
| 01. | Comentarios
a una resolución Antonio Martínez |
| 02. | Tristes
por el tigre Rogelio Fabio Hurtado |
| 03. | Cultura sin
fronteras Leonardo Calvo Cárdenas |
| 04. | César Leal
a sí mismo César Leal Jiménez |
| 05. | La responsabilidad
de ser libres Raúl Antonio Capote |
| 06. | Una propuesta
electoral Reinaldo Escobar |
| 07. | Bocadito
de croqueta sin pan José Prats Sariol |
| 08. | El linaje
masónico de la enseña nacional Eugenio Leal |
| 09. | ¿Como en
Irak? Cristina lobo |
| 10. | SOS El racismo
que se lleva dentro Manuel Cuesta Morúa |
| 11. | Manifestaciones
del racismo en Cuba: varias caras de un viejo mal T. Avellaneda |
| 12. | La vivienda
en Cuba Rogelio Fabio Hurtado |
| 13. | Respuestas
a Felipe Ifaláde Víctor Omolófaoró |
No es una invitación a la “cobardía”, si es que esta palabra actualmente puede tener algún sentido al interior del trauma de una guerra. Es una invitación a reflexionar sobre lo que allende los mares, en el convulso Oriente Medio está sucediendo. Si no fuera porque esa tragedia se está desarrollando ahora mismo en nuestra aldea global, se podría pensar en una parábola.
Con la excusa de las armas de destrucción masiva y tras un largo bloqueo, Irak fue invadido por los Estados Unidos para democratizarlo y expoliar del gobierno a Saddam Hussein y a su partido Ba’as. Éste regía inflexiblemente sobre todos los iraquíes: encarcelaba a los opositores, “fumigaba” a la población kurda del norte y negaba cualquier espacio al debate político de una sociedad civil independiente y libre de expresar su acuerdo o desacuerdo con las decisiones gubernamentales. Parecía un país quiescente y como a todo volcán, no se le podía prever cuanta lava expulsaría ni los daños que provocaría al activarse violentamente.
Desde hace dos años, cada día se abren los noticieros de muchos países con las acciones de la resistencia iraquí, de los terroristas islamistas y de las tropas de ocupación. Oímos y vemos que muchas veces los atentados son ejecutados por kamikazes y que en las listas de las víctimas de cada acción la mayoría son civiles.
Son estas realidades aberrantes como aberrantes son los eslóganes que exaltan la muerte como alternativa a la soberanía y como medio para democratizar un país. Incitar toda una sociedad a la inmolación es negar cualquier posibilidad de desarrollo pues cada ser humano que se explota es un hilo del tejido social que se rompe. Queda la sociedad parada en un limbo extemporáneo.
Aquel dictador incitaba a los y a las (en los últimos años han sido también mujeres) suicidas en Palestina a hacerse explotar y pagaba a los familiares de los kamikazes por estas acciones. Aprovechaba la miseria económica y el hastío de vivir en campamentos de refugiados para enrolarlos en el ejército de mártires. Quien empuja no se da golpes. ¿Qué responsabilidad asumen los gobernantes si todos los efectos los descargan sobre los gobernados?
Vivo, hoy el ex dictador iraquí está encarcelado, dicen que deprimido como le puede suceder a cualquier prisionero. Mientras el pueblo iraquí trata de ir adelante en ese campo minado en que se ha convertido la antigua Babilonia. Se hace difícil para las y los iraquíes transcurrir una vida normal: trabajar, ir a hacer las compras, llevar a los niños a la escuela, celebrar un festejo religioso, en fin, vivir.
En las recientes elecciones democráticas, se autoexcluyó la mayoría de los candidatos sunnís y esto podría hacer difícil una reconciliación nacional entre chiís, kurdos y sunnís.
En días pasados Condoleeza Rice, secretaria recién estrenada del Departamento de Estado estadounidense, incluyó a Cuba en el conjunto de países a democratizar. ¿Cómo? ¿Como a Irak? El gobierno cubano respondió con que defendería la soberanía. ¿Cómo? ¿Como en Irak?
Algunos piensan que en Cuba nunca pasaría como allá en el Oriente. No lo sé, reconozco que tengo dudas y por esto no pretendo ser la Casandra del momento. Lo que como cubana pienso es que ni el gobierno de los Estados Unidos, ni el gobierno de Cuba tienen la prerrogativa de democratizar o de defender la soberanía de esta isla dejando por al camino los cuerpos exangües de sus ciudadanas y de sus ciudadanos.
Para construir nuestra democracia es necesario que los participantes en la construcción y los destinatarios de ella sean únicos sujetos (no objetos), que en nuestra ciudadanía coexista la dualidad constructora-destinataria.
Las cubanas y los cubanos no estamos saturados de la política. Estamos saturados de las ideologías. Agotados y empobrecidos a causa de esta larga diatriba entre los Montesco y los Capuleto.
Hoy, con los vientos de unilateralismo que soplan, no es oportuno enterrar los proyectos de una Cuba democrática en jardines ajenos y esperar para sacarlos cuando lleguen los “reyes magos”.
Ningún “rey mago” puede traernos este regalo a las cubanas y a los cubanos. Como ningún autoproclamado rey David puede pretender defender nuestra soberanía proponiéndonos como alternativa a ésta la condición de dejar de SER. Seguir siendo, seguir existiendo como mujeres y hombres, para construirnos una sociedad donde democracia y soberanía formen parte de nuestra realidad, es nuestro derecho. Pero cada derecho se conquista y nada de lo que en el futuro tendremos nos llegará por decreto divino. Todos los derechos de los que gocemos serán el fruto de nuestro pacífico pero arduo trabajo, de nuestra capacidad de entrelazar un tejido social éticamente sano, de cuidar lo que hasta hoy de bueno hemos construido, y de cambiar lo que creamos, por retrogrado, deba ser cambiado.
Nuestro futuro lo estamos construyendo ya desde hoy con nuestra responsabilidad y empeño ciudadanos, con la cultura cívica que seamos capaces de cultivar, con nuestra capacidad de debate franco entre todas las cubanas y todos los cubanos (sin excluir a nadie), con nuestra capacidad de negociar y no de sacarnos a relucir “los esqueletos que tenemos guardados en los escaparates”, con nuestra capacidad de respetar a quien es diferente y de exigir respeto sin ofender, con nuestra capacidad de tolerar las decisiones de vida individuales de nuestros conciudadanos y de nuestras conciudadanas.
En nuestro Nuevo País debemos estar vivos todos, cubanas y cubanos, y a cualquiera que nos proponga la muerte como efecto colateral o como alternativa le decimos que no. ¡Qué No!