
| 01. | Comentarios
a una resolución Antonio Martínez |
| 02. | Tristes
por el tigre Rogelio Fabio Hurtado |
| 03. | Cultura sin
fronteras Leonardo Calvo Cárdenas |
| 04. | César Leal
a sí mismo César Leal Jiménez |
| 05. | La responsabilidad
de ser libres Raúl Antonio Capote |
| 06. | Una propuesta
electoral Reinaldo Escobar |
| 07. | Bocadito
de croqueta sin pan José Prats Sariol |
| 08. | El linaje
masónico de la enseña nacional Eugenio Leal |
| 09. | ¿Como en
Irak? Cristina lobo |
| 10. | SOS El racismo
que se lleva dentro Manuel Cuesta Morúa |
| 11. | Manifestaciones
del racismo en Cuba: varias caras de un viejo mal T. Avellaneda |
| 12. | La vivienda
en Cuba Rogelio Fabio Hurtado |
| 13. | Respuestas
a Felipe Ifaláde Víctor Omolófaoró |
Más de 8 millones de electores cubanos eligieron recientemente a más de 15 mil delegados de circunscripción en la última edición de las elecciones.* Habrá que esperar dos años para que se repita la experiencia, por eso queda tiempo para hacer algunas sugerencias que modifiquen nuestro sistema electoral.
Una antigua sentencia, expresa la idea que uno debe contar con suficiente fuerza para cambiar aquello que se puede cambiar, pero también deberá tener paciencia para aceptar lo que no está sujeto a cambios. Concluye la sentencia (que no estoy citando textualmente), advirtiendo que se necesitará sabiduría para distinguir en cuales casos habrá que ponerse a gastar las energías o a ejercitar la paciencia.
En la pretensión de introducir de forma pacífica algún cambio en el sistema electoral cubano, la sabiduría hay que usarla justamente en seleccionar aquellos aspectos sobre los que no pesa una prohibición de modificación. En ese empeño valdría la pena emplear todas nuestras fuerzas. Lo que por ley o por principio político no se pueda suplir, tendrá que esperar a que las transformaciones introducidas le abran el camino del cambio. Habrá que tener paciencia.
Aceptaré entonces que las propuestas a candidatos se sigan haciendo con el sistema de mano alzada; también aceptaré que no sean los partidos (este sustantivo en plural implicaría la existencia de más de un partido legalizado), quienes propongan a los candidatos, que no haya programas políticos ni campañas electorales, que los CDR convoquen a las asambleas de nominación, que se hagan públicos los listados de electores, que durante 30 días se expongan las fotos y biografías de los candidatos y que el día de las elecciones sean los pioneros quienes custodien las urnas. Nada de eso sugiero modificar ahora.
Mi propuesta de cambio sería hacer algo para que los electores conozcan cómo piensan sus candidatos. Eso todavía no está prohibido. Que no les baste con enterarse de los imprescindibles datos biográficos, donde siempre se incluye la escolaridad, la trayectoria laboral, el estado civil y los méritos acumulados, sino que sepan cuál posición tiene la persona que los va a representar en la Asamblea Municipal y probablemente en la Provincial o en la Nacional: porque ese delegado es quien va a participar por ellos en los debates y a levantar la mano, en las votaciones donde se someterán a consideración los asuntos más importantes. ¿O acaso no es esa la función de un parlamentario?
Desestimar esta propuesta sólo lo imagino en el caso de que se crea que todos pensamos igual sobre todas las cosas, o en el caso que se suponga que los parlamentarios van a aprobar siempre todo lo que se les consulte. También se puede desechar porque parezca insuficiente, pero quienes piensen así, probablemente sean los que quieren cambiarlo todo, preferiblemente en unos días. Esos son los impacientes.
Debo aclarar que no estoy proponiendo que cada candidato a delegado redacte un programa para enfrentarlo al programa de los otros, sino que los miles de candidatos, que se presentan a elecciones llenen un formulario con un número determinado de cuestiones ante las cuales deberán asumir una posición clara de satisfacción, modificación o inconformidad. El formulario llenado acompañaría la biografía y la foto en los murales públicos.
El carácter de las cuestiones en dicho formulario podría ser elaborado en las propias asambleas de nominación y su inclusión ser votada a mano alzada de forma transparente por los electores de la circunscripción. Digamos que para no complicar los trámites los asuntos pudieran tener un número limitado, los cuales pudieran dividirse en locales, nacionales y hasta internacionales.
Temas como la traída y llevada calidad del pan, la recogida de basura, la reparación de calles, la instalación de teléfonos, las áreas de recreación para niños y jóvenes, los servicios de la comunidad, serían ejemplos de carácter local. En la temática nacional la gente propondría tal vez asuntos como el precio de las mercancías en los diferentes mercados, el transporte público urbano intermunicipal e interprovincial, los salarios, la construcción de viviendas, y muchos otros. En el plano internacional estaría sin duda la forma en que se enfrenta el bloqueo norteamericano, la iniciativa del ALBA, las relaciones con el resto del mundo, etc. El candidato se pronunciaría con el simple procedimiento de marcar con una crucecita expresando si él está satisfecho, si cree que necesita algunas mejoras o si está totalmente inconforme con el estado de cada uno de esos aspectos en los diferentes niveles, local, nacional e internacional. En el caso de las elecciones a la Asamblea Nacional, donde una Comisión de Candidaturas propone directamente al 50 % de los candidatos, sería dicha Comisión quien redactaría los temas del formulario, inspirándose tal vez en el consenso de los asuntos propuestos desde la base.
Entonces no sólo sabríamos por quién, sino también por qué vamos a votar.
Uno de los resultados colaterales de esta iniciativa sería que, desde las primeras veces que esto se haga, el estado podría obtener un macrolistado de los problemas que más interesan al pueblo y conocer la posición, ante esos problemas, de los delegados que lo representan. Con el tiempo la gente iría afinando la puntería y, quizás lo más importante, mejoraría notablemente la participación de los electores en el gobierno.
¿Qué riesgo político podría tener la aplicación de una propuesta como ésta?
Quizás en alguna que otra circunscripción, de las más de 15 mil que tiene el país en la actualidad, o de las 20 mil que tenga en el futuro, podría ocurrir que alguien proponga que los candidatos se pronuncien sobre temas más conflictivos, como los derechos migratorios, la libertad de expresión, la discriminación racial, la libertad de asociación, el derecho a ser propietario de pequeñas empresas, la aceptación social de la homosexualidad, o cosas menos generales como el controvertido tema de la enseñanza preuniversitaria en las Escuelas en el Campo, los elevados impuestos que pagan los cuentapropistas, la legalización de sectas religiosas, el acceso libre a Internet, o incluso otras modificaciones al sistema electoral. Claro que esos son los conflictos que a mí se me ocurren, solo para citar ejemplos en este artículo, quizás haya gente más creativa, o más conflictiva. >>
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Según cifras oficiales 8,178,708 electores eligieron a 15,112 delegados en un total de
37,280 Colegios Electorales. Con anterioridad habían sido nominados comocandidatos
a estas elecciones un total de 32,634 ciudadanos en 41,606 asambleas.