
| 01. | Comentarios
a una resolución Antonio Martínez |
| 02. | Tristes
por el tigre Rogelio Fabio Hurtado |
| 03. | Cultura sin
fronteras Leonardo Calvo Cárdenas |
| 04. | César Leal
a sí mismo César Leal Jiménez |
| 05. | La responsabilidad
de ser libres Raúl Antonio Capote |
| 06. | Una propuesta
electoral Reinaldo Escobar |
| 07. | Bocadito
de croqueta sin pan José Prats Sariol |
| 08. | El linaje
masónico de la enseña nacional Eugenio Leal |
| 09. | ¿Como en
Irak? Cristina lobo |
| 10. | SOS El racismo
que se lleva dentro Manuel Cuesta Morúa |
| 11. | Manifestaciones
del racismo en Cuba: varias caras de un viejo mal T. Avellaneda |
| 12. | La vivienda
en Cuba Rogelio Fabio Hurtado |
| 13. | Respuestas
a Felipe Ifaláde Víctor Omolófaoró |
La muerte de Guillermo Cabrera Infante en un hospital de Londres debido a una septicemia fulminante, guarda una asombrosa simetría con la de su progenitora Zoila Infante, ocurrida en La Habana en 1965, por la misma causa. Con 75 años cumplidos, deja una numerosa y original obra literaria, en su mayor parte desconocida para sus compatriotas residentes en la Isla.
Hijo de una familia consagrada a la causa del proletariado mundial desde los tiempos de Stalin, la temprana amistad con el díscolo Carlos Franqui y otros noveles artistas no menos inquietos, condujo a Guillermito lejos de la sana ortodoxia. La inclinación literaria brotó en él abonada por la devoción cultural de Zoila y el talento del padre, un purista del idioma que fue por muchos años corrector principal del Diario Granma. Su vínculo con el periodista y escritor asturiano Antonio Ortega, jefe de redacción de la revista Carteles propició que se convirtiese, a los veintitantos años, en el más agudo y copiado crítico de cine del país con un pseudónimo asombrosamente bíblico: Caín. Como tal dio su primer viaje a los Estados Unidos, convidado por el millonario Michael Todd al pantagruélico estreno de “La Vuelta al Mundo en 80 Días”. El libro que años después publicaría “Un Oficio del Siglo XX” puede todavía disfrutarse y algunos afirman que, con la complicidad del tiempo, muchas de sus reseñas perduran más allá de la finitud del celuloide. Ya en el prólogo de esa antología de sí mismo hace su aparición el divertido y deslumbrante prosista que rubricaría los Tres Tristes Tigres.
Su primer libro, Así en la Paz como en la Guerra, también publicado por Ediciones R, es una obra de aprendizaje, donde cada relato recorre cumplidamente toda la gama de técnicas literarias de entonces. El elemento más novedoso son las viñetas intercaladas, que recrean con precisión los instantes mortales de varios jóvenes revolucionarios asesinados por las fuerzas policiales de Batista, quienes habían sido amigos del escritor, uno de los pocos intelectuales que permaneció en Cuba y participó en la lucha insurreccional.
Estos méritos, su capacidad y su nunca desmentida amistad con Franqui, pusieron en sus manos la dirección del semanario Lunes de Revolución, suplemento literario del Periódico Revolución dirigido por su amigo. Lunes no ha sido superado por ninguna otra publicación literaria cubana posterior, y su colección es un tesoro sólo comparable al de la Revista Orígenes, aunque algunos de los miembros de este grupo llegaron incluso a considerarse perseguidos por Guillermo (para ampliar acerca de esta prematura paranoia véase la noveleta “De Peña Pobre”de Cintio Vitier).
Sin embargo, estos privilegios no podían durar, y paradójicamente fueron periclitando a medida que la para él familiar hoz y el martillo suplantaba en las tribunas a la bandera rojinegra. Desplazado también por el camarada Alfredo Guevara de la presidencia del naciente ICAIC, Cabrera Infante marchó a Europa como diplomático de la Revolución, ganó el premio literario más importante de la literatura hispano-americana de entonces con su fabulosa Tres Tristes Tigres, un libro nocturno y luminoso, el menos convencional de los que integrarían el llamado Boom, más que una novela en el sentido clásico, es el homenaje de un consumado estilista a una ciudad encantada.
Despojado del cargo diplomático al parecer arbitrariamente, recibió un permiso para radicarse en Europa por su cuenta, y allí permaneció algún tiempo sin pronunciarse políticamente.
Alrededor de 1968, concedió una larga entrevista a una publicación literaria sudamericana y rompió públicamente hostilidades con el régimen socialista de Fidel Castro, dando inicio a una interminable guerra verbal, cada vez menos replicada públicamente por los nuevos literatos revolucionarios.
Pese a esto, su presencia en el ambiente literario de Cuba nunca mermó. Personas como su primera esposa y madre de sus dos hijas, Marta Calvo, su amiga Olga Andreu y el comunista Héctor Pedreira fueron sus fieles corresponsales en La Habana. Los escasísimos ejemplares de sus libros que lograban “romper el bloqueo” eran aprovechados al máximo. Su huella se detecta en autores tan dispares como Jesús Díaz y Zoe Valdés. Según Antón Arrufat, en algún momento de la década del noventa los funcionarios del Instituto del Libro iniciaron gestiones para editar sus 3TT, que fueron desestimuladas por Cabrera Infante.
Ahora el hermético silencio de los medios oficiales cubanos parece darle razón al encono invariable del escritor, quien políticamente se definió a sí mismo como “un reaccionario de izquierda”. Más allá de adjetivos banales, cada vez que un cubano abra la jaula de sus felinos será, en tiempo de show, el dichoso descubridor de la más maravillosa de todas las Habanas posibles. Que haya recobrado su Arcadia para siempre y ande de silvestre bachata verbal con Bustrófedon, Arsenio Cué, Kódac, Rine y Virgilio por el Malecón del Cielo.