
| 01. | Comentarios
a una resolución Antonio Martínez |
| 02. | Tristes
por el tigre Rogelio Fabio Hurtado |
| 03. | Cultura sin
fronteras Leonardo Calvo Cárdenas |
| 04. | César Leal
a sí mismo César Leal Jiménez |
| 05. | La responsabilidad
de ser libres Raúl Antonio Capote |
| 06. | Una propuesta
electoral Reinaldo Escobar |
| 07. | Bocadito
de croqueta sin pan José Prats Sariol |
| 08. | El linaje
masónico de la enseña nacional Eugenio Leal |
| 09. | ¿Como en
Irak? Cristina lobo |
| 10. | SOS El racismo
que se lleva dentro Manuel Cuesta Morúa |
| 11. | Manifestaciones
del racismo en Cuba: varias caras de un viejo mal T. Avellaneda |
| 12. | La vivienda
en Cuba Rogelio Fabio Hurtado |
| 13. | Respuestas
a Felipe Ifaláde Víctor Omolófaoró |
Una vez más la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que cada año sesiona en Ginebra, ha emitido una Resolución que señala al gobierno de Cuba. En esta ocasión tampoco se trató de una condena, sino de una solicitud a la representante especial para Cuba de la alta Comisionada de Naciones Unidas para los derechos humanos, Christine Chanet, para que evalúe la situación de las garantías individuales en el país. También se pidió a la comisión renovar el mandato de esta funcionaria en esa materia y verificar el cumplimiento de las resoluciones de años previos que condenaban la situación de los derechos humanos en Cuba.
El documento presentado por los Estados Unidos y copatrocinado por la Unión Europea fue aprobado por 21 votos a favor, 17 en contra y 15 abstenciones de los 53 Estados miembros de la CDH. Como cada año la noticia pasó sin pena ni gloria por los titulares de prensa cubanos y como cada año los diplomáticos que integran la delegación de la Isla al evento, calificaron el hecho de “una maniobra del imperialismo destinada a eternizar el criminal bloqueo contra nuestro pueblo”. Una vez más escuchamos la misma batería de argumentos que incluye el doble rasero que los Estados Unidos usa para juzgar los derechos humanos en uno u otro sitio y otros que aluden a la falta de moral de los que patrocinan la resolución. Lamentablemente los miembros de la delegación cubana olvidaron desmentir con pruebas contundentes las aseveraciones relacionadas con la falta de libertad de expresión en Cuba.
Aunque el asedio institucional en el marco de las Naciones Unidas, pudiera frenar los desmanes violatorios de un gobierno, está demostrado que la presión exterior tiene efectos muy limitados allí donde un estado está dispuesto a decretar el autoaislamiento de un país por tiempo indefinido. El jefe de estado cubano declaró públicamente que le importaba un bledo la Comisión de Derechos Humanos. La afirmación, que no fue novedosa para nadie, reafirma la inutilidad práctica de cuanta Resolución, Solicitud o Condena se emita sobre Cuba en ese foro.
Cuando se escucha la versión oficial sobre el estado de los derechos humanos en Cuba podría pensarse que mientras se siga reduciendo la tasa de mortalidad infantil, se continúen enviando médicos a los cuatro puntos cardinales del planeta, no se suspenda la atención a las víctimas del accidente nuclear de Chernobil y prosiga la formación de profesionales de la salud provenientes de los países pobres, el gobierno se sentirá en el derecho de condenar, a los años que sea necesario, a quien se atreva a publicar ideas divergentes de la política del único partido legalmente permitido, o a quien ose organizarse alrededor de ellas.
La conformidad o inconformidad con el disfrute de los derechos de los ciudadanos que vivimos en la isla, con independencia de las nobles acciones humanitarias que el gobierno pone en práctica dentro y fuera del país, sólo podrá ser evaluada correctamente cuando exista dentro de Cuba un debate público y sin restricciones sobre el tema. Las presiones que ejercen los documentos emitidos por la CDH no han propiciado la realización de ese debate interno. La lógica indica que deberían favorecerlo, pero la realidad histórica hasta hoy demuestra lo contrario, lo que no significa que el mundo deba taparse la boca y los ojos durante un tiempo, para no irritar a quienes tendrían que, de buena voluntad, autorizar el diálogo necesario.
Cabe preguntarse hasta dónde los Estados Unidos determina la política interna cubana con la contraproducente táctica de exigir públicamente los cambios que son necesarios. Se sabe que eso provoca una respuesta “desobediente” que solo trae como consecuencia la posposición de cualquier reforma.
Por otra parte, parece evidente que ningún parlamentario de la Asamblea Nacional planteará en un futuro inmediato una iniciativa tendiente a ampliar los derechos relativos a la libertad de expresión o la libertad de asociación, tampoco hay señales de que se vaya a introducir en la Batalla de Ideas un nuevo programa en esa dirección y el asunto no se puede postergar indefinidamente.
De lo que se trata, y es precisamente lo que estamos intentando aquí, ahora, es de hacer llegar dicha iniciativa de una forma civilizada y positiva, no demandamos su aplicación con el filo del machete, ni imploramos de rodillas, sino exigimos la palabra respetuosamente para decir: ésta es nuestra propuesta...