ojos negros, con cierto aire intelectual y que tenía la particularidad de ser el centro de toda conversación que se desarrollara. Por último, como tercer bastión, a quien bautizamos como Mazar i Sharij; era una historiadora del arte cuyo nombre era Paula Andrea, con unos ojos verdes enigmáticos, que daban la impresión de hechizarte cuando te miraban.

Desgraciadamente en esta primera noche, además de hacer el ridículo, los tomados fuimos nosotros, pues quedamos completamente borrachos, al otro día Ana María vino a mi casa por la tarde, nos pasamos la tarde conversando y confesándonos, la invité a conocer a María Juana y me dijo que le tenía miedo, pero al fin se decidió. Para ser su primera vez le resultó muy agradable, para mí como siempre... es esa sensación de que la línea entre lo prohibido y lo posible se pierde, el organismo reacciona de manera distinta a las cosas triviales, la mente adquiere una velocidad increíble y las ideas te fluyen rápidamente, sin contar el hambre y lo otro... En ese estado conversamos de muchos temas, teníamos muchas cosas en común, el mismo gusto por Silvio, Santiago y otros trovadores, paradigmas de nuestra generación, la literatura y el cine nos apasionaban de la misma manera, ahí fue cuando le dije que intentaba ser escritor y ella me contó como se hizo fotógrafa, entre una cosa y otra la noche nos sorprendió (esa en particular coincidió con que hubo una lluvia de estrellas, un fenómeno raro que no se observa con frecuencia) y subimos a la azotea del edificio. Le leí un poema de un libro que tomamos al azar, de el que recuerdo ahora este fragmento:

“Que hermoso era saber que estabas
ahí como un remanso,
sola conmigo al borde de la noche,
Y que durabas, eras más que el tiempo......”

Fue la noche que la tuve más cerca... de repente me dio un abrazo que demoró más de lo normal y que a mí me hubiese gustado fuera eterno, después huyó corriendo como si tuviera miedo de algo. Desde ese día fue que comenzó mi sufrimiento. Pero no crean que todo fue de repente: primero no podía continuar con lo que estaba escribiendo, después no tenía ninguna idea nueva, y por último no me puedo enfrentar a esta maldita hoja que cada día me deja más solo, esperen un momento voy a buscar el aparato del asma pues me empieza a faltar el aire, creo que voy a tener una crisis, traten de entenderme estoy desesperado, no puedo controlar la situación, si al menos hubiera alguien... pero cuando te hundes en el hueco donde la inspiración se marcha, difícilmente alguien pueda ayudarte, y mucho menos conocer de la aridez de tu mente. >>

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