
| 01. | Comentarios
a una resolución Antonio Martínez |
| 02. | Tristes
por el tigre Rogelio Fabio Hurtado |
| 03. | Cultura sin
fronteras Leonardo Calvo Cárdenas |
| 04. | César Leal
a sí mismo César Leal Jiménez |
| 05. | La responsabilidad
de ser libres Raúl Antonio Capote |
| 06. | Una propuesta
electoral Reinaldo Escobar |
| 07. | Bocadito
de croqueta sin pan José Prats Sariol |
| 08. | El linaje
masónico de la enseña nacional Eugenio Leal |
| 09. | ¿Como en
Irak? Cristina lobo |
| 10. | SOS El racismo
que se lleva dentro Manuel Cuesta Morúa |
| 11. | Manifestaciones
del racismo en Cuba: varias caras de un viejo mal T. Avellaneda |
| 12. | La vivienda
en Cuba Rogelio Fabio Hurtado |
| 13. | Respuestas
a Felipe Ifaláde Víctor Omolófaoró |
Frente a este fracaso protesta el prestigioso y bien prestigiado Monseñor de Céspedes. Vive el mestizaje como un pesar, lleva el África dentro, siente un profundo malestar por las consecuencias de esta mezcla endemoniada y se le ocurre nada más y nada menos que el retorno a una invención y pretensión arcaicas que nada tiene que ver con Cuba: la reconstrucción moral de la nación a partir de una matriz hispánica. No importa que la satisfacción del despropósito implique desconocer que en la formación de las identidades el número y la presencia pueden ser tan engañosas como las metáforas florales: Cuba tiene tanta influencia indígena como estadounidense, a pesar de que sus poblaciones entre nosotros sean tan débiles.
¿Cómo lograr aquel propósito? En un intelectual, la primera operación es con las ideas y con la cultura. Pues retomando el camino de lo que yo llamaría una especie de racismo lombrosano. Conocido es que Cesare Lombroso era un reputado antropólogo y criminalista italiano a quien se le ocurrió la teoría de que había una relación entre el crimen y los tipos de seres humanos. Y que yo conozca, este es el primero texto que se atreve dentro de la Isla a establecer una relación entre lo que se define como primitivismo irracional y la marginalización social y penal que sufren los negros en Cuba; también, entre los componentes menos felices de nuestras maneras de ser y su pluriforme injerto africano. Honestidad y coraje tanto personal como intelectual que reconozco y agradezco.
Pero, asunto serio: la criminalización y desmoralización intelectual de un fragmento básico de nuestra identidad es el primer paso para la legitimación futura de un proyecto de nación racista, que ya está en marcha en algunas capitales y en muchas ciudades, incluyendo La Habana, y para la convalidación de la discriminación penal y policíaca que hoy sufre el negro en Cuba.
Y, asunto grave: en un país donde sus mayorías, según datos del Banco Interamericano de Desarrollo, están constituidas por lo que mal denominan afrolatinos, semejante retorno intelectual a la matriz puede resultar peligrosa.
Cuba es plural: plural es su identidad, plural es su matriz y plural es su imaginación. Lo que nos hace cubanos y lo que estuvo en las bases de nuestra posibilidad como nación fue la combinación virtuosa y defectuosa de nuestro diverso origen. A decir verdad, el molde de las culturas y las naciones, en lo que tienen de particular, tiene más que ver con la mentalidad, el comportamiento y la convivencia que con lo que pretenden ser. Es bueno pretender algo. Nuestra virtud estará en no pretender que la arrogancia de la conquista y la evangelización forja naciones. Los negros son también matriz de Cuba, aunque hayan entrado por la puerta trasera del país.
Admito, como muchos en Cuba, que estamos muy mal como nación precisamente porque ciertas élites dicen que estamos muy bien. Una muestra de que a ellas, muy irresponsables, les gusta perseverar en el error cuando se trata del país que dominan y en el que viven.
Creo que debemos luchar por una Cuba mejor; de hecho muchos lo hacemos. Pero no se logrará jamás con el despliegue de un racismo menor proveniente de una matriz que ha sido también vista con desprecio por otros racismos mayores. La integración, que no es el mestizaje, sólo exige el respeto por los otros, con los que no se comparten determinadas visiones del mundo ni sacrificios de cabras, gallinas y gallos.
Por suerte, conozco muchos católicos cubanos, dentro y fuera de Cuba, dentro y fuera de la élite, que comparten una visión más positiva, rica y sutil sobre los injertos y distribuyen las cargas terribles y defectuosas del país entre todas las razas. ¡Que del diablo son también los hispano-cubanos, aunque solo ingieran vino y hostia!
Cuba, la que llevo dentro es, negativamente, un S.O.S. por la integración nacional desde el único ángulo que creo puede ser: un laicismo republicano que dé espacio a todas las visiones del mundo, de dios o de los dioses y a todas las razas por igual, y que separe efectivamente al Estado del modelo cultural que heredamos y que tantas fragmentaciones ha provocado en la nación.
Una cosa me parece clara después de leer esa conferencia: el fracaso de nuestro proyecto nacional se explica por las pretensiones hegemónicas de la antigua hispanidad nacional-católica que sobrevivió en Cuba con la fundación de la república, y tuvo una no tan extraña continuidad en el comunismo cubano desde la segunda mitad del siglo XX hasta hoy. En estos momentos, ambos parecen unirse en algún punto a través del pacto tácito de reanimar el proyecto nacional volviendo a los orígenes. No es rara en tal sentido la pugna simbólica entre todas las élites, las que piensan, por controlar la interpretación reanimada del pasado. Por eso mismo reproducen, con o sin intenciones, su lógica racista.
El reto está en que negros, blancos y mestizos definamos, desde nuestras diferencias y desde nuestra común matriz cubana, una modernización laica de Cuba desconectados de los dos grandes relatos de nuestro fracaso cultural y político: el antiguo catolicismo y el comunismo en todas sus edades y versiones.