Consenso
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ESPACIO DE REFLEXIÓN Y DEBATE DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA CUBANO
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01. Un periodista sin mandato
Entrevista con Raúl Rivero
02. En busca de la reconciliación
Rogelio Fabio Hurtado
03. Derechos humanos: una pincelada general en perspectiva
Rosa M. Rodríguez
04. Ser mujer en Cuba
T. Avellaneda
05. La necesaria abolición de la pena de muerte en Cuba
Siro del Castillo
06. ¿La efímera violencia?
Lino B. Fernández
07. Nota para la revista Consenso
Rafael León Rodríguez
08. Nuevo País
Dimas Castellanos
09. Consenso progresista
Manuel Cuesta Morúa
10. Diglosia cubana
José Prats Sariol
   
   
   
Diglosia cubana
José Prats Sariol


La palabrita alude a un especial tipo de bilingüismo, “en especial cuando una de las lenguas goza de prestigio o privilegios sociales o políticos superiores” -según la Academia la diglosia cubana actual es, sin embargo, más que bífida-. Un amigo me decía que ya no debemos usar la expresión “doble moral”, porque padecíamos tantas que mejor era hablar de ninguna. Dentro y fuera de nuestro sufrido archipiélago experimentamos el fenómeno, que se remonta -como dijera Ángel Rama- a la ciudad letrada, pero que en la situación actual de los cubanos adquiere un matiz muy curioso.

El sagaz ensayista uruguayo distinguió dos lenguas simultáneas:

“Una fue la pública y de aparato, que resultó fuertemente impregnada por la norma cortesana procedente de la península, la cual fue extremada sin tasa cristalizando en formas expresivas barrocas de sin igual duración temporal. Sirvió para la oratoria religiosa, las ceremonias civiles, las relaciones protocolares de los miembros de la ciudad letrada y fundamentalmente para la escritura, ya que sólo esta lengua pública llegaba al registro escrito. La otra fue la popular y cotidiana utilizada por los hispanos y lusohablantes en su vida privada y en sus relaciones sociales dentro del mismo estrato bajo (...) y de la que sólo sabemos gracias a las diatribas de los letrados”.

La primera asociación es obvia: hay un lenguaje oficial y otro real. El asunto, sin embargo, es más complejo. La expresión “Amo a Cuba” -por ejemplo- no dice lo mismo en boca de un filotiránico que aún cree en las bondades de lo que hace décadas fuera la revolución, que dicha por un disidente encarcelado o jugándose una pateadura por las recién reactivadas Brigadas de Respuesta Rápida. Tampoco en labios de un exiliado de la primera oleada que en los de un exitoso balsero que acaba de burlar a los guardacostas yanquis.

Nuestra diglosia también puede invertir la expresión, decir: “Odio a Cuba”, que pronunciada tras esperar dos horas y media a un fantasmal Camello y caminar una hora hasta llegar a la casa, puede significar un momento de crisis. O que comentada desde un perdido pueblo de New Jersey por un exiliado que lleva treinta y siete años armando lamparitas en una factory, puede aludir a la añoranza de su antigua casa en Miramar. O dicha por un gerente que comprueba cuánto le han robado sus necesitados empleados de la empresa mixta, frente a la misma maldición en los gruesos labios de un negro que sabe cómo ahora nueve de cada diez remesas son para los blancos, porque esa es la proporción entre los dos millones de transterrados.

Menos simple de lo que parece... Aunque el retrato costumbrista deje evidencias imborrables, buenas para que la desmemoria histórica no nos haga trucos feos después de la transición, como estas tres estampas:

Diglosias -o de una especie cercana- también experimentan algunos mensajes de organizaciones del exilio y del insilio cuando oscilan entre una inquebrantable, granítica declaración de principios y las concesiones que blandamente hacen a la dictadura y sus secuaces de otras latitudes. Dios y el Diablo pastan en la soleada superficie de expresiones duales: “La patria es de todos” (¿También de los que defienden el totalitarismo?); “El amor todo lo puede” (¿Podrá acabar con los que odian cualquier persona o idea diferentes?); “Espíritu ecuménico” (¿Se refiere a los sicarios del Ministerio del Interior?); “Borrón y cuenta nueva” (¿Cuándo la ha habido en la historia de la humanidad?)...

Hipocresías segmentadas, compartimentos estancos, la nueva ciudad letrada del tercer milenio, dentro de la cual nos insertaremos muy pronto, también ejerce su diglosia, a la que los cubanos no podremos sustraernos.>>

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