
| 01. | No sé vivir en otra parte Entrevista con Leonardo Padura |
| 02. | Cuba, la reconciliación nacional Orlando Freire Santana |
| 03. | La unión europea, Cuba y la democratización Dimas Castellanos |
| 04. | Con la hoz y el martillo Oscar Espinosa Chepe |
| 05. | ¿Es la ética un eslabón perdido de la civilización postmoderna? Juan Lázaro Besada Toledo |
| 06. | Habana caliente Fernando Alba |
| 07. | Aquellos días en que fuimos libres: Evocación del mensajero Leonardo Calvo Cárdenas |
| 08. | El país que queremos María Cristina Herrera |
| 09. | Kabul Wilmer G. |
| 10. | Discurso patriótico Julio San Francisco |
| 11. | ¿Por qué consenso? Nota de la redacción |
En contrapartida, la sociedad cubana continúa inmersa en la crisis económica, política y social más profunda de su historia, con una incidencia enorme en la pérdida de valores de la ciudadanía, sin que la prensa oficial se dé por enterada de la catástrofe. Está ocupada únicamente en echar sobre hombros extranjeros las causas del desastre, y buscar defectos en otros países, cuando el nuestro se viene abajo.
En este contexto se obvia el análisis de los problemas raciales también existentes en Cuba, como otros agudizados por la crisis. El asunto es tan grave que hasta los máximos dirigentes del Partido Comunista y el estado se han referido críticamente a este delicado tema, y ni así la prensa oficial ha sido capaz de pronunciarse. Hasta ahí llega su parálisis.
Los negros y mulatos cubanos, con el handicap del pasado de discriminación (por suerte no tan profunda como en otras latitudes), y viejas desigualdades irresueltas en los últimos 46 años, constituyen el sector poblacional con menos familiares en el exterior y, por lo tanto, menores ingresos por concepto de remesas, en un país donde esa ayuda es vital para la inmensa mayoría de los ciudadanos, dado que en la Cuba actual resulta imposible vivir del salario.
En modo alguno debe sorprender que en las atestadas cárceles, llenas del “hombre nuevo”, la abrumadora mayoría de los internados sean negros y mulatos; triste realidad que sustantivamente es consecuencia de la cruel situación por tantos años existente en la sociedad. Este panorama pude apreciarlo durante mi reciente encarcelamiento en la Prisión Provincial de Guantánamo, el Reclusorio de Boniato en Santiago de Cuba y el Combinado del Este de La Habana, lugares donde conviví fundamentalmente con presos comunes.
Si alguna duda cupiera al respecto, invitaría a los periodistas oficialistas a que visitaran las decenas de miles de casas de vecindad (cuarterías y solares) donde cientos de miles de compatriotas coexisten hacinados en condiciones terribles, mayoritariamente mulatos y negros.
Podría preguntarse el motivo por el que la prensa oficial cubana sea tan ciega, sorda y muda ante tales realidades. ¿Es que los periodistas oficiales carecen da la calificación requerida? Evidentemente ese no es el problema. En su inmensa mayoría muestran en sus trabajos, ya sean escritos, radiales o televisivos, un amplio dominio de la profesión. Cuando deciden romper con la simulación y marchar al extranjero, rápidamente obtienen trabajo y se distinguen.
¿Será entonces el exceso de celo ideológico? Tampoco parece ser el caso. En la historia cubana ha habido firmes defensores del credo comunista, reconocidos y respetados por sus adversarios debido a la consecuencia y la objetividad en defensa de sus ideas. Salvador García Agüero y Juan Marinello Vidaurreta son muestras de una larga lista de personalidades de las letras cubanas y hombres de izquierda con los cuales se podrá estar en desacuerdo, pero no desconocer su honradez intelectual.
Quizás algunos tendrán la clave del motivo para tal conducta. Pero pienso que los propios periodistas oficiales, con la ruptura del hechizo podrán explicar en el futuro las razones actuales de su proceder. Sus descargos serán muy importantes para que jamás se repitan estas vergonzosas actitudes que tanto daño han hecho a la prensa nacional. Confiamos en la conciencia de estos cubanos, máxime cuando la Patria con urgencia lo necesita.
De todas formas, las sociedades son sabias y la cubana no es la excepción. Ante la carencia de una prensa libre e independiente, de la nada han surgido dignos informadores que bajo la represión más cruel, sin recursos y aprendiendo sobre la marcha, hacen la labor que a otros les debía corresponder.
El civismo que los acompaña han conducido a muchos de ellos a oscuras mazmorras en condiciones infrahumanas. No obstante, las bajas momentáneas han sido reemplazadas por nuevos sustitutos, dispuestos a padecer por el futuro de la Patria, sin odio ni rencor.