Consenso
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ESPACIO DE REFLEXIÓN Y DEBATE DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA CUBANO
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01. Comentarios a una resolución
Antonio Martínez
02. Tristes por el tigre
Rogelio Fabio Hurtado
03. Cultura sin fronteras
Leonardo Calvo Cárdenas
04. César Leal a sí mismo
César Leal Jiménez
05. La responsabilidad de ser libres
Raúl Antonio Capote
06. Una propuesta electoral
Reinaldo Escobar
07. Bocadito de croqueta sin pan
José Prats Sariol
08. El linaje masónico de la enseña nacional
Eugenio Leal
09. ¿Como en Irak?
Cristina lobo
10. SOS El racismo que se lleva dentro
Manuel Cuesta Morúa
11. Manifestaciones del racismo en Cuba: varias caras de un viejo mal
T. Avellaneda
12. La vivienda en Cuba
Rogelio Fabio Hurtado
13. Respuestas a Felipe Ifaláde
Víctor Omolófaoró
   
   
   
César Leal a sí mismo
César Leal Jiménez



Los amigos de la revista digital Consenso me han solicitado que trate de explicar los motivos y causas que aportan sentido a mi obra actual, junto a la descripción de temas y contenidos que ella coge; lo cual se me hace extraordinariamente difícil, dada la proverbial dificultad que tiene el hombre de conocerse a sí mismo y hacia donde se dirigen sus pasos. No obstante intentaré referirme a dicha obra vinculándola a las experiencias artísticas y extraartísticas que han provocado mi resistencia a quedarme detenido en una fórmula pictórica hedonista que los críticos y funcionarios de la cultura puedan reconocer y etiquetar como mi estilo. Ya he aseverado en varias ocasiones que -como diría Picasso, y salvando las distancias- : “Mi estilo es no tener estilo; sólo los muertos tienen estilo”. Así reafirmo mi conocimiento de causa sobre este asunto. La vida del ser vivo y humano, por compleja y a veces errática, compele al genuino artista a no dejarse vencer por la tentación de ser inmortalizado por sus semejantes, gracias a la práctica de decir lo que todos quieren escuchar.

La propia génesis del artista lo condena a tratar de ser libre -o comportarse como tal- a la hora de exponer sus criterios sobre las numerosas y misteriosas formas en que se manifiesta la vida y la muerte, acerca de los políticos y las consecuencias de sus actos políticos, los semejantes más queridos y los más odiados, y acerca de un sinnúmero de motivaciones, para un pintor, incluso técnicas: ¿por qué no? Todas no cabrían “en el marco de esta actividad”.

Por todo lo anterior, desplegaré un abanico de puntos de vista en mis juicios críticos acerca de algunos momentos de la cultura cubana que me ha tocado vivir, ¡a veces muy a pesar mío! Espero que los siguientes párrafos expliquen, quizás por omisión, lo que mis cuadros intentan comunicar; en ocasiones a través de un lenguaje directo y otras indirectamente, pero siempre con la mayor sinceridad... ¡permisible!; y aunque una buena dosis de cinismo, sarcasmo o ironía afloren y estremezcan algunos de mis comentarios, estarán ustedes debido a ello, en la libertad de malinterpretarlos.

El resultado de mi actual producción artística, quiéralo yo o no, es la decantación de múltiples experiencias vitales, conceptuales y técnicas que han estado -¿cómo si no?- animadas por impulsos inspirativos y racionales en franca concordancia, y asociados siempre al interés de expresar opiniones acerca de la sociedad cubana, los tautológicos mensajes políticos emanados del poder gobernante, la ecología y la dependencia del hombre a la naturaleza –no al revés- la religión cristiana y la fe en un Dios llamado Yahvé o Jehová, y otras temáticas afines, a través de imágenes visuales que puedan alcanzar un adecuado grado de comunicación con los supuestos -y predispuestos- receptores, de facto degustadores de las artes plásticas.

Esta actitud mía, con relación a mi aplicado esfuerzo comunicativo ha sido muchas veces extrañamente interpretada por los funcionarios de la cultura, quienes al parecer están firmemente convencidos de que pueden “orientar” a sus artistas seleccionados, o desestimular con la desatención a quienes se atrevan a cuestionar los supuestos valores estéticos, morales y políticos impuestos. En ocasiones he sido catalogado como un “clásico”, “costumbrista”, “hiperrealista”, o como el único exponente de la temática deportiva de las artes plásticas cubanas. Basados en este último aspecto, me han “congelado” en el tiempo y el espacio-edificio de Arte Cubano, Museo Nacional, como si yo mismo y mi obra no hubiéramos evolucionado hacia una madurez cualitativamente superior, aunque probablemente menos complaciente que las anteriores etapas; y es que en Cuba, la mayoría de los críticos de arte asalariados, pretendidos ensayistas y teóricos a ultranza han ignorado las peculiaridades de las anteriores generaciones de artistas y sólo han aspirado a imponer sus limitados criterios personales, apoyándose en un pequeño grupo de artistas iconoclastas que se avienen a su ideal de “vanguardia artística” con méritos para ser reconocida prematuramente, e integrado generalmente por jóvenes egresados de las escuelas de artes plásticas, deseosos de rápida fama y fortuna, y sin una extensa y destacada trayectoria ni experiencia dentro del terreno de la creación; y quienes -salvo raras excepciones- son sólo epígonos de movimientos foráneos que sí son productos del particular desarrollo material-tecnológico que ha influido en una percepción cualitativa y específicamente diferente a la nuestra sobre la función del arte y los artistas en esos países; sin hablar de los mecanismos que convierten al mercado del arte en una industria complicada y de difícil acceso, siempre dispuesta al lanzamiento de nuevos mitos comerciales que sean rentables... ¡en realidad, muchos de nosotros quisiéramos entrar un poco en ese mercado y que nos mitifiquen un poco también!

Nuestra crítica de arte continúa siendo impresionista y seudoliteraria, apegada a la reafirmación de los íconos nacionales y extranjeros ya existentes -por oportunismo o falso autoconvencimiento-, y al “amiguismo”, uno de los ismos más extendidos, y que crea una interdependencia en la suerte de ambos. >>

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