
| 01. | Comentarios
a una resolución Antonio Martínez |
| 02. | Tristes
por el tigre Rogelio Fabio Hurtado |
| 03. | Cultura sin
fronteras Leonardo Calvo Cárdenas |
| 04. | César Leal
a sí mismo César Leal Jiménez |
| 05. | La responsabilidad
de ser libres Raúl Antonio Capote |
| 06. | Una propuesta
electoral Reinaldo Escobar |
| 07. | Bocadito
de croqueta sin pan José Prats Sariol |
| 08. | El linaje
masónico de la enseña nacional Eugenio Leal |
| 09. | ¿Como en
Irak? Cristina lobo |
| 10. | SOS El racismo
que se lleva dentro Manuel Cuesta Morúa |
| 11. | Manifestaciones
del racismo en Cuba: varias caras de un viejo mal T. Avellaneda |
| 12. | La vivienda
en Cuba Rogelio Fabio Hurtado |
| 13. | Respuestas
a Felipe Ifaláde Víctor Omolófaoró |
Otra anomalía asociada con esta forma de monopolio estatal ha sido la práctica desembozada del clientelismo político. Puesto que los organismos centrales siempre han dispuesto de un número de viviendas “asignadas” para alojar a su personal, el otorgamiento de estas viviendas han constituido un privilegio de las administraciones, con facultades omnímodas para estas reparticiones, no sujetas al parecer a ningún tipo de control por parte de la sociedad. Los organismos más potestados para esto han sido el MINFAR y el MININT. Este fondo de viviendas se ha nutrido de los proyectos constructivos y de las casas dejadas por quienes se han marchado definitivamente del país.
Ha sido también potestad y responsabilidad exclusiva del Estado el mantenimiento constructivo de las edificaciones. Aunque a partir de la creación de los órganos del Poder Popular en 1976, surgieron las empresas municipales y provinciales con estas funciones, sus recursos nunca estuvieron a la altura de las necesidades, tampoco ha existido ninguna vía para que los particulares adquieran sus materiales para proceder a las reparaciones por su cuenta. Aunque la bolsa negra siempre ha estado dispuesta a “resolver”, el número de derrumbes presente en la Capital es prueba elocuente de esta insuficiencia.
Perspectivas
Estas cuatro décadas sin inversión privada en el sector de la vivienda han acumulado un déficit innegable en la construcción de las mismas. Aún concediéndole al Estado la probidad y las intenciones más puras, el resultado objetivo de su monopolio está a la vista. La solidaridad social, cuando son bienes disponibles no alcanzan es extremadamente vulnerable a los defectos antiquísimos de la condición humana.
El Esfuerzo constructivo sostenido que requiere la demanda insatisfecha de vivienda no será posible sin la participación interesada de los inversionistas. Esto impone la negociación entre ellos y el Estado, cuyo predominio absoluto tendrá por fuerza que sacrificarse, como ya lo hace por propia voluntad en otros campos de la economía nacional. En el sector turístico, por ejemplo, el Estado acepta sin sonrojarse la colaboración con los inversionistas, no por extranjeros menos capitalistas.
Sería acaso pedir demasiado que los intereses económicos particulares y las virtudes de la solidaridad social llegasen a un equilibrio dinámico. Para ello es preciso encontrar coincidencias entre unos y otros y ninguna más natural que la de compartir la nacionalidad. Claro que esto no basta. Las virtudes sociales tienen que medirse por raseros más exigentes. No puede bastar con aplaudir y agitar banderitas masiva y anónimamente. Hay que participar y ejercer plenos derechos ciudadanos. El equilibrio al que me refiero no puede resultar de un pacto firmado en una reunión secreta. Tampoco promete nada mejor el trato con los señores de la bolsa negra, como parece haber ocurrido en algunos países del otrora bloque socialista. Lo que a mi modo de ver descalifica a estos negociantes no es el éxito relativo, sino el haberlo logrado a expensas de la necesidad de sus compatriotas, por quienes no parecen sentir ninguna solidaridad.
No podemos autonombrarnos fiscales de nuestros compatriotas, sean estos “luchadores” o sean funcionarios. Es imprescindible que desechemos las actitudes propias de un proceso judicial, a favor de un enfoque más abierto y también de mayor alcance. Sentirnos acusados o acusadores bloquea y achica mucho el alcance de nuestra reflexión. En todo caso nuestra meditación no pretende aniquilar a nadie sino beneficiarnos todos.Lo indudablemente cierto es que los jóvenes cubanos dispuestos a contraer matrimonio no disponen legalmente de ninguna opción para fundar su propio hogar. El hecho de que esta carencia permanezca invariable para la inmensa mayoría de ellos, no la hace menos inaceptable. Por su importancia para la calidad de la vida real de los ciudadanos, este tema merece ser atendido.
También en este campo se hace sentir la carencia de información real a la sociedad, que facilite el control por parte de ésta de la gestión administrativa, sus proyecciones y perspectivas. La prensa se limita a proclamar las realizaciones en líneas generales, de manera puramente descriptiva, sin agregarle comentario valorativo, ni otro elemento que le permita al ciudadano sustentar un criterio propio respecto a nada. Este tratamiento se hace extensivo a toda la actividad pública, incluidos los deportes. Es aparentemente idóneo para los burócratas, a quienes el secretismo como norma los faculta para hacer y deshacer a capricho. No obstante, priva al Estado de la participación de los ciudadanos, a quienes deja en la pasividad irresponsable, como gente de categoría inferior. Mientras tanto, el tiempo transcurre y las necesidades materiales se hacen más perentorias. Al parecer, cada provincia requerirá del azote de algunos ciclones para que la burocracia se despierte y logre entonces los éxitos sin precedentes en las recuperaciones. Ojalá así no sea.