
| 01. | Un periodista sin mandato Entrevista con Raúl Rivero |
| 02. | En busca de la reconciliación Rogelio Fabio Hurtado |
| 03. | Derechos humanos: una pincelada general en perspectiva Rosa M. Rodríguez |
| 04. | Ser mujer en Cuba T. Avellaneda |
| 05. | La necesaria abolición de la pena de muerte en Cuba Siro del Castillo |
| 06. | ¿La efímera violencia? Lino B. Fernández |
| 07. | Nota para la revista Consenso Rafael León Rodríguez |
| 08. | Nuevo País Dimas Castellanos |
| 09. | Consenso progresista Manuel Cuesta Morúa |
| 10. | Diglosia cubana José Prats Sariol |
A primera vista parece simple. Puede afirmarse que en Cuba, las transformaciones sociales ocurridas a raíz de 1959 y en las primeras décadas que le sucedieron, favorecieron particularmente a la mujer. La creación de los Círculos Infantiles y la apertura masiva de puestos de trabajo destinados a las mujeres estimularon la inserción de ésta en el vértice de una nueva sociedad que apelaba a sus mejores valores, así como al desarrollo de sus potencialidades, a la altura misma de las del hombre.
Históricamente preterida y discriminada, tradicionalmente marginada, la mujer descubría así las posibilidades reales de alcanzar la tan anhelada igualdad de género en los caminos que abría ante ella la Revolución Cubana. Más aún, en 1960 se creaba una institución destinada -al menos esa era la intención declarada- a representar a la mujer cubana y a salvaguardar sus intereses y logros: la flamante Federación de Mujeres Cubanas. Todo este panorama podría llevar a la ingenua suposición de que Cuba es el paraíso soñado por las mujeres. ¿De qué preocuparse, si la Revolución garantiza la igualdad total de derechos de la mujer con respecto al hombre?, ¿Acaso podemos olvidar que la maternidad es un privilegio en que tenemos la garantía no solo de la asistencia médica durante y después del embarazo sino, además, de leyes laborales que nos aseguran una licencia de nada menos que un año para que cada madre trabajadora se dedique exclusivamente al cuidado de su hijo pequeño? Esto, por solo citar los ejemplos más importantes y también más esgrimidos por el régimen entronizado en el poder por casi 46 años, para recordar a la mujer cuánto le debe al gobierno.
Sin embargo, el cuadro real es más complejo. Por cuestiones de espacio, voy a referirme solo a algunos elementos que responden al espectro político del asunto. Está claro que tales “privilegios” no son dádivas: son derechos elementales que deben asistir a la mujer en la sociedad contemporánea, sin que por ello las mujeres contraigan un compromiso político con gobierno alguno, ni sujeten sus inquietudes y aspiraciones de tener una Cuba mejor -libre, independiente y verdaderamente democrática- en virtud de una supuesta fidelidad o gratitud a un régimen que las hace rehenes de conciencia y ejerce un intolerable chantaje en que se pone en juego incluso el destino de sus hijos. La historia de la nación cubana demuestra que la mujer ganó el derecho a una vida social activa y plena a lo largo de todo el secular proceso de formación y solidificación de la nación y, por tanto, su ejercicio no es un regalo de ningún gobierno. Las mujeres de la Cuba de hoy ven limitados sus derechos incluso a la opinión política diferente de la que promueve el discurso oficial, porque sienten amenazado el porvenir de sus hijos y esposos, porque temen la represalia sobre su familia. En este sentido puede decirse que nada ha cambiado para la mujer cubana en los últimos 150 años. Más aún, hoy las madres cubanas sufren la tremenda presión de sentir la amenaza de guerra (siempre en nombre de la Patria) pesando sobre sus hijos, muchos de los cuales han sido inmolados en suelos extranjeros defendiendo posturas políticas ajenas a los intereses patrios. Otra amenaza, no menos terrible, es la que supone la aventura de cruzar el Estrecho de la Florida en embarcaciones absurdas, a la que se lanzan centenares de hijos cubanos cada año y que se ha mantenido durante décadas, al amparo del doble juego macabro de los gobiernos de Cuba y de los Estados Unidos solo interesados en la utilidad política que pueden extraer de ello.
Ahora bien: ¿Qué institución garantiza a la mujer cubana el derecho a elegir su propio destino y el de sus hijos menores?¿Puede una única organización de mujeres, como la FMC, que responde a los intereses de un partido político con estructura y mentalidad eminentemente machista, ser capaz de definir su propio papel y representar nuestros intereses de género? ¿Qué función social cumple en realidad la FMC? En realidad funciona como polea de tansmisión de un régimen cerrado que no admite la pluralidad en ningún ámbito de la sociedad cubana actual. De manera que, cualesquiera sean las respuestas que dimanen de aquellas interrogantes, es evidente la necesidad de que existan otras organizaciones femeninas que respondan a sus propios intereses, independientemente de la naturaleza oficialista que caracteriza la única organización de mujeres existente en Cuba.
En los últimos tiempos la posición de la mujer cubana ha sufrido un retroceso. Los duros años de la crisis económica recrudecida en los años 90, eufemísticamente conocida como Período Especial, demostró cuán frágiles pueden resultar los avances sociales femeninos pregonados a viva voz desde la oficialidad: el retorno del viejo espectro de la prostitución (hasta entonces deprimida y relativamente controlada) con un nuevo rostro, bajo el rótulo de jineterismo; el abandono masivo de los puestos de trabajo para buscar soluciones económicas alternativas más viables y en consonancia con las nuevas y difíciles condiciones económicas y -sobre todo- el estatismo político permearon el cuadro social de las mujeres en Cuba, cuestión que no parece haberse superado hasta hoy. Y en definitiva, en este mundo contemporáneo, signado por las guerras, por el incremento de la pobreza y de la marginalidad, pero en que también se elevan posiciones firmes en defensa de las democracias y de la paz, cabe preguntarnos ¿qué clase de nación queremos las mujeres cubanas?, ¿en qué sociedad queremos que crezcan nuestros hijos?, ¿acaso el totalitarismo y la beligerancia harán de ellos mejores hombres? Pero, sobre todo ¿qué estamos haciendo las mujeres por la consecución de esa Cuba mejor?