Consenso
Numero 2 de la revista Numero 4 de la revista
ESPACIO DE REFLEXIÓN Y DEBATE DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA CUBANO
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01. No sé vivir en otra parte
Entrevista con Leonardo Padura
02. Cuba, la reconciliación nacional
Orlando Freire Santana
03. La unión europea, Cuba y la democratización
Dimas Castellanos
04. Con la hoz y el martillo
Oscar Espinosa Chepe
05. ¿Es la ética un eslabón perdido de la civilización postmoderna?
Juan Lázaro Besada Toledo
06. Habana caliente
Fernando Alba
07. Aquellos días en que fuimos libres: Evocación del mensajero
Leonardo Calvo Cárdenas
08. El país que queremos
María Cristina Herrera
09. Kabul
Wilmer G.
10. Discurso patriótico
Julio San Francisco
11. ¿Por qué consenso?
Nota de la redacción
   
   
   
El país que queremos
María Cristina Herrera


Propongo comenzar con este encabezamiento una reflexión colectiva (por remesas escritas) —con nuestros lectores— sobre la Cuba real, que podamos todos edificar en un esfuerzo de conjunto. Que todo cubano que así lo decida pueda sumarse al quehacer urgente, delicado, múltiple, complejo, —difícil y fácil a la vez— de esa Casa Común que albergue a todos. Si va a ser de todos, ha de ser viable y sostenible en todas sus dimensiones de vida y funcionalidad.

Es medular también nutrir la convicción de que todo esto exige fuerzas (físicas, intelectuales, culturales, éticas y espirituales) imbricadas en un proceso. Mi larga experiencia humana y cubana me ha enseñado que todo quehacer en la tierra es proceso. La experiencia de las personas, en cualquier tiempo y lugar, es siempre algo que se mueve, que se va haciendo. Cualquier actividad nuestra (hablar, comer, leer, escribir, cantar, bailar, llorar, reír, rezar...) es movimiento. ¡La vida es gerundio!

Otro punto de partida es conocer, aceptar y fructificar las limitaciones inevitables de toda obra humana: hay que comenzar ¡ya! Sobre la marcha haremos el molde: seamos firmes pero flexibles: adoptemos las propiedades del acero y de la masilla (resistencia + ductilidad = perdurabilidad). Soy asidua de Antonio Machado y les propongo también sintonizarnos con su famoso verso: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar.”

Queremos un país democrático

Más allá de sus diferencias, las democracias que se han ensayado en la historia (desde Pericles hasta hoy) comparten —con gradualidades propias— los elementos siguientes:

a) Participación. Mientras mayor sea la presencia y acción ciudadanas en la vida diversa de la sociedad civil —en sus grupos y asociaciones—, más rica, dinámica y fuerte la vivencia y experiencia democrática en un pueblo. Esta participación, además, tiene que tener un sentido concreto que se manifieste en los procesos de toma de decisiones que dan olor, color y sabor a la vida cotidiana de la gente. Esto no se puede hacer por puro voluntarismo popular o por el dedo autoritario de los que son o se creen dirigentes: todo liderazgo auténtico se entroniza cuando los talentos y virtudes de alguien son reconocidos por otros. Es un proceso desde afuera: autoridad – liderazgo = servicio. Esta fórmula fue inicialmente propuesta por Jesús de Nazareth. Sabemos que la democracia de Pericles fracasa porque solamente el 10 % de los habitantes de Atenas participaban ciudadanamente (con derechos y deberes).
b) Representación. Sobre todo en sociedades con población variopinta (racial, étnica, religiosa, social, política y económica). Todos los sectores en la población de una sociedad que aspire a ser democrática han de sentir que desempeñan algún papel positivo en el entramado social y que, de alguna manera, son parte viva de esa cotidianidad. La marginalidad es un comején social: corroe, en silencio e implacablemente la salud física y mental; ahoga el potencial desconocido que cada persona tiene larvado al nacer y que ha de florecer —a lo largo de la vida— en rejuego único con el entorno y las experiencias que cada quien viva. Si no se toman medidas para combatir la marginalidad se debilita más y más cualquier intento de establecer un proceso hacia una democracia: si hay marginales en una sociedad —en cifras apreciables— sufre grandemente la posibilidad de ambas la participación y la representación ciudadanas.

Quiero terminar este primer aporte “El país que queremos” con dos conceptos—fórmulas que sintetizan, a la par que dibujan, el contenido de este breve texto sobre un posible país demorático:

a. Democracia = Participación + Representación

b. + Marginalidad = – Participación

– Representación = – Democracia


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María Cristina Herrera
Licenciada del Instituto Superior de Arte
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