
| 01. | Comentarios
a una resolución Antonio Martínez |
| 02. | Tristes
por el tigre Rogelio Fabio Hurtado |
| 03. | Cultura sin
fronteras Leonardo Calvo Cárdenas |
| 04. | César Leal
a sí mismo César Leal Jiménez |
| 05. | La responsabilidad
de ser libres Raúl Antonio Capote |
| 06. | Una propuesta
electoral Reinaldo Escobar |
| 07. | Bocadito
de croqueta sin pan José Prats Sariol |
| 08. | El linaje
masónico de la enseña nacional Eugenio Leal |
| 09. | ¿Como en
Irak? Cristina lobo |
| 10. | SOS El racismo
que se lleva dentro Manuel Cuesta Morúa |
| 11. | Manifestaciones
del racismo en Cuba: varias caras de un viejo mal T. Avellaneda |
| 12. | La vivienda
en Cuba Rogelio Fabio Hurtado |
| 13. | Respuestas
a Felipe Ifaláde Víctor Omolófaoró |
Leo y releo la conferencia Cuba, la que llevo dentro, presentada por Monseñor Carlos Manuel de Céspedes el 25 de noviembre de 2004 en el Aula Fray Bartolomé de las Casas del Convento San Juan de Letrán, uno de los lugares más respetables de La Habana, y estoy francamente alarmado. Alarmado, después de apagada la extrañeza y sublevación que me produjo su primera lectura.
Como no pude acudir en la ocasión, cosa que hago con frecuencia, a las presentaciones que se hacen periódicamente en dicha Aula, sólo tuve noticias de esta conferencia por el No. 137, enero 2005, de Palabra Nueva, la vox autoritas del catolicismo habanero. De modo que mi tardía sublevación y mi alarma tienen que ver más con la velocidad en la comunicación de las ideas que con mi rapidez o lentitud mental.
Comenté esta conferencia con amigos y amigas, entre ellos algunos de los animadores de Consenso, la revista digital de los progresistas cubanos, y me invitaron a hacer una réplica de y con rigor para uno de los próximos números de esa revista digital. Trato hecho. Sin embargo, el asunto me parece de una gravedad tal que, con ésta, adelanto a los medios y a algunos círculos una versión de mi réplica. Creo que la connotación cultural y política del asunto lo exigen. Cuando aparezca en Consenso lo será en una versión mejor perfilada.
¿Qué es lo que se lleva dentro? La psicología y el psicoanálisis, la historia de las mentalidades y los talk shows son los grandes develadores modernos de lo que guardamos dentro, a veces como un tesoro. El desarrollo de estas ciencias y técnicas en la época moderna nos ha hecho más libres y mejores en la medida en que nos libera de nuestros recovecos y escondites internos. Las culturas de psicología y mentalidad menos enrevesadas son aquellas en las que lo que se lleva dentro está casi todo el tiempo disponible fuera. No siempre esto es posible, pero es claro que el clima mental de esas culturas es envidiable.
La nuestra no es exactamente una de esas culturas. Lo que se lleva dentro no siempre se sabe, no siempre coincide con lo que tratamos de demostrar fuera y en muchas ocasiones lo logramos enmascarar con algunas de las actitudes que los sicólogos recogen bajo el nombre de proyección: la denuncia de nuestros defectos a través de los otros, o la altisonante y rotunda afirmación de que poseemos lo que precisamente carecemos. De modo que en Cuba, y esto es un dato científico, es difícil saber qué pasa en realidad por la mente profunda de los cubanos. Tres efectos poderosos tiene este hecho: la represión constante de los sentimientos, la constante y rápida reproducción de los prejuicios y el descubrimiento sorpresivo de nuevos rasgos en la personalidad de los otros.
En Cuba, la que llevo dentro, esto brota tras las sutilezas de un texto muy bien escrito por una persona admirable. Y aunque aparezca en primera persona, me interesa menos quien lo escribe que la corriente intelectual y de opinión que podría reflejar. Me importa, y mucho, los aplausos que habrá cosechado al ritmo de su lectura. Si Cuba, la que llevo dentro es una constelación individual de ideas, descansaría mejor aun cuando mi réplica fuera interpretada como un ataque personal, que no lo es. Tras ello querría pensar que en este punto el discurso de Monseñor de Céspedes constituye una reminiscencia del viejo catolicismo, ya caduco y anquilosado, en un hombre de muchas vastedades. No obstante, en este y en todos los casos, parafraseando a los retóricos, prefiero dialogar con la mayor.
La estructura del artículo de Monseñor de Céspedes es simple: un despliegue seductor de erudición a la entrada que acomoda al lector en una empatía con lo vernáculo: la simetría entre nuestra naturaleza y nuestro carácter recuerda a Domingo Faustino Sarmiento, el argentino, el presidente y autor de Facundo, un libro clásico, quien conectaba clima y carácter cuando se trataba de describir la exaltación y volubilidad de los pobladores de la Pampa. Probablemente nuestras formas de ser tengan tan poco que ver con el comportamiento de nuestra naturaleza como nuestras ambiciones egocéntricas y mesiánicas con la densidad y dimensiones geográficas de la Isla. Es, empero, atractivo para la imaginación saber que el caimito y la yagruma (dos especies de nuestra naturaleza floral) guardan estrecha relación con nuestros humores y veleidades de temperamento. Cuba no es por gusto y para mi agrado un país de poetas, pero desde luego esta relación no es científicamente demostrable en el caso de los cubanos. El tiempo para que naturaleza e individuo se confundan se mide por milenios, siempre y cuando la tecnología no se interponga. Visto así, los cubanos no podemos exhibir en este punto la riqueza de los Aztecas de México o los Topekas de las Dakotas en Estados Unidos. Me temo que la metáfora floral es tan poderosa como engañosa.
Y de la naturaleza a la cultura. El asunto aquí se complica en dos rutas: por un lado, la lógica interna del texto se monta tras la siguiente falacia: pos hoc, ergo, propter hoc, (por esto, a consecuencia de esto) que traducido al castellano viene a significar algo así como que: aquellas aguas, trajeron estos lodos. Cuando usted consuma el texto debe haber aprendido que la baja moralidad de nosotros los cubanos está vinculada a algunas prácticas provenientes del entorno cultural africano —el motivo subyacente de la conferencia— que por mal tratamiento y contagio, por acercamiento insuficiente o deficiencias en las élites directoras amenazan la solidez de nuestra identidad nacional al debilitar su matriz.
¿Cuál es esa matriz? Segunda ruta complicada. Nuestra matriz es indiscutiblemente hispana, se dice en el artículo. Lo cual es cierto a condición de que podamos afirmar que nuestra matriz es también indiscutiblemente africana. ¿Y sobre qué bases se pretende demostrar aquella afirmación? Escasa población aborigen; población sustancialmente española, con su consiguiente armazón cultural y su fe religiosa moldeada en el cristianismo católico peculiar de la península ibérica; el idioma español, claro está, y el Renacimiento más el Siglo de las Luces transportados por la marina española lo que es, desde luego, otra discusión.
A esta matriz se adhiere el pluriforme injerto africano. Fijemos la desproporción y la manipulación en la técnica retórica. Matriz hispana es un concepto conciso, cerrado, compacto, mayestático y unitario. Parece de verdad tronco. Pluriforme injerto africano, por el contrario, es más laxo, abierto, indefinido e inasible. De verdad parece algo que sólo se puede embutir para matizar. >>