Consenso
Numero 2 de la revista Numero 4 de la revista
ESPACIO DE REFLEXIÓN Y DEBATE DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA CUBANO
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01. No sé vivir en otra parte
Entrevista con Leonardo Padura
02. Cuba, la reconciliación nacional
Orlando Freire Santana
03. La unión europea, Cuba y la democratización
Dimas Castellanos
04. Con la hoz y el martillo
Oscar Espinosa Chepe
05. ¿Es la ética un eslabón perdido de la civilización postmoderna?
Juan Lázaro Besada Toledo
06. Habana caliente
Fernando Alba
07. Aquellos días en que fuimos libres: Evocación del mensajero
Leonardo Calvo Cárdenas
08. El país que queremos
María Cristina Herrera
09. Kabul
Wilmer G.
10. Discurso patriótico
Julio San Francisco
11. ¿Por qué consenso?
Nota de la redacción
   
   
   
No sé vivir en otra parte (3)
Entrevista con Leonardo Padura


¿Todas sus novelas han sido editadas y distribuidas en Cuba?

Todas han sido editadas en Cuba y significativamente no se le ha censurado una sola palabra. En cuanto a la distribución, se han vendido en las librerías donde hay que pagar con pesos convertibles y también en las de moneda nacional. Estos ejemplares en moneda nacional, muchas veces no llegan a las librerías de la distribuidora nacional porque como mis libros los publica la editorial de la UNEAC, los venden ellos muy fácilmente y reciben toda la ganancia, por eso hay muchas librerías en Cuba a las que nunca ha entrado físicamente ninguno de mis libros, lo cual ha dificultado el acceso de esas novelas al lector cubano, pero eso según lo entiendo, ha sido únicamente por una razón de carácter económico, no por una razón de carácter político o editorial.

¿Cómo se identifica usted con la definición de un escritor tolerado que camina por un borde que está justamente en la frontera entre lo permitido y lo prohibido?

Yo escribo hasta el límite de lo que yo quiero escribir, porque si doy un paso más caería en un mundo donde la valoración política se impondría por encima de esa visión más bien social que yo quiero dar en mis novelas y no me interesa que las novelas mías se conviertan en un material esencialmente político. Creo que con la experiencia que uno va adquiriendo como escritor y viendo lo que ha ocurrido con otros escritores que han politizado extremadamente sus obras, uno comprende que cuando se produce demasiado acercamiento entre la política y la literatura siempre sale perdiendo la literatura. No me interesa hacer política con mis libros. Las lecturas políticas se las dejo al lector. Yo le presento un cuadro y de ese cuadro el lector puede hacer las inferencias, las conclusiones que desee, dentro de sus experiencias fuera o dentro de Cuba. Eso me ha permitido hacer lo que en definitiva es más importante: escribir una reflexión sobre el presente cubano desde el presente y que esa reflexión circule y sea tema de debate en Cuba. No me interesa escribir una novela en la que yo aparezca como más valiente que nadie, que me meto con todo y que al final ese libro no se publique en Cuba.

Para mí mi primer lector es el cubano, si tengo la suerte de que con ese mismo lenguaje pueda dirigirme a un francés, un suizo o un coreano bienvenido sea, porque además vivo de esos derechos de autor, los que gano en Cuba prácticamente no significan nada para la economía de mi familia porque es muy poco, pero primero que todo necesito la comunicación con el lector cubano.

¿Podría usted poner algunos ejemplos de escritores cubanos, dentro o fuera de la Isla que han caído en un excesivo acercamiento de la política y la literatura?

Preferiría no hacerlo porque algunos son personas a las que quiero mucho como escritores y como individuos, aunque hayan cometido este error literario. Sí te puedo poner un ejemplo positivo y es el caso de Eliseo Alberto que es un escritor de mi generación que radica en México hace quince años y creo que él hizo lo más correcto. Escribió un libro titulado Informe contra mí mismo donde depositó todo el material político y dejó lo demás para la literatura. Es decir no contamino los dos territorios. El principal cambio que hace mi generación en la literatura de los 80 es precisamente sacar la ortodoxia política de la literatura por eso no tiene mucho sentido que volvamos a meterla. Recuerdo que participé en una polémica sobre una novela importante de Jesús Díaz que se llama Las iniciales de la tierra. Escribí una crítica donde digo que me parece que el gran error de la novela es supeditar todos los actos importantes de la vida del personaje protagónico a acontecimientos políticos que ocurren en Cuba. Esa estrecha relación entre vida y política me parece fallida. Luego Jesús Díaz sale de Cuba y siguió escribiendo literatura política, pero con un carácter diferente, porque él no podía evitar estar en la cosa política, el era un animal político con un pensamiento político organizado y concebido. Jesús escribió en Cuba una novela sobre un hombre que quería entrar en el Partido y fuera de Cuba escribió otra contra los militantes del Partido. Eso es lo que yo no quisiera que ocurriera con mis novelas.

Pero a pesar suyo hay quien lo ve de una y otra vertiente política, como un escritor conflictivo o como un escritor complaciente. ¿Que hace frente a eso?

Es muy difícil quedar bien con Dios y con el Diablo. Recientemente me ocurrió algo que fue muy significativo. Publiqué una crónica en el periódico español El País una crónica que se titula Fraternidad que tiene que ver con que los hombres no solamente expresen solidaridad, sino también fraternidad. Creo que la humanidad necesita hoy más que nunca de la fraternidad que es un estadío superior de la solidaridad. Este es un concepto que yo aprendí desde muy niño a través de la masonería. Mi padre es masón, me crié entre masones y la esencia de la masonería es la fraternidad. Resultó que recibí llamadas y felicitaciones de personas colocadas muy a la izquierda aquí en Cuba y felicitaciones de personas colocadas muy a la derecha en Miami, pero un cubano que vive en España me catalogó de farsante porque en mi artículo pido la fraternidad entre cubanos como una necesidad y él dice que eso es imposible. Siempre hay alguien que va más allá y ve en lo que uno escribe otras intenciones. Es muy difícil congeniar las opiniones de los cubanos respecto a lo que ocurre en el país y a la manera en que uno entiende lo que ocurre en el país.

¿Usted considera que ese espacio que usted ha conquistado es una zona exclusiva para gente conocida o acaso ese espacio puede ser usado por otros más jóvenes o menos conocidos?

Hoy hay un espacio mucho mayor que el que existía en los 70 e incluso en los 80. La literatura cubana es hoy completamente distinta a la que existía en esa época. En mi caso he tenido la fortuna de que mis libros han tenido una circulación internacional que no han tenido otros autores. Hasta hace poco éramos una “santa trinidad”: Abilio Estévez, Pedro Juan Gutiérrez y yo, que publicábamos en el extranjero libros que escribíamos en Cuba. Ahora Abilio reside en Barcelona. Todo el mundo sabe que yo tengo opiniones críticas sobre millones de cosas de la realidad cubana, pero también tengo muchas opiniones favorables sobre otras de esa misma realidad. Creo que hay cosas que han ocurrido en estos años que han sido beneficiosas para la sociedad y para el conjunto de la población, pero no dejo de tener opiniones críticas con respecto a otros fenómenos. >>

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