Consenso
Numero 1 de la revista Numero 3 de la revista
ESPACIO DE REFLEXIÓN Y DEBATE DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA CUBANO
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01. Comentarios a una resolución
Antonio Martínez
02. Tristes por el tigre
Rogelio Fabio Hurtado
03. Cultura sin fronteras
Leonardo Calvo Cárdenas
04. César Leal a sí mismo
César Leal Jiménez
05. La responsabilidad de ser libres
Raúl Antonio Capote
06. Una propuesta electoral
Reinaldo Escobar
07. Bocadito de croqueta sin pan
José Prats Sariol
08. El linaje masónico de la enseña nacional
Eugenio Leal
09. ¿Como en Irak?
Cristina lobo
10. SOS El racismo que se lleva dentro
Manuel Cuesta Morúa
11. Manifestaciones del racismo en Cuba: varias caras de un viejo mal
T. Avellaneda
12. La vivienda en Cuba
Rogelio Fabio Hurtado
13. Respuestas a Felipe Ifaláde
Víctor Omolófaoró
   
   
   
>S.O.S. El Racismo que se lleva dentro (2)
Manuel Cuesta Morúa



Es muy probable que la pluriformidad sea más demostrable en los españoles que poblaron la Isla que en los propios africanos. Hablar de matriz hispana no se puede hacer ni siquiera en España. Lo hispano tiene como sustrato una variedad tan rica e influida por lo morisco es decir, por lo africano, que proyectarlo así sin más como tronco de otra nacionalidad equivale al intento, puramente intelectual, de fundar una Utopía desde otra Utopía que se fue haciendo desde la reconquista, la contrarreforma y la conquista de América misma. Si en los siglos XV, XVI, XVII y XVIII la hispanidad se está estructurando como un proyecto desde arriba, ¿cómo es posible que lo que no es aún sea la matriz de otra nacionalidad que asimila otros componentes? Hispania es un topónimo, un nombre dado a la península por los romanos de la antigüedad, que se extiende sobre una diversidad cultural unificándola en el proceso sin destruirla.

Esta unificación de la diversidad peninsular en lo hispano es lo que la distingue de lo pluriforme africano, pero la identidad de las culturas de conquista tiene menos que ver con los procesos unificadores y más con sus interacciones específicas. Lo hispano en Cuba se reduce a esto: el idioma, el catolicismo, el barroco y la escolástica, el derecho, la administración (la política), y el ejercicio permanente de la intolerancia y la violencia, más la disidencia intelectual inaugurada por el Fraile Bartolomé de las Casas. Todo ello tendrá efectos poderosos sobre la nacionalidad, sin duda alguna, pero sin la fuerza hegemónica que se exige para ser matriz única de nuestra identidad. A sus efectos es más propio hablar —con toda la riqueza de esta variedad— de gallegos, asturianos, vascos, andaluces, canarios, catalanes, etc. y de africanos en las diferentes etnias que fueron traídas a Cuba; esto para referirnos a las matrices más relevantes. Concepto este de matriz, por cierto, que no capta el fundamento básico de identidad en las culturas forjadas por conquista.

Pero cuando se habla de pluriforme injerto africano, no sabemos qué define lo africano. Mientras la matriz es descrita en sus influencias, no se sabe en definitivas cómo influye el injerto. Luz y sombra como técnica retórica que oscurece —¿más?— lo que se vive como problema y conflicto al mismo tiempo. Ni siquiera se hace mención a los artefactos de la cultura; pero se pierden de vista, fundamentalmente, tres dimensiones básicas de cualquier identidad: la mentalidad, el comportamiento y el estilo de convivencia. Las tres son básicas porque determinan el repertorio de respuestas de una cultura ante las circunstancias: por eso los franceses, los italianos, los españoles y los cubanos somos diferentes independientemente de nuestra común matriz latina.

¿Qué conceptos antropológicos se están manejando en el texto? Matriz, tronco, identidad nacional, armazón, injerto, evolución, mestizaje, primitivismo irracional son los más recurrentes y modelan el artículo, su concepción y conclusiones relevantes. Dentro de ellos, los de matriz, armazón, tronco e injerto son los más fuertes, digamos que los conceptos más productivos.

Pues bien, ninguna antropología seria utiliza o combina estos conceptos para captar, analizar y describir la identidad de una cultura. Por una doble razón: no son conceptos fluidos ni interactivos. Está claro que si usted coge un tronco de mata de naranja y le injerta un trozo de limón obtendrá un fruto estático de naranja-limón, donde de seguro predominarán la forma y el zumo de la naranja con un ligero sabor amargo. Nada más. La función del limón aquí es casi la del aliño en las suculentas y bien preparadas comidas. Y si la identidad cubana describe esta operación, simplemente no existe. Estaríamos coexistiendo en la Isla hispanos, africanos y algunos fragmentos más tratando de convivir dentro de una armazón que se resiste a ser rearmada. Quiero hacer ver de este modo, y por extensión, que el uso metafórico de los conceptos es harto peligroso.

Armazón: el concepto-llave que abre las puertas a la estructura cultural de Cuba, la que llevo dentro.

En efecto, armar es el modus operandi de las clases directoras en la invención de Cuba. Tantos las élites pragmáticas como las románticas trataron de inventar Cuba y lo lograron. En términos políticos no podía ser de otro modo. Lo que ellas no pudieron inventar ni podrán hacerlo jamás es la cadena nacionalidad-identidad-cultura. Sin embargo el problema fue, y siempre ha sido, que se propusieron también inventar esa cadena y nunca han dado en el clavo. Pero han sido obstinadas. Una obstinación que tiene el sello del viejo catolicismo y que proyecta la identidad y mentalidad católicas de la época como la estructura dentro de la que debe ser armada la identidad nacional. Y debo aclarar que identidad y mentalidad católicas no se refieren a los mismos sujetos; a veces incluso comprende a sujetos que han sido enemigos, o se autoperciben como tales, aunque compartan el mismo encuadre mental.

Por eso en un sentido Cuba, la que llevo dentro tiene razón: la identidad de las élites motrices en Cuba, su alma, siempre ha sido hispana en el sentido originario expandido a América con la conquista: blanca, católica —por identidad o mentalidad—, machista, intolerante y racista y sin la flexibilidad de la otra élite, la Wasp, (por sus siglas en inglés y traducible como Blanco, Anglosajón y Protestante) que dominó y modeló los Estados Unidos.

Estas élites que dominan toda la historia de Cuba, desde la etapa colonial cuando éramos mera provincia de España hasta la actualidad cuando estamos amenazados en nuestra continuidad como nación política, han concebido una Cuba así:

En términos políticos:

Como una república de ciudadanos de primera línea por tanto cultos, católicos e instruidos, propietarios y conectados a dos dinámicas culturales de avanzada: Europa —vía España algunos, otros al margen de ella— y los Estados Unidos. Después de 1959 sólo habría que sustituir, nominalmente, católico por comunista y, realmente, propietarios por proletarios. Efectuado el cambio, la lógica sigue siendo la misma. La velocidad y el referente que exige este proyecto de República, que todavía no cuaja ni cuajará por su falta de comprensión de las bases culturales de la nacionalidad e identidad cubanas, no asimila bien al negro. >>
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