
| 01. | No sé vivir en otra parte Entrevista con Leonardo Padura |
| 02. | Cuba, la reconciliación nacional Orlando Freire Santana |
| 03. | La unión europea, Cuba y la democratización Dimas Castellanos |
| 04. | Con la hoz y el martillo Oscar Espinosa Chepe |
| 05. | ¿Es la ética un eslabón perdido de la civilización postmoderna? Juan Lázaro Besada Toledo |
| 06. | Habana caliente Fernando Alba |
| 07. | Aquellos días en que fuimos libres: Evocación del mensajero Leonardo Calvo Cárdenas |
| 08. | El país que queremos María Cristina Herrera |
| 09. | Kabul Wilmer G. |
| 10. | Discurso patriótico Julio San Francisco |
| 11. | ¿Por qué consenso? Nota de la redacción |
Entre las características emblemáticas de la disciplinada prensa oficial cubana está la constante apología al régimen y, paralelamente, la búsqueda incesante de todo lo que pueda ser criticado en el exterior, sobre todo en la odiada sociedad norteamericana.
El colonialismo prácticamente ha desaparecido; el racismo retrocede; y países que hace sólo 50 años eran pasto de la miseria y el atraso, como Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Malasia y China, entre otros, se han convertido en naciones prósperas con sostenidos crecimientos económicos, en los cuales la pobreza cada día está más acorralada.
Sin embargo, resulta evidente que no vivimos en el mejor de los mundos posibles. Persisten áreas en el planeta con índices inaceptables de menesterosos, analfabetos y enfermos, que pudieran ser curados con una adecuada asistencia; así como la supervivencia tenaz de odios basados en perversos prejuicios políticos, raciales, religiosos y de sexo. Esas situaciones lógicamente deben ser denunciadas por la prensa, pero con objetividad y ética, sin ver la paja en el ojo ajeno mientras está la viga en el propio.
Ejemplo típico de doble rasero puede apreciarse en el artículo titulado Oprah, la excepción y la regla del conocido periodista y crítico cultural Pedro de la Hoz, aparecido en Juventud Rebelde el 25 de junio pasado. En este trabajo, a la vez que se denuncia una reprobable acción, en París, contra Oprah Winfrei, reconocida personalidad norteamericana de la raza negra, se hace una fuerte crítica a la sociedad de Estados Unidos por las relativas peores condiciones de vida de los ciudadanos negros en comparación con los blancos.
De la Hoz se basa en datos estadísticos, no siempre muy confiables, para hacer su análisis como el referente a que “la población afroamericana representa el 17, 2 por ciento del espectro demográfico de la nación”, cuando esa segunda minoría –la primera la constituyen hoy los hispanos- era de 13, 3 por ciento en julio de 2004, según estimados oficiales.
El hecho reflejado en el artículo de negarle la entrada a la señorita Winfrei en una Boutique de la exclusiva firma Hermes, en París, es absolutamente criticable, pero resulta paradójico que a algunas cuadras de donde el crítico cultural publicó su trabajo, existen hoteles para extranjeros, donde bajo ninguna circunstancia permiten el alojamiento de cubanos, ya sean mulatos, blancos o negros. Que conozcamos ni de la Hoz ni ningún otro periodista oficialista ha denunciado esta vergonzosa situación, entre otras, que han convertido a los nacionales en ciudadanos de tercera clase.
La bella Oprah Winfrei es no sólo una multimillonaria con un programa de televisión que desde hace años cautiva a más de 30 millones de sus conciudadanos de todas las razas, sexos y edades, sino que también tiene un público inmenso que la admira en más de cien naciones (por supuesto, los cubanos no tenemos accesos a ella), no precisamente debido a “que subasta emociones y sentimientos” sino por su calidad y profesionalismo, mentís rotundo a las infames teorías racistas.
Su impacto en la sociedad de su país es tan fuerte que muchos especialistas la consideran apta para ser candidata a presidente de los Estados Unidos.
Tampoco puede olvidarse su nobleza y sensibilidad humana, probada en que dedica parte de su fortuna a financiar escuelas para educar niñas en África.
Desafortunadamente poco se conoce en Cuba sobre esta extraordinaria mujer, nacida en un hogar sumamente pobre en el estado de Mississipi, en el profundo sur, rodeada de prejuicios raciales y abusada cuando niña. Desde esas difíciles condiciones supo elevarse y llegar a lo que es hoy.
En Cuba, algunos la recordamos por su excelente actuación en el filme El color púrpura, basado en la novela homónima de la escritora negra Alice Walter, una real intelectual progresista y luchadora por los derechos de sus hermanos.
En Estados Unidos, aunque legalmente han sido rotos todos los obstáculos para una total integración racial, todavía persisten diferencias en los terrenos económico y social entre los anglosajones por una parte, y la minoría negra, hispana y otras. Este tema resulta recurrente en las obras de numerosos intelectuales y en la prensa de nuestro vecino del Norte. Pero es indiscutible que en esa sociedad está presente, sobre todo en los últimos 60 años, un proceso integracionista indetenible.
Recuérdese que en 1947 un negro norteamericano, Jackie Robinson, rompió la “barrera del color” y pudo jugar baseball en las Grandes Ligas. Hoy, las Grandes Ligas están repletas de jugadores de todas las procedencias étnicas.
Por dos mandatos consecutivos, la Secretaría de Estado, una de las posiciones más importantes en cualquier gabinete ministerial del mundo, ha sido ocupada por un ciudadano de raza negra. Seguramente, de la Hoz discrepa ideológicamente de esas personas, pero siendo un periodista culto e informado convendrá conmigo en que están hipercalificados para ocupar el cargo. Ambos, Collin Powel y Condolezza Rice, en distintos momentos han sido mencionados como posibles candidatos de fuerza a la presidencia.
Así mismo, en todas las esferas de la sociedad estadounidense existen ciudadanos negros ocupando lugares destacados. En el deporte, la literatura, las ciencias, las artes (particularmente el cine), los negocios, el activismo social, la prensa, la religión y la política (recordar al poderoso caucus negro en el Congreso) están de forma cada vez más activa los afroamericanos y otras minorías.
Seguro, es una sociedad imperfecta, con variadas contradicciones y momentos de estancamiento, pero que muestra una gran capacidad de reacción, así como un permanente avance hacia el perfeccionamiento de sus mecanismos democráticos y el crecimiento de las oportunidades para todos los ciudadanos. Proceso en el cual la prensa, tampoco carente de deficiencias, ha jugado un papel relevante. >>